
Un día antes de entrevistar a José Carlos Ruiz (1992, Murcia), su cuenta @edificioscatalogados cumplía tres años. Esta página de Instagram dedicada a divulgar la singularidad arquitectónica de Murcia está cerca de alcanzar los 3 mil seguidores. En su cuenta se encuentran las rutas que ha programado, la historia de la ciudad contada con Playmobil y la recopilación de las obras de lo que llama ‘la Murcia Desaparecida’. A través de su cuenta, el arquitecto pone a prueba a sus seguidores con diversos test sobre los edificios históricos de la ciudad y sus calles.
He podido hacer tu test semanal sobre curiosidades de Murcia antes de comenzar la entrevista... Creo que he suspendido.
(Risas) Soy un profe un poco cabroncete, la verdad.
¿Tus seguidores suelen sacar buenas puntuaciones?
Tengo por suerte un gran número de seguidores bastante “friki” del tema, por llamarlo de alguna forma. Aunque no lo parezca hay mucha gente aquí en Murcia que está muy interesada en el patrimonio y controla bastante. De todas formas, yo siempre lo digo que yo mismo no aprobaría muchos de mis tests. También hay mucha gente que solo contesta a las que se saben, así que claro, el cómputo general seguramente no sea representativo. Aun así, siempre hay una o dos preguntas en las que todo el mundo se equivoca, pero porque yo me esmero en hacerlas un poco con “mala leche”. Pero es un poco lo que le da la gracia, ¿no? Si fueran fáciles, apaga y vámonos.
¿Entonces podría decirse que has alcanzado un nicho dentro de esta temática?
Sí, me siguen muchos historiadores del arte, muchos arquitectos, mucha gente interesada en Murcia, no solo por su arquitectura, sino por su cultura en general. Personas relacionadas con el mundo de las cofradías y la huerta. Porque al final yo estoy centrado en la arquitectura lógicamente porque es mi profesión, pero mi interés se expande no solo al patrimonio material, también al inmaterial. Hablo de cosas como la historia, la etnografía. Está todo relacionado, la arquitectura está hecha para el ser humano. Una edificación habla del momento y del sitio. Por eso creo que Edificios Catalogados cubre esa parcela o, por lo menos, esa es mi intención.
Coincide eso con lo que dijiste en tu charla de Murcia Inspira, sobre la importancia de mantener la toponimia original. ¿El nombre de los sitios es casi tan importante como el edificio en sí?
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Claro, y dada la enorme destrucción de patrimonio que hay en Murcia, una de las poquitas cosas con las que podemos hacer memoria es con la toponimia, que evita que caigan en el olvido. Los nombres de las calles son más importantes de lo que pensamos, no están ahí al azar. Están hablando de un lugar que había ahí, un personaje importante etc… están hablando de la historia de la ciudad. Me da pena que en ocasiones hayamos caído en cambiarle el nombre a las calles así porque sí. Que seguramente haya personajes ilustres que se merezcan una placa, pero para eso hay nuevas calles creo yo. El ejemplo más claro que se me ocurre es la calle de la Acequia, que actualmente se llama la calle de Acisclo Díaz. Éste fue un músico muy importante y seguramente se merezca su calle, pero no deja de parecerme triste que una calle tan importante como la que es el paso de la acequia por la ciudad ya no se llame así. Aparte de que la gente no ve la acequia porque está soterrada, tampoco se lo puede imaginar porque no tiene ya ni la memoria.
Según lo poco que he leído de Ricardo Montes y tu charla de la Murcia Desaparecida, la imagen de la ciudad es un qué pudo ser constante. Podría haber sido una pintoresca ciudad barroca y, sin embargo, ahora es una amalgama rara de estilos.
Pues… sí. Murcia podría ser una ciudad monumental. Creo que Murcia sigue guardando una magia bastante chula, con una personalidad muy marcada. Desde mi punto de vista sigue siendo una ciudad interesante, pero desde luego no una ciudad monumental. Y la gran pena es que hubo un tiempo en que lo fue.
Piensa que antes de las desamortizaciones del siglo XIX, que fue como digamos el primer “golpe” que sufrió el patrimonio murciano, teníamos 18 conventos y más de cien palacios, que se dice pronto para una ciudad de un tamaño medio en la época de la que hablamos. Los conventos no solo albergan patrimonio inmueble (el edificio en sí), sino lo que tienen dentro: muebles, cuadros, escultura y un largo etcétera. Por no hablar de los palacios, que representaban el poder de la nobleza y las grandes familias de Murcia.
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De esos golpes como tú los has llamado, están las desamortizaciones, la violencia anticlerical de la Guerra Civil y el desarrollismo durante Franco. Pese a que pusiste esta última como la más dañina, ¿se podría decir que hubo destrucción por muchos lados y actores políticos por igual?
Desde luego la guerra es una guerra. Es destructiva en todos los sentidos, es un momento de barbarie general donde se saca lo peor de todos. No se le puede buscar razón. A Murcia le pasó que cayó en zona republicana.
Ahora, con el desarrollismo de Franco sí que me parece la etapa más dolorosa, primero porque era la más cercana. En los años 60 ya había una plena conciencia de la importancia del patrimonio. Es decir, que si se destruyó fue a conciencia de lo que se estaba perdiendo. No sé si la podría calificar como la peor etapa, aunque sí diría que me parece la más ruin. El único interés era la especulación. A diferencia de las otras dos épocas, que eran momentos políticos peliagudos, el desarrollo de los años 60 no era más que eso: una explosión económica que podría haber sido perfectamente compatible con mantener el patrimonio.
¿Y crees que actualmente en Murcia hay suficiente conciencia e instituciones para prevenir otra situación como esa?
Pues mira, creo que hay una parte importante y que se ha desarrollado poco a poco conciencia de todo lo que se ha hecho mal o al menos estamos en proceso.
Hay también una mejora en comparación con otra cosa que se me ha olvidado decir de los años 60, que es el silencio que existía en torno a eso. Cuando tú destruyes un patrimonio y no hay una reacción del pueblo o de la opinión pública, es peor incluso, ya que no deja huella. Por ejemplo, si hoy derribaran algo estoy seguro de que, si no todo el público, al menos ciertos colectivos y la prensa se harían eco y sería un escándalo. Se me ocurre ahora lo que sucedió con la casa Zapata.
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Por ese lado, hemos avanzado bastante. Ahora bien, el patrimonio no es fácil de gestionar. Yo entiendo que en la calle se pueda tener la percepción de que no se cuida el patrimonio, pero hay que tener en cuenta que eso es responsabilidad de todos, no solo de las administraciones. Si la gente no cuida el patrimonio (sobre todo refiriéndome a los propietarios), no va a cambiar nada.
¿De qué forma podríamos responsabilizarnos del patrimonio?
Te pongo un ejemplo. Nosotros tenemos muy arraigada la cultura gastronómica. Todos estamos muy orgullosos de ella, de nuestros paparajotes y también tenemos muy interiorizada lo que viene a ser todo el folklore: los huertanos, la vestimenta tradicional, la música…
Pues si ese mismo sentimiento, esa misma conciencia que tenemos, se aplicara al resto de cosas, seguramente se valoraría mucho más. Yo sé que es complicado, porque es como el pez que se muerde la cola. Nos hemos cargado tanto patrimonio, que quizá para la mayoría de murcianos la conciencia general es que ya no queda nada. Precisamente Edificios Catalogados busca eso, mostrar que sí quedan cosas, que no todo está perdido, que todavía hay patrimonio que conocer y cuidar.
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Claro, buscas combatir la clásica expresión 'en Murcia no hay ná'.
Efectivamente, esa es la percepción que tienen muchos. ¿Cuántas veces no hemos oído eso en boca de un murciano? A mí que alguien de Madrid piense que en Murcia no hay nada pues me da igual, pero que un murciano lo diga, me parece grave. Pero lo que te digo, es consecuencia de lo mal que se han hecho las cosas aquí.









