
La música se escribe para expresar el mundo interior del artista y, una vez que ya está fuera nos pertenece a todos. Chopin compuso música íntima que nos acerca a su mundo interno y que nos conecta con nuestro propio interior. Los sonidos van de lo íntimo a lo íntimo. ¿Qué ocurre con la música del S.XXI? ¿Sigue siendo así?
Frédéric Chopin fue el compositor del piano romántico por excelencia. Exploró un estilo intrínsecamente poético, sutil e íntimo que, siendo brillante, no buscaba la brillantez en sí misma, sino la expresión de un secreto íntimo. Nació en Polonia en 1810 y murió en París en 1849 de tuberculosis, enfermedad por la que pasó un tiempo en Mallorca. Creció en una familia con tradición musical y empezó a tocar el piano desde bien pequeño. Prácticamente todas sus composiciones son para el instrumento más romántico, el piano, por lo que es llamado “el poeta del piano”. Su música no fue creada para ser escuchada en una sala de conciertos, sino en el recogimiento de un salón o en la soledad del intérprete frente a su instrumento. Era y es música íntima. No es como Beethoven que proclama su música al mundo entero, Chopin se dirige a ti y solo a ti.
A través de las nuevas tecnologías y con el acceso que tenemos a las redes sociales, la música del S.XXI expone y exhibe lo externo. Salvo excepciones, que siempre las hay, la música actual es un producto rápido, fácil y efímero que busca gratificación inmediata. Para profundizar en esta idea debemos primeramente distinguir entre exhibir y extimidar. Con la exhibición se pretende fascinar al otro, de quien espera un feedback inmediato para satisfacer el ego, mientras que extimidar significa poner fuera lo que estaba dentro con la finalidad de expandir el ser. El término “extimidad” fue acuñado por el psicoanalista francés Jacques Lacan. Para Lacan la extimidad no es el antónimo de intimidad, sino lo que se construye sobre ella. Lo éxtimo es aquello que está más cerca del interior pero sin dejar de encontrarse en el exterior, o lo que es lo mismo, es lo más interno de lo externo. Volviendo a la música, una composición sería un mensaje íntimo del autor que al ponerlo fuera se convierte en un éxtimo. Es un éxtimo porque aunque son sonidos íntimos, al mostrarlos al exterior, son éxtimos. Sin embargo, la música de hoy en día no es éxtima sino externa. No habla de lo interno, no trasmite la esencia, el verdadero ser del compositor, sino que es un producto de marketing confeccionado para ser vendido rápidamente. El punto de partida no es el ser queriendo expresarse sino el exterior queriendo consumir.
¿Hacia dónde camina la música del S. XXI? Hacia donde camine la sociedad. La música, como toda expresión artística, es un reflejo del contexto en el que habita. Tras la pandemia probablemente habrá música de evasión sin conexión alguna con el sentir, música que busque la inhibición de lo emocional y la catarsis para liberar las tensiones acumuladas, y al mismo tiempo, imagino que se creará música intimista conectada con la reflexión de lo vivido y con la esperanza de construir entre todos un mundo más consciente.
Un abrazo sonoro

