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NOVELA GRÁFICA

Ana Penyas: "Soy una de las consecuencias de que algo está cambiando en el mundo del cómic"

La ganadora del Premio Nacional del Cómic Ana Penyas presenta su nueva novela gráfica: 'Todo bajo el sol', en la que reflexiona sobre los efectos de la gentrificación

Samuel Martínez Miércoles, 28 de Abril de 2021 Tiempo de lectura:

 

Desde hace un tiempo, en España la palabra “cómic” se ha relacionado con dos cosas: los superhéroes y Francisco Ibáñez. La costumbre por los tebeos nacionales, sustituidos por historietas de hombres voladores y mangas, iba de capa caída. Entre olas de autores que huían a Francia sin más remedio para poder publicar, algunos conseguían luchar por la novela gráfica en España. Y, en 2018, Ana Penyas consiguió ser la primera mujer en ganar el Permio Nacional del Cómic con su primera novela gráfica, Estamos todas bien, y marcó un antes y un después. Ahora presenta su nuevo cómic, Todo bajo el sol, en el que se adentra en los problemas sociales derivados de la construcción y el turismo de masas.

 

- Si tuvieses que convencer a alguien que nunca ha leído un cómic de que le diera una oportunidad a Todo bajo el sol, ¿qué le dirías?

 

Que es un libro que acerca un tema que podría ser más de ensayo – de hecho, algunas personas me han dicho que he hecho un ensayo gráfico, pero de una forma mucho más amena y, a la vez, más comprensible. Es historia del turismo en España, sobre todo de la costa mediterránea. Temas que se suelen tratar de una forma mucho más compleja y en estudios para gente muy especializada, y de esta forma se trata desde lo gráfico y desde cómo afectan todos estos temas a la vida de una familia normal y corriente.

 

- ¿Qué te lleva a contar las historias desde ese punto de vista, a través de la memoria y retornando a épocas anteriores?

 

Lo cuento así porque cuando escojo un tema y empiezo a leer y a informarme, me suele parecer complicado explicar la situación, explicar un momento (en este caso, la gentrificación de los barrios, el tema de AirBnb y todo eso) por sí mismo, sino que necesito irme para atrás para yo, también, entenderlo. En este caso, cuando voy para atrás pues llego a los años 70, todavía franquismo, que empieza el turismo de masas, el boom inmobiliario y todo lo que tiene que ver con la construcción en el país. Y cuando pienso en cómo contar la historia me gusta contarlo desde lo cotidiano; es decir, cómo aterriza lo macro en lo micro, que son las personas. Soy muy de intentar que lo entienda cuanta más gente, mejor.

 

- En el cómic se ve alguna escena en la que se critica al mundo artístico, que a veces forma parte del problema. ¿Crees que desde el mundo artístico, en ocasiones, se enfocan mal las luchas sociales?

 

Podría ser una de las reflexiones. Yo me siento parte de ese mundo y me inventé una exposición a la que yo misma pudiera haber ido. Creo que desde la cultura, sobre todo en el fenómeno de la gentrificación, se ve siempre que la cultura es buena per se. Quería cuestionar eso. Que la cultura es buena per se, ¿por qué? Pues no más ni menos que otras cosas. En este caso, la cultura también funciona como un agente gentrificador; no digo que sea el primero, evidentemente las inmobiliarias tienen mucho más poder. Por lo menos debemos saber dónde estamos y qué hacemos en este proceso, y luego ya decidimos si seguimos adelante o no. Pero no desde una falta de consciencia. Hay que saber qué consecuencias tienen esos actos, más allá de que se haga una exposición súper chula. Debes saber dónde está, qué gente había ahí antes, a qué tipo de gente atraes… Es todo mucho más complejo. Pasa mucho con el arte urbano, que se usa mucho en algunos sitios para gentrificar los barrios; las instituciones aprovechan y dicen “ahora me llenáis las calles de murales”, y a todo el mundo le gusta ver el barrio bonito. El arte no es tan inocente a veces.

 

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- Con Estamos todas bien conseguiste muchos premios, entre ellos el Premio Nacional del Cómic. ¿Alguna vez sientes miedo o presión por haber empezado con uno de los más grandes premios que se pueden conseguir?

 

Ese miedo lo he tenido, claro. Es una sombra que está ahí. Pero es verdad que por los feedbacks que recibo he podido convivir con él y seguir trabajando. A otros habrá podido paralizarles, no lo sé. De Todo bajo el sol recibo buenas respuestas, no porque sea mejor ni peor, sino por haber cumplido las expectativas que yo le puse. Esa presión siempre está, pero en mi caso, por ahora, lo estoy llevando bastante bien. Pensé: “soy muy joven, no me voy a encasillar en algo que solo he hecho una vez”. Yo es que, además, me siento mucho más realizada con lo que dicen los lectores que con los premios. Una cosa que pasó con Estamos todas bien es que lo leía mucha gente que no solía leer cómic. Como que buscaban acercarse al tema desde otro lugar. Muchos me decían “nunca he leído un cómic” o “se lo he enseñado a mi madre, que nunca había leído un cómic”, y eso me parece el mayor regalo.

 

- Iniciaste tu carrera profesional como ilustradora y estudiaste diseño industrial. Además, hemos visto tus carteles en manifestaciones y en obras de teatro. ¿Qué te llevó a pensar que el cómic era la forma más adecuada de representar esos problemas sociales?

 

Lo del cómic salió muy azaroso. Fue un trabajo que hice en clase: un trabajo de cuatro páginas de mis abuelas que nos pidió el profesor. Luego se convirtió en un fanzine y ya un editor se interesó. Aun así, es cierto que me gustó mucho; con la ilustración se pueden contar muchas cosas, y un álbum ilustrado puede ser muy rotundo, pero si puedes expandirlo en una historia, que tiene diálogos y texto, pues mejor. Tienes un montón de recursos para contar, y además es lo que sé hacer. Y lo bueno del cómic, también, es que solo necesitas un lápiz. El cómic además es algo muy de cultura popular.

 

- ¿Cómo ves la situación del feminismo o del discurso feminista dentro del cómic y la novela gráfica españolas? ¿Crees que ha cambiado desde que ganaste el premio nacional del cómic?

 

No creo que fuera a raíz de mí, sino que yo fui una de las consecuencias de que algo estaba cambiando. Yo sí creo que ha cambiado mucho eso. Aún queda mucho por cambiar; ha sido siempre un mundo muy masculino, también los tipos de personajes y las historias. Pero, claro, cada vez hay más autoras. Es un poco como la pescadilla que se muerde la cola: cuantas más autoras hay, más jóvenes empiezan porque ven a sus referentes. Y hay más historias que conectan con un público femenino, no porque estén enfocadas a este, sino porque se alejan de ciertos estereotipos que a algunas las hacía pensar: “pues oye, esto no es para mí”. Y esto aumenta mucho el número de lectoras. Una cosa va llevando a la otra. Y también hay mucha consciencia feminista: pocas autoras conozco que no tengan una consciencia o un enfoque feminista. Porque es un mundo tan masculino que es inevitable que te pares a pensar: “oye ¿por qué soy yo de las pocas que están aquí?”.

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