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ENTRE TÚ Y YO

Retrato oculto de una mujer

MurciaEconomía Jueves, 29 de Abril de 2021 Tiempo de lectura:

 

Cuando despertó sintió un pequeño sobresalto. Alguien había entrado en la casa. Lo presintió porque el ruido forzado de unas llaves no coincidía con la posibilidad de que por cualquier motivo se hubiese movido algo de su sitio. Bajó las escaleras precipitadas, inconsciente de lo que pudiese encontrar dentro del apartamento, sumida en la rabia y el estrés. Casi no podía sostenerse en pie, pero la subida de adrenalina frenó su impulso. De repente se acordó de que le había dejado las llaves a su vecina, para que entrara a revisar cómo había pasado la noche. La encontró en la cocina trajinando, improvisando el desayuno. Comprobó que la fiebre había desaparecido como el malestar insoportable que decidió esa petición tan absurda. Por primera vez había sentido miedo, y aceptó una ayuda. No era tan terrible… Debía acostumbrarse…, si estaba decidida a salir de su torre de cristal, y dio la bienvenida, con la mejor de sus sonrisas a su amable vecina.

 

Estaba muy segura de que el autocontrol había sido una seña de identidad muy importante en su vida. Una decisión tan contundente como complicada de la que no se arrepentía ni dejaría de hacerlo; pero empezaba a darse cuenta de lo terriblemente dura que había sido con ella misma. Una elección confusa, cuando disponía de recursos más que suficientes para elegir cualquier cosa que hubiese deseado. Su situación requería este tipo de reflexiones por su parte. Había adquirido sabiduría y solidez personal, sin embargo, no había contado con los imprevistos que podrían causarle problemas en algún momento.

 

Y esa mañana decidió recogerse la melena castaña en un pasador de ámbar que hacía juego con sus ojos. Así luciría mejor el escote desde la espalda hasta el nacimiento del pelo. Le gustaba la armonía de esa zona que pasaba desapercibida, aparentemente sin interés, pero que realzaba la belleza femenina. Volvía a ser ella. Necesitaba ser lo que se había propuesto, había elegido; ese rasgo de un carácter solitario, enérgico y valiente. Había maltratado su voluntad en pos de una rebeldía estudiada, asimilada, sin prejuicios que la volvieran loca. Su elección no era el resultado frívolo de un comportamiento, porque ser distinta, en realidad, era lo único que podría mejorar su vulnerabilidad, su acusado sentido de la responsabilidad y su autoestima para salir adelante, en un mundo donde toda afiliación convierte en iguales. Siempre le quedaría la pasión por el pensamiento libre y personal. Una lección aprendida desde tiempos ancestrales que sería su única revolución.

 

Trato de recrear una breve escena sobre lo que hoy decido hacer, un experimento que pongo por escrito para conocer las decisiones, o más bien, los pensamientos que revolotean alrededor de las mujeres. Los que nos hacen fuertes y refuerzan el afecto personal. Aunque parezca una absurda historia de una absurda mujer, eligiendo a contracorriente su modo de vida.

 

No obstante, el malestar de la mujer viene de pensamientos impertinentes. Como un vendaval afligen la serenidad y la buena armonía; requerimientos que nos son muy comunes cuando se centran en la visión de las cosas. El porqué de estos cambios tiene su origen en las hormonas femeninas que se empeñan en provocar situaciones de verdadero caos en el organismo. No es casual, ni tiene que ver con la volubilidad o capricho de una circunstancia. El estado de ánimo se ve alterado diariamente por un montón de particularidades que influyen en cómo nos encontramos. La progesterona y el estrógeno pueden originar estragos en la salud emocional de la mujer. Afectan de un modo negativo porque nunca se nos explicó, por qué las hormonas pueden alterar la salud mental y emocional, pudiendo de esta manera aprender la utilidad de tomar las riendas de las propias sensaciones. Todo se ha aprendido por las experiencias vividas, sin regular esa parte tan importante de nuestro carácter, que choca con tópicos que tan poco nos favorecen.

 

La verdad es que se nos ha banalizado mucho, damos besos a personas que no conocemos, que no lo merecen, que nos olvidarán al día siguiente, malgastando lo más sublime del sentimiento humano cuando se desperdicia. Todo esto que ocurre me cuela de lleno en la película “La rosa púrpura del Cairo”; donde la ficción entra en la realidad, en el sueño y anhelo de una camarera loca por el cine, se mimetiza tanto con las películas que se enamora de uno de sus protagonistas, lo hace salir de la pantalla, e inventa su propia historia de amor.

 

Estoy convencida que muchas mujeres producen situaciones similares para realizar sus ensueños, sus quimeras… Su razón de ser.

 

¡¡Nos encontramos la semana que viene!!

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