Madriz
Me comentaba el otro día un buen amigo que “en Madrid hay muchos madrileños”, extremo éste que yo no objeté. Y me lo decía al hilo del eventual resultado de las elecciones que hoy se celebran allí.
Tenemos en el cartel electoral, si profundizamos un poco y sobre todo no hacemos mucho caso del ruido mitinero y de las melodías de las tertulias de los medios, toda la gama de perfiles que hacen de Madriz, como gustan de pronunciarlo los muy de Madrid, esa ciudad, con su provincia, en la que todos los de provincias nos hemos sentido cómodos, atraídos, simpáticamente despistados y, en suma, como en nuestra casa.
La candidata Sra. Ayuso ha conseguido embotellar y distribuir el producto castizo, pero de ahora: sin complejos derechosos, con sentido del humor, y conectando con eso que se llama aires de libertad. Su espontaneidad perfectamente preelaborada nos ha dejado algunas citas antológicas, como cuando le preguntaron los colegas de El Español, al hilo de unas cañas, si tenía un tatuaje.
A la respuesta de que no, le preguntaron si, dado el caso, cual sería: “el 69” respondió. Tras la mueca de los periodistas despejó la duda: es el número de la mayoría absoluta en la Asamblea de Madrid. Un quiebre de categoría. Ayuso representa, en mi modesta opinión, al Madriz rebelde, al que viene de vuelta de todo. Bien es verdad que tal vez no concite el apoyo del colectivo cultural – excepción hecha de Nacho Cano -, o de la Asociación de Estudiantes Progresistas, pero tiene la adhesión, es piña, con el sector de la hostelería y el comercio, y los teatros que es tanto como decir que tiene a Madrid en el bolsillo.
El candidato Gabilondo, de indiscutible prestigio docente, representa el Madriz del socialismo académico, reposado, doctoral y, finalmente, atemporal. Genera respeto, pero tengo para mí que no mueve la necesaria emoción que una contienda electoral requiere. Su modo de hablar pausado y su hipermoderación se agradecen, pero sus mensajes más se parecen al discurso de ingreso en la Real de Ciencias Morales y Políticas. No sé, suenan de modo polivalente como mensajes de despedida o bienvenida de él mismo, o de otro académico. Tal vez en el Café Gijón.
El Sr. Iglesias, que tantas simpatías viene recogiendo aglutina, sólo probablemente, el Madriz de hace seis o siete años. Alternativo, revisionista, de debates en la Asociación para la Amistad Hispano-iraní, si existiera, y de inagotables tenidas en coquetos y muy progresistas locales de Chueca o Malasaña. Madrid bohemio, pero poco. Madriz de izquierdas, pero deliberadamente inclasificable. Madrid progresista, siempre que no tenga que precisar en que consiste el término. Las fortalezas como polemista ya casi no suplen las debilidades en su diario y domestico proceder. La poca claridad, y calidad, de los mensajes se complementa con el atuendo cuidadosamente descuidado que este Madriz nos presenta cada día.
La Sra. Mónica García representa la revisión de lo revisado, reetiquetado con una denominación que, o no deja lugar a dudas, o las genera todas: Más Madrid. Nadie se pregunta lo que quiere decir, qué significa, junto a Más País. Igual podría ser Más Zeneta (con todo el cariño hacia esa población nuestra tan querida), y nos quedaríamos igual. Es el Madriz de la izquierda alternativa, despojada de atuendo, pero simpática y meramente concreta en algunos asuntos, por determinar.
La Sra. Monasterio es Madriz al cuadrado. Ese Madrid fino, que harto de estar en el archivo de lo ultra y facha, sale al escenario con soltura- en muchos de sus candidatos con una potente formación profesional- y selecciona, veremos si con acierto, un conjunto de temas que la gente entiende en cero comas. Ese Madriz de parte del Barrio de Salamanca, La Moraleja, o de Vallecas. Ese Madriz que compra zapatos en Etxerez, o se manifiesta en Fuenlabrada. Madrid y madrileños de contrastes, de fuertes contrastes.
Edmundo Bal es el Madrid del tesón, de gente sin aristas, comedido en el lenguaje, que contiene las emociones y asimismo no las genera. Creo yo que representa al Madrid más castellano, austero. En el mejor sentido del término, me recuerda al Conde de Montecristo.
Hoy veremos que Madriz, o que combinaciones de Madrid, ganan la batalla. Sea cual sea el resultado les aseguro una cosa, queridos lectores, estoy deseando volver, disfrutar, respirar.
MADRIZ





















