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ENTRE TÚ Y YO

Genios de la historia

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 13 de Mayo de 2021 Tiempo de lectura:

 

Muchos genios a lo largo de su vida sufrieron grandes depresiones al enfrentarse a su talento y vocación. Normalmente eran personas bohemias, anárquicas, que modificaron extraordinariamente su comportamiento hasta perder la seguridad en lo que hacían. No eran empresas fáciles de conseguir; los artistas no estaban considerados, y sus temores no eran infundados; debían enfrentarse al gusto y opinión de un público muy crítico e implacable, difícil de contentar.

 

La historia está llena de fracasos humanos que en su tiempo no se reconocieron. La Sinfonía en si menor de Franz Schubert escrita en 1822 no fue descubierta hasta pasados varios años. Perdido en las pesadillas de la noche, atormentado por la enfermedad, pudo dejarla abandonada. Descubierta años después, con solo dos movimientos de una gran belleza, no se sabe si por decisión del compositor o por abatimiento.

 

Su vida fue triste, nestable. Tenía un carácter complejo, oculto por la imagen que reflejaba de hombre ingenuo y bonachón. La realidad es que era un empedernido fumador, poco aseado, muy amigo del alcohol: el mundo breve de un genio, que a pesar de todos sus desajustes anímicos dejó un impresionante legado musical, sin conseguir la valoración que se merecía. Admirado en un círculo muy restringido, su vida transcurrió siempre en un estado de gran precariedad económica. “Nadie siente el dolor de otro, nadie comprende la alegría de otro” decía con melancolía. Su fracaso amoroso con la soprano María Teresa Grob marcó su forma de componer. “Feliz es el hombre que encuentra un verdadero amigo, y mucho más feliz es el que encuentra a ese amigo en su esposa”. Estas frases son el testimonio de una vida desamparada, quebrada muy pronto. Otro gran genio, que tuvo una muerte prematura, a los 31 años, por fiebres tifoideas.

 

Era lo normal en un momento de grandes desajustes, en los que el carácter de una artista pasaba por filtros y desilusiones terribles. Las exigencias establecidas eran implacables y ya sabemos que muy pocos gozaron en vida su merecido reconocimiento.

 

Se puede imaginar que la vida del artista refleja muy bien los altibajos emocionales que se producen por la inquietud constante que provoca mantenerse dentro del éxito. Considerando que la vida corriente no nos apremia con esos requisitos, habría que ponerles punto y final, pasar por alto los continuos vaivenes, y no esperar expectativas demasiado brillantes. Habría más tiempo para detenerse en los momentos alegres que proporciona el hecho de vivir. Ser afortunado difiere mucho de las pretensiones ambiciosas que nos apartan de nuestra razón de ser, y nos incitan a inclinar la balanza de la suerte hacia donde no es posible.

 

Pero es verdad que la filosofía de un ciudadano de nuestro siglo está basada en la competencia, el éxito y las relaciones sociales. En el mismo saco, revueltas, se engrosan otras fantasías de quien se siente ajeno a todo esto. En el fondo, cada uno intenta forjarse su destino, aunque la autoestima está demasiado valorada, y, quien no la tiene, sufre porque tiende a buscarla fuera de su propio mérito. ¿Quién se escapa a la vanidad de algún triunfo, olvidando cómo se sentirá después consigo mismo?

 

Ahora los nuevos genios se pasean por las redes, sin edad ni títulos que los avalen, su triunfo está respaldado por masas de seguidores incondicionales, dominados por la ansiedad de todo lo que se cuece en Internet. Cualquier persona lista puede influir hasta controlar a miles de fans hambrientos de vidas originales, consiguiendo pequeñas o grandes victorias donde sentirse dueños de la situación: compartiendo fotos con sus nuevas parejas, momentos muy reservados que darán motivos para hablar y admirar… Mucha publicidad y mucho vacío. Idénticas situaciones de exhibición personal.

 

Para terminar, elijo este pequeño apunte de la filosofía de Platón, sacado de un diálogo con supuestos gobernantes, que pertenece a su libro LA REPÚBLICA.

 

“Te has vuelto a olvidar, querido amigo, de que a la ley no le interesa nada que haya en la ciudad una clase que goce de particular felicidad, sino que se esfuerce porque ello le suceda a la ciudad entera y por eso introduce  armonía entre los ciudadanos por medio de la persuasión o de la fuerza, hace que unos hagan a otros partícipes de los beneficios con que cada cual pueda ser útil a la comunidad y ella misma forma en la ciudad hombres de esa clase, pero no para dejarles que cada uno se vuelva a donde quiera, sino para usar ella misma de ellos con miras a la unificación del Estado.

 

¡¡Nos encontramos el próximo jueves!!

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