
Como en tantas cosas de la vida, los atajos no existen. Tampoco para los muchos adolescentes que están en plena semana negra repasando los contenidos para la EBAU que dará fin a varios años de presión y de tensión. Porque esta situación de estrés no es un camino corto, ha sido un largo recorrido para jóvenes todavía algo inmaduros para decidir pero “muy grandes” para hacerles frente a este tránsito a la adultez.
Han estado tutorizados por el sistema educativo desde la educación infantil y, de pronto, en E. Secundaria tienen que elegir caminos que ni ellos mismos tienen claro que quieren transitar. Ahí empieza la ruta de la inseguridad para muchos y más si son heterogéneos en intereses profesionales. Y comienzan las dudas de qué hacer con su vida casi al mismo tiempo que se produce el destete. ¡Una locura, para ellos y para los padres!
De pronto se ven matriculados, sin previo aviso, en un cursillo acelerado para madurar a marchas forzadas en un ritual para ser adultos. Tienen que tomar, sí o sí, decisiones en un proyecto de vida con la todavía baja competencia para establecer metas y con la vulnerabilidad de un pensamiento a corto plazo. Y aunque no creo que ninguno esté libre de los conflictos internos inherentes a esta etapa por los cambios cognitivos y psicológicos, la mayoría van a vivir esta crisis personal de manera positiva.
Es de admiración ver cómo cogen a lo largo de este itinerario académico confianza en sus propias posibilidades, salvando piedras enormes de alto voltaje emocional. Y la mayoría no se electrocutan ni cortocircuitan eternamente sino que van aprendiendo a regularse, a veces desenchufándose para volver a conectarse, otras veces cambiando circuitos pero siempre con energía.
Aquí es donde los padres y docentes nos convertimos en electricistas, conduciendo por el camino de los circuitos eléctricos la potencia emocional que necesitan los hijos y alumnos para volver a conectarse y generar energía ante las resistencias de las dudas, los condensadores de la inseguridad o los fusibles de los bloqueos emocionales.
Y aunque es inevitable que sufran ansiedad, miedo, tristeza o desesperación, lo que se conoce como atractores emocionales negativos (NEA), la mayoría maximiza su rendimiento dirigiendo sus pensamientos positivos al objetivo que persiguen, activando atractores emocionales positivos (PEA) que los vinculan con las emociones de optimismo, esperanza, serenidad, entre otros.
Al comenzar la ruta de las decisiones inseguras, o como no, al escuchar al inicio de 2º de Bachillerato repetidamente “Vais a la EBAU” se activa el NEA-. Están en una situación de amenaza y el sistema se activa para sobrevivir. Pero cuando conectan con su pasión y sus sueños, cuando se enfocan en las fortalezas más que en las debilidades se activa el PEA+, que sirve para prosperar y actuar. Muchas veces el temor a perdernos nos impulsa a crecer o dar el paso adelante.
Mi hija fue el otro día a hacer una prueba extraordinaria al instituto para conocer cómo iba en matemáticas y lo que le amenazaba era la idea de sentirse defraudada e incompetente para la prueba EBAU. Hablamos de la finalidad del examen y cambió su idea “así sé los fallos que tengo y puedo machacar más esos ejercicios”. Reconducir sus pensamientos le hizo tener el control emocional de la situación y tener la energía para continuar el camino. No hay más truco en la vida que la magia de ser responsable de lo que piensas, sientes y haces.
Como la película de Almodóvar, “mujeres al borde de un ataque de nervios”, que ganó varios premios Goya, yo nomino al premio “Esfuerzo y Constancia” a todos los chicos que están “atacaos” por su papel de perseguir sus sueños; en especial, se lo dedico a mi hija Elena y sus amigos Paco, Marce, Woppa, Woppi, Mone, Laura`s, Lucía N., Andrea, Elena S., Sonia´s, Rosa, Marcos, Carlota… protagonistas cercanos a mí de esta película.
¡Ánimo, suerte y al toro! No perdáis los papeles y conectaros de manera consciente con vuestra confianza. Sois PEA+

