Una mañana de lluvia, en el Real Murcia Club de Tenis
Sobre el Club de Tenis de Murcia, mi club, suelen surgir noticias de común relacionadas con lo suyo, con su participación en competiciones deportivas, sobre figuras de este complejo deporte que ese club ha generado, sobre promesas, hoy realidades , que han alcanzado puestos importantes en el duro y particularmente justo sistema de clasificación profesional de jugadores que esta disciplina deportiva impone.
Mi club se parece poco a otros clubes. La variedad de personas y personajes. La colección enciclopédica de anécdotas vividas en primera persona, y otras transmitidas por los exegetas. El enorme caudal de sabiduría imprecisa que deposita sobre el complicado mundo de las lesiones deportivas. La secuencia de ver como vamos envejeciendo, sin la más mínima concesión a la decadencia.
La palabra amable. El tener claramente pronosticado que nos comentará ese socio, y el tener certera y cordialmente determinada nuestra respuesta.
Pero hay más.
En pocos lugares del mundo se aprende más – si no se es muy exigente con el rigor técnico – que en su vestuario en los momentos previos y posteriores a un partido. Mezcla de sabiduría popular aliñada con ciertas observaciones y pronósticos sobre los más variados asuntos. Algunas de estas aportaciones te recuerdan lo que objetaría al respecto el titular de tu taquilla contigua, que ya no está entre nosotros. Te falta volverte y hablar con él, in absentia. He llegado a creer que operamos con el alfabeto morse, dada la rapidez de entendimiento con que jugadores, empleados, y demás pobladores del recinto establecen el perímetro temático de sus conversaciones.
En el transcurso de los partidos una afición si cabe más exigente que la taurina, te observa, te corrige, aplaude, y resume en palabras que no existen pero que todos entendemos, la impresión que les causa cada una de las jugadas, que en algunos casos se convierten en faenas. Vistas todas desde la barrera.
Y , luego, en la cafetería los resúmenes de los partidos, presididos siempre con un enfoque pluriangular , esto es, en función de cómo le ha ido a cada uno la feria. A pesar de la concluyente matemática de un resultado, es perfectamente posible entrar en un terreno de serias dudas sobre quién ha ganado o perdido un concreto lance deportivo, créanme.
El club, mi club, nos abduce al entrar desde esa gran construcción que sirve de pórtico de entrada conduciéndonos con estudiada liturgia a la conversación , convertida en código, en la recepción.
Viendo llover sobre el Real, el Murcia Club de Tenis, como cuando lo vi cerrado en plena pandemia, se me quedó pegado. El club, me refiero.
Miré un bote de bolas, y pensé: cuanto mundo, cuanta gente, cuantas cosas, me ha dado este recinto en el que se juega a esto. Me ha permitido incluso oír voces que no existen, el sonoro lenguaje de su alma , que la tiene. Todo esto me venía a la cabeza
Una mañana de lluvia, en el Real Murcia Club de Tenis.





















