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ENTRE TÚ Y YO

Valle inquietante

MurciaEconomía Viernes, 28 de Mayo de 2021 Tiempo de lectura:

 

“¿Qué libros componen el núcleo de vuestro sistema operativo? (anónimo, citado en la página 196).

 

Tomo prestado como título de mi actual aportación, el del interesante y muy bien traducido libro autobiográfico, de la graduada en Sociología y escritora de la revista The New Yorker, Anna Wiener (Nueva York, 1987): “Valle inquietante” (Editorial Libros del Asteroide, 2021 y traducción de Javier Calvo).

 

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El libro contiene el relato de los años de trabajo de su autora en empresas de “Silicon Valley”, el excitante centro mundial de innovación tecnológica en la Costa Oeste de EEUU, el cual divide en dos partes:

 

 Incentivos: en ella relata su paso de un trabajo no bien remunerado en una agencia literaria en Nueva York, a su prometedora integración en el “ecosistema” creado con entusiasmo por las empresas de tecnología. Como le dijeron: “… San Francisco es el mejor sitio del mundo para ser joven… deberías intentar irte allí antes de que sea demasiado tarde”.

 

Son momentos en los que la autora narra la transformación de la propia ciudad de San Francisco, a la cual describe como: “era una ciudad de perdedores a la que le estaba constando absorber el flujo entrante de aspirantes a triunfadores … atrapada en la nostalgia de su propia mitología, la ciudad se aferraba a la alucinación de un pasado glorioso y no se había contagiado del ímpetu reciente del triunvirato oscuro de la tecnología: capital, poder y una masculinidad heterosexual, insulsa y reprimida… en ausencia de instituciones culturales vibrantes, el centro del placer de la industria parecía ocupado por ejercicio físico”.

 

La estrategia, como dice Anna Wiener, era: “enriquecerse deprisa … hemos construido una herramienta (en relación al análisis de datos de la empresa para la que trabajaba) que está cinco o diez años por delante de su tiempo. Nadie ha visto nunca nada parecido. El producto se vende prácticamente solo”.

 

El trabajo: “el enemigo de una startup de éxito era la complacencia. A fin de combatirla, al CEO le gustaba meternos miedo… hablaba en términos militares… éramos capaces de cualquier cosa por complacerlo. No parábamos ni un minuto. Estábamos entregados a la Causa… el trabajo se había infiltrado en nuestras identidades. Éramos la empresa y la empresa éramos nosotros”. “Era fácil darse cuenta de que en Silicon Valley a quienes no eran programadores se los presionaba para que demostrasen su valía”.

 

El lenguaje: “a veces daba la sensación de que todo el mundo estaba hablando un idioma distinto, o bien el mismo idioma pero con reglas radicalmente distintas…un batiburrillo que mezclaba el habla empresarial con metáforas deportivas y bélicas, más bien pretencioso”.

 

El desencanto: “solo quería trabajar para una empresa que fuera innovadora en vez de oportunista, que tuviera un modelo estable de ingresos y una misión con la que pudiera identificarme”.

 

Escala: en esta parte describe su experiencia en una gran tecnológica de código abierto y su sensación final:

 

El cuerpo como plataforma: “El fetichismo del ecosistema por la cultura de la optimización y el aumento de la productividad -bloqueadores de distracciones, temporizadores de tareas, modo ermitaño, correo electrónico por remesas y compartimentación del tiempo- habían dado lugar al llamado biohacking… la meta no era el placer sino la productividad”.

 

Trabajar duro o de forma eficaz: “El periodo que va de lunes a viernes abarca un setenta y uno por ciento de la semana. Con un setenta y uno por ciento de esfuerzo no vas a acabar tu trabajo… la idea de conciliar trabajo y vida era propia de gente blanda, o antitético a la determinación necesaria para triunfar con una startup”.

 

Cultura intelectual: “de Silicon Valley era la cultura de internet, liderazgo de pensamiento, experimentos de pensamiento”. “El área de la bahía de San Francisco es lo mismo que eran Roma o Atenas en la Antigüedad”.

 

En mi opinión: gracias a las aportaciones y testimonios de ex empleadas de empresas de tecnología, queda retratada una realidad no tan idílica como podría pensarse del desempeño laboral en estas corporaciones, que por un lado, atienden a sus empleados con buenos sueldos, seguros médicos, comida y necesidades psicológicas de pertenencia; y por otro, les exigen total entrega a “la causa” y “creerse el sueño de que la propia empresa es en realidad su familia”.

 

Entre estas mujeres que han alzado su voz en los últimos tiempos, a mi juicio, destacan además de Anna Wiener, en el libro que hoy recomiendo:

 

Jenny Odell (artista y docente en la Universidad de Stanford) en su libro “Cómo no hacer nada: resistir a la economía de la atención” (Editorial Ariel, 2021); también recomendable.

 

Y Emi Nietfeld (ex ingeniera de Google), cuya experiencia del cambio que sufrió su situación en la empresa, tras denunciar acoso de un superior, fue publicada inicialmente en una columna en New York Times y tiene previsto completar en 2020, con el relato autobiográfico titulado “Aceptance” (Penguin Press). Al que sin duda habrá que estar atentos: “comía y cenaba en la oficina, iba al médico y al gimnasio, pasaba los fines de semana junto a mis compañeros… me trague por completo el sueño”.

 

Son sin duda relatos muy interesantes, para descubrir hasta donde puede llegar la tiranía de la eficiencia por encima de todo, de la megalomanía y desatino de algunos multimillonarios convencidos de su mesiánico destino para llevar a la humanidad a un fututo imaginado, pero en nada consensuado y menos aún pedido.

 

No obstante, desde la precaria situación de muchos jóvenes en nuestro país, en donde el paro es la situación casi mayoritaria y la alternativa más frecuente es un trabajo poco remunerado e inseguro, las oportunidades laborales, las condiciones económicas y prestaciones ofrecidas por las empresas de tecnología norteamericanas a los jóvenes con talento, nos parecen un auténtico “paraíso”.

 

 

 

Queridos lectores, como les decía desde la memoria vegetal todo libro, pero más aún aquellos autobiógrafos, nos permiten adquirir experiencias y vidas que, inicialmente ajenas, se tornan propias e iluminan nuestro presente. Los más jóvenes para intuir cuál es su propio sueño y evitar con ello, no quedar atrapados en la eficiente vigilia explotadora sobre la que algunos edifican su actual riqueza. Y los menos jóvenes, que ya peinamos canas además no muy numerosas, comprender la extrema dureza con la que, las generaciones siguientes, viven y sueñan, si es que esto último es posible; frente a la cual, es obligado superar la indiferencia.

 

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