
Recientemente he tenido una oportunidad que disfruté en do mayor, participé en un ciclo de talleres de inteligencia emocional. Fueron encuentros experienciales con teoría y dinámicas, donde los asistentes podían ser conscientes como las emociones son parte clave en el día a día. Tomar conciencia de tus emociones no es ninguna tontería, era una de las frases clave de este ciclo de talleres después de resetear por un instante esas mentes inquietas.
El perfil de asistentes, no valoro la edad ni otro parámetro excepto su orientación laboral, se sorprendía al ser conscientes de sus emociones y como son engranaje clave, seas un animador, farmacéutico, integrador social o gestores de recursos humanos. Los asistentes en el momento de compartir experiencias, nos regalaban que no siempre eran conscientes de las emociones, como influían en las decisiones o en el clima que nacen con ellas. Imagina ir todos los días con un enfado desmesurado a tu puesto de trabajo, ¿Qué sientes o piensas? No voy a preguntar si eres un ser racional o emocional, directamente te diré que las emociones generan pensamientos y ser emocionalmente inteligente nos suma a no tener un exceso de pensamientos disruptivos.
Cuando compartíamos nuestros conocimientos de inteligencia emocional, nuestros expectantes compañeros compartían que siempre se ha manifestado: “en el trabajo tener emociones no era importante”. Luego piensas, si el síndrome de burnout tiene un origen emocional, el clima laboral se genera con emociones, el liderazgo emocional es un perfil demandado y actual. ¿tendrán las emociones en las empresas más espacio que el tradicional se ha intentado inculcar?
“Todas las organizaciones tienen una cultura emocional, aunque sea de supresión emocional”
Sigal Bersade
Es interesante resaltar como personas que se definen como seres puramente racionales, personas que el número era el que marcaba su decisión, al ser conscientes que esas decisiones propias y las que se generan hacia la otra persona o hacia ellas mismas, dejaban de etiquetarse como seres racionales. Las emociones en el trabajo estaban escondidas en un cajón, igual que te ponías el uniforme para apretar tuercas o teclear intro en el teclado, las emociones se quedaban fuera y actualmente los auténticos lideres entienden que ser emocionalmente inteligente suma en una mayor vinculación a la organización, el famoso enagement.
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Esta increíble experiencia vino de la mano del laboratorio del departamento de psicología básica de la universidad de Málaga; puedes buscarlo en Instagram o Facebook por laboratorioemociones.
Invertir en ser emocionalmente inteligentes es invertir en ser una organización saludable, en una entidad que podrá observar a sus índices de incapacidad temporal ir reduciendo y además se traducirá en una mayor enagement y por tanto productividad.
Con esta ilusión contagiada, tomo una pausa para terminar de consolidar un paso importante con la parte de mí que me ilusiona y seguir dando pasos compartidos en este camino de la inteligencia emocional.
Nos sentimos en la siguiente
Juan VILA “Mr. Sapiens & you”

