
Hoy he decidido acercarme a esta pequeña ventana soleada de MurciaEconomía aceptando la invitación que amablemente me brinda la coordinadora de Entre tú y Yo con el objetivo de compartir con nuestros lectores mis impresiones acerca del placer de viajar a través de la historia.
Me presentaré. Soy una amante del descubrimiento. Siempre me han apasionado los libros de aventuras. Empecé con Enid Mary Blyton y me entusiasmaron las andanzas de Los Cinco, más tarde con Robinson Crusoe de Defoe me interné en la vida de los náufragos y en las espesuras de una selva exuberante en la que todo estaba por hacer, en la que cada día me esperaban situaciones desconocidas, objetos, sentimientos, personajes…quizás a partir de esa literatura incipiente me interné en el bosque personal de la historia.
No sé ustedes pero yo sólo podía acercarme a la historia a través de los muñecos del Playmóvil de mi hermano, con los que me permitía llevar a cabo fantasiosas batallas con finales distintos a los que relataban los pesados libros de los que tenías que aprender nombres de reyes, fechas, y tratados de paz. De este modo desarrollé una forma distinta de acercarme a los acontecimientos que me pareció más divertida y que ahora mismo les cuento.
Cuando voy a visitar alguna ciudad siempre procuro leer algo de su historia, mitad por satisfacer mi curiosidad, mitad por alertar mi vanidad y no quedar sometida a lo que el guía de turno quiera contarme. Y no es que tenga nada en contra de los guías turísticos. Es más, creo que la mayoría son especialistas de arte y verdaderos profesionales, amantes de su ciudad y valedores de su territorio, pero ¿quién no se ha encontrado con un guía aficionado en algún lugar del mundo que suelta amablemente su rollo memorístico y en cuanto lo sacas del guion te mira esquinado? No es que yo quiera ser la típica turista sabelotodo, pero tampoco la tonta que pregunta por el color del caballo blanco de Santiago.
En fin, en esas estaba yo en plena efervescencia adolescente cuando en viaje de estudios nos disponíamos a visitar Valencia con la intención de detenernos en Xàtiva. A mí me entusiasmó visitar esa ciudad, principalmente porque sabía que allí se redactó la obra "El collar de la paloma", de Ibn Hazam de Córdoba, vivencia del amor en al-Ándalus durante el gobierno de la dinastía omeya, y ¡ya sabemos en esa época lo que significa hablar de amor!
Pues les cuento. Ese viaje además de poder acercarme a mi amor platónico juvenil con el asunto literario que ya les he mencionado, pude alinear mentalmente toda la infantería de los muñecos de Playmóvil de mi hermano en contra de Felipe V. La guía turística me pareció fabulosa porque empezó su narración con los caballos –tocotoc, tocotoc- de los dos pretendientes a la sucesión a la Corona de España enfrentados en cruel contienda. Yo –fantasiosa adolescente, siempre pensando en mi hermano- viví la historia como si se tratara de un partido de fútbol en el que se enfrentaban de forma durísima los eternos rivales, el Barça y el Real Madrid. De esta guisa estaban, por un lado, Carlos el Archiduque de la Casa de Austria, favorito de los locales, por otro, Felipe V, el candidato borbón, líder del equipo visitante. Los borbones resultaron ser inexpugnables y provocaron asedios importantes a la ciudad en la que, finalmente ganaron por goleada.
Como Xàtiva había tomado parte por el rival, Felipe V, después de ganar la batalla en 1707, éste mandó incendiar la ciudad -no sé si tomó como modelo el incendio de Roma en tiempos de Nerón, eso ya no lo dijo la guía- y desterró a sus habitantes. Felipe V quiso incluso borrarle el nombre a la ciudad cambiando el topónimo prerromano del íbero Saití (Xàtiva), que pasó a llamarse a partir de su victoria "Colonia Nueva de San Phelipe" (¡Humm! No me quedó muy claro, pero creo que Nerón no le puso a la nueva Roma “Colonia Nueva de Nerón”, no sé, me perdí la explicación, por aquel entonces yo había desconectado ya del guía mirando con ojos de cordero a mi amor platónico del viaje de estudios).
Pues no se lo pierdan, que los setabenses (que éste es el gentilicio de los nacidos en Xàtiva) se la han devuelto a Felipe V In sæcula sæculorum y se tomaron su venganza de tal modo que hasta en la actualidad la ciudad mantiene el retrato de Felipe V cabeza abajo en el Museo de Bellas Artes. De esta suerte se lo pagaron. Juzguen ustedes amables lectores, y si viajan a esa bellísima ciudad podrán comprobarlo.
¡Nos vemos en una nueva aventura histórica!

