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ENTRE TÚ Y YO

¿Egoístas o solidarios?

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 03 de Junio de 2021 Tiempo de lectura:

 

Yo creo que a pesar de todo avanzamos. Los que ya observamos la vida sin la vitalidad de la juventud no quiere decir que demos la espalda a la realidad, al contrario, nuestro optimismo juega con algunas ventajas: una de ellas es ser consciente de estar casi fuera de juego, que no es lo mismo que estar fuera del mundo real. Seguimos participando con otras sensaciones, sin el apogeo que se le considera a la edad de la productividad profesional. Pero no todo es así de afable. Es complicado asumir la propia existencia, cuando se ha cruzado a una orilla que no tiene retorno.

 

            Me admira y me hace sentir bien darme cuenta de que hay mucha gente que vale muchísimo, que está plena de facultades y que todavía tiene cosas importantes que decir o hacer. Es un lujo de la generación de la que hablaba la semana pasada. Son tantas las personas que siguen al pie del cañón, haciendo lo que han hecho toda la vida: literatura, arte, música, docencia, ciencia, trabajo… un sin fin de actividades que están consideradas, porque la inteligencia y las ganas de seguir adelante no están reñidas con la edad.

 

            Y yo siento debilidad por Louise Glück, que ha ganado el Premio Nobel de literatura de 2020 con 77 años. Es una mujer admirable, mantiene una relación perfecta con el mundo que la rodea. Su lectura es extraordinaria y clara, precisamente por describir tan limpio y transparente todo lo que ve en un instante, o piensa mientras ocurre algo cotidiano. Mucha paz tiene que haber en su espíritu para expresar con tanta sobriedad un mundo que ella personaliza y utiliza para hacerlo universal.

 

            Aún así me pregunto si el mundo está lleno de gente insensata. Está bien avanzado el siglo XXI, el cambio de mentalidad se refuerza con todas las buenas intenciones que nos llegan de propuestas razonables, los criterios van adelante atendiendo los derechos humanos. Con estas ofertas se puede encontrar armonía en la vida, pero ¿y los que no tienen nada? Los que no participan, son anónimos, sin posibilidad de tener una vida digna; una tortura por la que tantos pasan cada día; tan incomprendidos, tan molestos... Porque es así como se ven estas cosas. Es la cara de la otra moneda.

 

             He leído con mucha atención el artículo de un compañero sobre los propósitos de empresas que están magnificadas, apoyadas por sus excelencias, en este caso. El resultado psicológico y emocional de alguna trabajadora ha hecho saltar la liebre e inclinar la balanza hacia aspectos muy negativos. Respaldada por su curriculum para el puesto, más tarde ha renunciado y ha tenido la valentía de escribir su propia biografía con las críticas más feroces. Y la casualidad es que el día anterior hablando con una amiga, me explicaba la misma situación en cuanto a su trabajo de hace muchos años.

 

            Conseguir los objetivos de las grandiosas empresas pone en situación de esclavitud a sus trabajadores, puesto que esos objetivos a los que les somete el sistema los apartan de sus sueños profesionales. El modelo que encuentran es astuto, hipócrita y llevan al desengaño toda finalidad ética; porque nada parece mejor fuera de la frase “el fin justifica los medios”.

 

            Y a la pregunta, ¿somos egoístas o solidarios?, no hay respuesta certera. Porque la gente fabrica sus guerras, sus ansias de poder, de criterios. Unas fronteras se abren cuando otras se cierran. 

 

            Decir todo esto, mientras las palabras se forjan más o menos solas, con la conciencia tranquila por el hecho de escribirlas, no sé si tendrá algún valor. Menos mal que los que ya hemos saltado varias fronteras, nos encontramos con otras herramientas que son los pensamientos, las emociones y los sentimientos, que suben y bajan con total desenfado, nos hacen mirar la tristeza como algo natural. ¿Por qué no? Pues por la misma razón de que también se abren unas puertas al mismo tiempo que se cierran otras.

            Y recuerdo un pensamiento hippie que no ha envejecido:

            Sigue tu destino sin miedo,

            o incluso con miedo,

             pero sigue tu destino.

             

            ¡¡Feliz semana!!

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