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ENTRE TÚ Y YO

Plan B

Esther Egea Miércoles, 23 de Junio de 2021 Tiempo de lectura:

 

En la vida todos tenemos un plan B. Y si tu hijo es estudiante y ha suspendido, recuperar los suspensos en verano, es su plan B. Muchos  padres inician el verano con la incertidumbre de qué hacer para enderezar los estudios de sus hijos. El desinterés, la falta de esfuerzo y de técnicas de estudio o de voluntad pueden desencadenar en suspensos que deberán ser afrontados de distinta forma, según las edades de los hijos.

 

Para no dramatizar y caer en recriminaciones poco educativas, lo mejor es preparar el plan de estudios del verano, donde NO tenga que elegir como castigo renunciar a las actividades propias del verano. No es saludable para ninguno de la familia nada más conocer los resultados académicos agobiarse con “un mañana mismo te pones a estudiar”; con horarios interminables, madrugones asfixiantes y poca empatía al momento del hijo.

 

Es posible que haya sido holgazán y poco disciplinado pero detrás de esa conducta puede haber muchos cambios emocionales y sociales, conflictos internos y mucho de “patito feo”. Lo interesante es sumar, no asociar un error o tropezón personal en una guerra familiar. Al final, el mayor legado que se le puede dar a un hijo es enseñarle que la vida es sumar obligaciones, pasiones,  compromisos, errores y aciertos.

 

Y para que el hijo pueda hacerse responsable de su problema y pueda asumir las consecuencias de sus actos conviene que vea los estudios como su obligación y exigirle el esfuerzo que no ha hecho o no ha podido hacer durante el año. Es verdad que es su responsabilidad pero también es verdad que forma parte del proyecto educativo de la familia y cuando hay que ampliar el plazo hasta septiembre, hay que apoyarle con firmeza.

 

Suspender asignaturas no significa que un niño vaya a fracasar en la vida sino que necesita ayuda. Un suspenso NO equivale a un fracaso de por vida, aunque lo principal es ponerse manos a la obra para evitar que ello se convierta en una constante en su trayectoria educativa. Tiene que interiorizar la importancia de estudiar, con un compromiso diario con el estudio para que pueda alcanzar con éxito las exigencias escolares. La confianza y motivación es condición necesaria pero no es suficiente, por lo que habrá que ayudarle con una buena planificación y organización, conciliando la diversión y el descanso estival con el estudio pendiente.

 

Hay personajes muy importantes de nuestra historia que fracasaron académicamente y que son un claro ejemplo de que el futuro está siempre por hacer. A Albert Einstein, conocido como el científico más importante del siglo XX, le dijeron “nunca conseguirás nada en la vida”; Rafael Alberti, poeta de la generación del 27, fue expulsado por malos resultados académicos y mala conducta; Thomas Edison, científico e inventor, fue calificado de “alumno estéril e improductivo”. Grandes personas que, en su momento, fracasaron y que luego hicieron grande a la humanidad. Nuestros hijos, quizás no sean científicos, pero son el futuro, un futuro por hacer.

 

Una persona que confía en sus posibilidades es capaz de todo, es un plan A; pero no hay que olvidar que en la elaboración del autoconcepto positivo interviene la confianza personal y la de los demás. Si no confía en sí mismo porque se cree tonto, vago o incompetente y los padres lo etiquetamos de igual forma, es complicado que busque experiencias positivas porque internamente no se puede permitir el éxito, eligiendo ser plan B en su vida. Puede ir con la idea de fracasar y sacarlo en segundas oportunidades, en septiembre, dándole de comer al monstruo de los fracasos. Si por el contrario, se cree capaz, luchará por el plan A, porque se siente competente y válido y sus fuerzas se dirigirán a sentirse igual de bien de cómo piensa.

 

La tarea de los padres no es sólo que el hijo estudie los suspensos en verano, sino ayudarlo a que tenga más confianza para percibirse competente. Aquí la asignatura pendiente de los padres es que su hijo se crea capaz de conseguir las metas y a la primera. Ayudemos al hijo que posiblemente se vea como «el patito feo» y que no cuenta o no sabe lo que le pasa para que con madurez y comprensión se convierta en su mejor versión. ¡Buen verano! Esther.

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