
¡Hola!
¿Qué haces aquí?
Como cientos de veces, dos chicas me saludaban así, una tarde de sábado cualquiera en el centro de Madrid.
Me giré para descubrir a dos chicas jóvenes, una con media melena negra y flequillo, la otra con el pelo rubio y ondulado, esta segunda parecía más tímida.
En tono alegre se interesaban por mi actividad.
-Escucho historias de amor!
-Buah pues la nuestra tienes que escucharla, pero te advierto que nuestra historia es de película.
Con esa oración se sentaban delante de mí.
-Pues contadme que hace que vuestra historia sea tan extraordinaria.
La chica morena que llevaba la voz cantante inició su relato apoyada en diferentes fases de la historia por su compañera que, certera y coherente, daba apuntes para construir con exactitud la historia.
Nos conocimos en el hospital, en el apartado de psiquiatría. Ella entró justo un día antes que yo.
Ocurrió hace tres meses.
Las dos entramos por lo mismo. Intento de suicidio.
Cuando estás en esa planta no te permiten comunicarte con otras pacientes.
Solo hay dos momentos en los que puede ocurrir que compartas algo con otra persona. Cuando comes, que te sientan con alguien, que no eliges tú y en clase, cuando viene el profesor a impartirnos alguna asignatura, estás con más personas, pero hablar con otra persona, lo que se dice hablar, solo en la comida.
Así conectamos, el día que nos pusieron juntas a comer. El menú era tortilla.
Me encantaba Alba. - La mira con sonrisa inmensa y esta le devuelve el cariño con otra mirada-.
No sabía muy bien si yo le gustaría a ella, pero era muy consciente de lo que me hacía sentir pensarla y realmente me hacía sentir muy bien imaginar que podría ser recíproco.
No nos volvieron a poner juntas en ninguna comida, pero sí que nos las ingeniamos para comunicarnos.
Nos escribíamos cartas que metíamos entre los libros de clase o entre los apuntes y compartir este tipo de material si estaba permitido.
De repente Alba toma la palabra.
Yo nunca había sentido algo así por una chica y estaba totalmente desconcertada por la novedad que para mi suponía.
Era algo que me generaba miedo y me atraía al mismo tiempo. Dejé que ganase todo lo bonito que me regalaba verla cada día y poder tener una relación por carta clandestina era todo lo que necesitaba en ese momento.
Fue de las mejores decisiones que he tomado.
Nos la jugábamos para vernos a escondidas buscando los ángulos muertos de los pasillos, siempre vigilados por las enfermeras y poder dormir juntas o al menos pasar un rato.
Así transcurrieron nuestros últimos días allí.
Cuando nos dieron el alta. Fue primero a ella y luego a mí, pero al salir, me estaba esperando.
Vicky vuelve a coger el timón de la historia para concluir.
Nos hemos encontrado para superar una de las peores situaciones de nuestra vida y ahora nos estamos permitiendo disfrutar esta segunda oportunidad a golpe de compañía, museos y como no, pinchos de tortilla.
Cuando acabaron de contarme su historia quedamos un buen rato hablando de educación y de comunicación en tu entorno. Como esta puede llevarte a tomar ciertas decisiones y me quedé impactado de toda la coherencia y presencia que tenían sus palabras, haciendo visible un tema que realmente necesita de dicha visibilización.

