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Las organizaciones hemos dedicado, o al menos deberíamos haberlo hecho, innumerables recursos para conseguir que los empleados dispongan de un entorno de trabajo adecuado para el desarrollo de sus capacidades y mejora de su bienestar.
Esto no lo hacemos, desde mi opinión, por el mero hecho de ver a nuestros empleados “felices”, sino que lo hacemos porque, de esta manera, la productividad aumenta de manera exponencial y eso nos lleva, sin duda alguna, a ser organizaciones más eficientes y rentables. De acuerdo con el estudio “Felicidad y Trabajo” por la consultora Crecimiento Sustentante, cuando tus colaboradores son felices en su trabajo presentan hasta 33% más energía y dinamismo, mejor adaptación a los cambios y hasta 300% menor riesgo de tener accidentes laborales, que incrementa en un 88% la productividad de tu empresa.
El COVID19 llegó a nuestras vidas para cambiar muchos de los hábitos que, hasta el momento, teníamos instaurados: saludar estrechando la mano o dando dos besos o llevar una mascarilla puesta la mayor parte del día, por ejemplo.
En las empresas también se han producido cambios importantes. Quizás, el más representativo ha sido implementar el teletrabajo como medida de prevención para evitar los contagios masivos entre los empleados.
El teletrabajo lleva mucho tiempo entre nosotros. Hay muchas empresas que ya llevan años implementando esta medida. Hace unos años coincidí con la que, entonces, era directora de RRHH de Kellogg’s. Le solicité una reunión para que me explicara las políticas de RRHH que tenía implementada y, así, poder aprender para llevarlo a mi empresa.
Me contaba que una de las medidas fue la de equipar a todo el personal de la central con un portátil y conexión a internet para que pudieran trabajar desde casa los días que quisieran. ¿Cuál crees que fue la respuesta de los empleados de Kellogg’s?
Este solo es un ejemplo de tantos otros que hay. Pues bien, la pandemia hizo que los CEO o Directores Generales, apoyados por sus departamentos de RRHH, tomaran la decisión de enviar a todo el personal que pudiera trabajar a distancia a sus casas. Parecía que nos encontrábamos ante la oportunidad que, muchos directores de personas, hemos perseguido durante años. Hacer entender a esos “jefes presencialitas” de que trabajar desde casa es tan productivo o más que hacerlo en la oficina. Funcionó muy bien y los resultados no se vieron afectados por esta decisión, todo seguía en orden.
En este tiempo, los que nos gobiernan, se sacan de la manga el Real Decreto-ley 28/2020, de 22 de septiembre, de trabajo a distancia. Una ley que lo único que hace es poner “palos en las ruedas” dificultando a las empresas la aplicación del teletrabajo y desincentivando su puesta en marcha. Sería bueno que estos gobernantes, antes de serlo, puedan trabajar alguna vez y entender que el mundo de la empresa está muy distante de su mundo idílico de despacho y asesores.
Cuando la pandemia dio un respiro, los CEO, sobre todo de la pequeña y mediana empresa, echaron el freno de mano y llamaron a filas a todos sus trabajadores para que volvieran a su puesto de trabajo en la oficina. Volvían a pensar que teniéndolos a la vista trabajarían más y mejor. Evidentemente, estaban y están equivocados.
Volviendo a la historia de Kellogg’s, lo que ocurrió es que los empleados, que tenían la oportunidad de quedarse en casa todos los días, lo que hacían es ir a la oficina de manera masiva y trabajar desde allí. La clave estaba en que tenían la libertad de poder teletrabajar el día que lo necesitaran de verdad: para quedarse con sus hijos que ese día no iban al cole, para terminar un proyecto importante y no tener interrupciones, ...
Las empresas que, a día de hoy, siguen teniendo a sus trabajadores teletrabajando ya están pensando en dar marcha atrás y volver a la presencialidad, no porque quieran ver todos los días a los empleados, sino porque son estos, los que se lo están pidiendo.
El éxito del teletrabajo no está en sacar leyes inútiles que parecen redactadas después de una mala noche de humo y póker, no está en volver a la presencialidad total, ni al teletrabajo obligado, sino en ser flexible y que sea el empleado el que decida si ese día va a la oficina o no.
Las organizaciones que entiendan esto podrán captar más talento, porque el talento busca empresas flexibles, empresas líquidas.
Me temo que el teletrabajo fue un momento idílico que pudo ser y no fue… de momento.
Lucio Fernández
Julio 2021

