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ENTRE TU Y YO

Sueños que ayudan a vivir

Ángeles Hernández Gil Jueves, 15 de Julio de 2021 Tiempo de lectura:

 

Recuerdo a Sara, una mujer excelente destrozada por las vicisitudes de su vida. Rozaba un auténtico drama silencioso que solo podía compartir con sus caballos. Un medio de vida que no desaprovechaba en su día a día. Una realidad que le imponía vivir en un mundo aparte, aislada cuando todavía sus energías superaban cuanto hubiera por delante, siempre consciente de la importancia de sentirse útil con sus animales viejos pero agradecidos. Así era su vida.

El coche se desliza por una carretera, que bordea un pantano bajo un luminoso cielo azul, con frondosos árboles. No pasa nada, el camino es estrecho, poco fluido. El silencio que les rodea sigue siendo el mismo de siempre. La radio es un simple apoyo para evitar en lo posible la ausencia de toda humanidad. Parece un mundo dormido, encantado. Saben que Sara las espera, pero no adivinan de qué manera. Sin hablar, van tejiendo su propio pensamiento común: quisieran evitar ese caos, reconstruir ese corazón solitario. Nada es mejor que unos días juntas, improvisando cada momento. Donde no existe programa ni preparación alguna. 

La isla está rodeada de una naturaleza de increíble belleza. Unos días en casa de Sara; dos amigas acompañando a otra que vive perdida un poco más de lo que ha estado siempre. Porque son ellas, las que van a acompañarla, a sacarla de ese ensimismamiento en un lugar tan bello, pero a la vez tan apartado, tan duro y tan desierto.

Desean reconquistar ese corazón solitario, sin embargo, al llegar se dan cuenta de lo diferente que es todo, y no hace falta ahogarse en una salvadora aventura, cuando, demasiados inocentes, pensaban que lo más difícil es ser libres, como lo es Sara. Lo curioso es que Sara no deja de sonreír ante las expresiones de sorpresa por lo que las otras encuentran, no hay vallas ni cierres herméticos. Las paredes de la casa que dan al exterior son de cristal para recrear las vistas impresionantes que la rodean. La vegetación ha sido muy generosa en este lugar, como su dueña para sorprender…y no ser ella la sorprendida. Y la idea de sentir miedo está vetada… a estas alturas, ¿de qué o de quién?

El viejo estanque está helado, por lo tanto, ha aumentado su atractivo. Es una pista lisa, firme, preparada para deslizarse como hacían en tiempos anteriores. El frío es intenso casi siempre, y el sol un bien poco común. Así es.   Sara ha colocado en el rellano de la escalera, con todos los zapatos, unos antiguos patines que… “Son para nosotras. El hielo está muy duro y podremos patinar. Mirad el jardín, parece una selva civilizada, menos salvaje” -dice queriendo resaltar su trabajo-. Sí, el cambio las ha dejado sin aliento, un poco vacías, porque lo que esperaban no era este derroche de esfuerzo hacia ellas. Al contrario, lo lógico es ver a Sara agotada, dejada y deprimida. Quizás es una aparición fantasmal, pero al revés; se ha producido una metamorfosis hecha por un motivo. “¿Qué es esto?” “Ya veis, es un premio a vuestra generosidad”. “Pero no hemos sido generosas… Queríamos estar contigo, apartar un poco tu soledad… nos apetecía mucho venir”. “Pues lo habéis conseguido, y yo a cambio he arreglado un poco todo esto; hacía mucha falta una pequeña batida para mejorar mi vida… Espero que os sintáis preparadas para vivir una aventura conmigo”.

Sara existe; la conocí y su vida me pareció una historia llena de ternura, ella vive para y por sus caballos que han envejecido mucho, y que no está dispuesta a abandonar. Son muchos años de vida y trabajo junto a ellos. Es el principal motivo por el que se ha aislado del mundo. Por ellos, y porque su hijo vive en las antípodas, y su único consuelo son estos ancianos animales, a los que dedica su vida. No tiene a nadie a quien cuidar y son ellos los responsables de hacer que su vida tenga sentido. Y es de esta manera como una mujer perdida en un pequeño punto de la tierra se siente feliz.

 Cumplir sueños tiene su importancia, tenerlos es situarse en la espera o en la incapacidad de llevarlos a cabo. Pero si se realizan, consolidan una validez que solo está dentro de la persona que sueña. Soñar está arraigado íntimamente, escondido en lo más profundo del ser humano. Un privilegio, un medio que hace espíritus sanos y fuertes, como esta encantadora mujer de la historia.

          ¡¡Hasta la semana que viene!!

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