
Conquistar la sensibilidad y sorprender.
Christian Boltanski, que falleció en la mañana del pasado miércoles, a sus 76 años, conectaba con esos dos núcleos conceptuales.
A este artista, reconocido como uno de los principales artistas franceses contemporáneos de los últimos tiempos, le interesaba el contraste entre la importancia del individuo y su inexorable desaparición en su capacidad para dialogar con su tiempo.
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“Mi actividad consiste en recordar a los que desaparecen”. Así avisaba este artista que jugó con la memoria, la vida, la muerte y los retazos de esa memoria vivida.
Este visionario conocido principalmente por sus instalaciones pudo complementar su obra en disciplinas como la fotografía, el cine o la escultura, recursos que le llevaron a investigar siempre sobre las diferentes realidades.
A principios de los 80 presentó una serie de obras realizadas con objetos usados, sobre todo fotografías viejas. Coleccionista de las ferias y los mercados, Boltasnki rescató y reprodujo estas obras, que en algunos casos eran de dimensiones notables pues pretendía que en ellas se activara la memoria de un tiempo disuelto.
Pero es en este mismo mes que surgen dos actos que siento pueden estar hilados por la misma costura. Seguramente por la capacidad de empatizar con su tiempo y por su profundidad.
Primero la repentina muerte de este artista tan significativo, sus propias emociones, angustias y recuerdos donde pasado y presente acabaron consolidando un marcado estilo personal.
El segundo es dar otro paso temporal en lo colectivo, y mi reciente encuentro con el artista cartagenero Antonio Gómez Ribelles (Valencia), con Hijos del Volcán, su última exposición individual que actualmente acoge el museo de la Fundación Casa Pintada en Mula (Murcia).
Gómez Ribelles también se apoya en una narrativa posiblemente similar, valiéndose de la memoria y de la temporalidad. Busca también a través de su explorada intervención con algunos ferrotipos, extraídos de ferias y colecciones particulares, como hacía también Boltanski para nutrirse de sus proyectos. Con ello da un nuevo paso sutil y poético al encuentro con la vetusta imagen, posiblemente en su afán de reparación ya que asusta ver cómo hemos olvidado.
![[Img #83944]](https://murciaeconomia.com/upload/images/07_2021/1911_antonio-gomez-ribelles-002.jpg)
Una apropiación creativa que desarrolla el autor interviniendo las imágenes calladas. Las fragmenta, las encadena, después las revela a esa realidad que depende siempre de lo que hay debajo. Pues tal vez, aquello que se oculta sea la última capa blanca que evidencia la pureza del alma.
El artista hace uso de su verdadera independencia con la intuición y la observación directa sobre algunas fotografías que rescata del tiempo. Las libera repasando con trazos y fragmenta en pedazos volviendo a requerir todo aquello que ya estuvo en contacto con esas personas, en sus ojos, en las bocas que hablaron o besaron, en el vestir o en las ventanas de esos paisajes con apariencia árida.
En algunas imágenes de la muestra Hijos del Volcán, se aprecian una cierta individualidad inquietante del propio yo. La identidad/huella a partir de un pequeño negativo. Curioso ver que estos negativos tengan ya una conciencia vivida, porque es justo el tratamiento que ha empleado el creador para respetar la viva esencia del proyecto.
Con su última investigación, Gómez Ribelles devuelve el protagonismo a esa estructura orgánica, a esa clase de isla desierta que de algún modo deja revivir la pasión y la vida misma desde la erupción más intrínseca en el ser.
En esta visión dual/afectiva, observo, hablamos de otras personas que buscan recordar, yo creo que mientras me has leído, nos olvidamos de este virus por un instante, porque no podemos vivir sin olvidar aquellos, ya hijos de otro tiempo. Como es ahora el artista que recolectó latidos de corazones, Boltanski.

