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ENTRE TÚ Y YO

Sugar

Pablo Piñeiro Martes, 27 de Julio de 2021 Tiempo de lectura:

 

Hoy os dejo la historia de A. V.
 

Me la contó hace unas semanas mientras se celebraba el Orgullo en Madrid y rememoraba anécdotas a sorbos de vermú.
 

Cada uno recordaba las suyas, pero él nos regaló la siguiente historia que desde sus primeras palabras nos enganchó a todos los presentes…

 

Mentiría si dijera que no estoy obsesionado con la belleza y el poder. Siempre fui un niño muy tímido y tranquilo, con una vocecita detrás de la oreja que le decía que lo mejor estaba por llegar. Recuerdo hablar con mamá una noche en su cama días antes de mudarme a Madrid cuando aún tenía 19 años. Soy hijo único, por aquel entonces recién huérfano de padre, con una infancia extremadamente correcta en cuanto a educación, pero con suficiente libertad para ser quien yo siempre quise ser. Mamá me pedía que nunca olvidara la educación y los valores que me habían enseñado. Lo importante que era no perderse a uno mismo. Estaba aterrada de perder a su único hijo, el motor de su felicidad, como ella me llama. Hablamos de muchas cosas, de los estudios, de lo importante que serían mis amigos en Madrid, del esfuerzo sentimental que supondría separarnos…Mamá sabía que una vez yo bajara aquellas escaleras, jamás volvería a vivir allí.

 

  • No te vuelvas loco A. V. siempre has sido un niño muy sensato. Recuerda que los estudios son lo primero, y lo mucho que nos ha costado a tu padre y a mí darte esta educación. Sigue siendo un niño sano como hasta ahora y jamás hagas algo que no quieras porque eres libre de tomar las decisiones que tú quieras.
     

 Yo le respondí algo como:

 

  • ¿Crees que tanto voy a cambiar? No voy a dejar de ser trabajador, ni voy a drogarme, tampoco voy a despilfarrar el dinero como tú te crees…

 

  • A. V., a Madrid vas a estudiar. Has elegido la universidad que tú querías y yo te apoyaré económicamente como hasta ahora. No quiero que trabajes absolutamente en nada hasta que acabes tus estudios, solo te pido que te centres en ser el mejor.

 

  • Bueno mamá, si necesito más dinero puedo trabajar de modelo, o en alguna tienda…

 

  • Me saldrá más caro que trabajes y suspendas por no tener tiempo suficiente para la universidad y dejar asignaturas para verano, así que no vas a trabajar. ¿Tú sabes el tiempo que te quita un trabajo?

 

  • A ver mami, también puedo buscarme un sugar daddy.
     

Mamá cambió el gesto de su cara, se giró en la cama y empezó a llorar.

 

  • ¿Esa es la educación que te hemos dado? A veces siento que no eres mi hijo.

 

  • Mamá no es para tanto, es darle compañía a un hombre con dinero. Es súper sencillo.

 

  • A.V. eso es prostitución. Ahora lo queréis llamar de una forma más elegante, pero eso siempre ha sido ser una puta de lujo.

 

  • ¡No tienes ni idea mamá! Son hombres con poder que se aburren y buscan perfiles como yo, gente guapa pero carismática, con saber estar y tema de conversación. Generalmente universitarios que buscan tener experiencias que por algún motivo aún no pueden permitirse. Te llevan de viaje, de cena, te compran cosas… y te pagan.

 

  • Pero vamos a ver A.V., si tú ya tienes todas esas cosas. ¿Acaso te faltan bolsos, viajes y experiencias? Te doy todo lo que quieres y más, eres un niño súper privilegiado.

 

  • Lo sé, pero yo siempre quiero más, sabes que soy muy inconformista, y si por lo que sea no me llega el dinero para estar en Madrid, te aseguro que no voy a malvivir o trabajar en un barucho. Siempre te enorgulleciste de tener un hijo educado y guapo, y si tengo que usar esas herramientas para conseguir dinero lo haré.

 

  • A.V., el dinero fácil nunca es bueno. Te hemos enseñado que el dinero cuesta ganarlo, hay que sacrificarse. Y a un día de irte a Madrid me estás diciendo que vas a prostituirte… Te aseguro que como me entere que haces alguna de estas cosas, "te corto el grifo" y vuelves a Bilbao.

 

Era el verano de mi tercer año de carrera. Yo vivía con mi mejor amigo, una chica y el que por aquel entonces era mi novio o casi mi marido. (A.) A. pasó esas vacaciones trabajando de camarero en el bar de su tío en Mallorca. Siempre fuimos muy distintos. Valores muy distintos, personalidades que chocaban, sueños que no compartíamos… Nuestras familias y los recursos que ambos teníamos también eran muy diferentes. Por aquel entonces la relación estaba más que marchitada. Habían sucedido demasiadas cosas feas como para hacerme perder toda la ilusión. La pérdida de mi inocencia y el choque con la realidad también llegaron con A. Fue mi primer chico para absolutamente todo. Hoy puedo ver con claridad que aquello no era amor, al menos para mí. Mentiría si no dijera que me gustaba la rutina que tenía con él. A. me tenía en un pedestal, incluso por encima de él. Yo estaba centrado en mis estudios mientras que A. se ocupaba de todas las tareas de casa. Cocinaba, fregaba, hacía las compras, me recogía de la universidad… Me gustaba esa cotidianidad, los viajes que hacíamos, las pelis que veíamos, el sexo con él, nuestras duchas por la noche... Realmente éramos buenos amigos, pero no era amor. Nunca congenió con mis amigos, y con el tiempo pude ver su parte oscura. A. era extremadamente agresivo y controlador. Posesivo y envidioso. Realmente A. siempre quiso ser como yo. Se enfadaba cuando me invitaban a alguna fiesta y no a él, cuando alguien me llamaba guapo o incluso cuando me iba bien en la universidad. Siempre me decía:

 

  • Tienes de forma natural lo que muchos quieren. Eres súper privilegiado, la relación con tu madre, la libertad de ser quien quieres ser, tus estudios… Eres guapo y sabes que eres un chico carismático. Ojalá yo fuera como tú.

 

 Tuve que pagar un precio muy alto por esos momentos buenos que tenía con él. En mis 4 años de relación soporté gritos, insultos, paredes rotas por puñetazos, un labio partido, mi ubicación del móvil compartida a tiempo real 24/7, no conocer gente. Sencillamente dejé ser libre y me perdí a mi mismo.
 

Siempre que cuento cómo estuve viviendo aquellos años, la gente me pregunta ¿por qué aguantaste? Y la verdad es que lo hice pensando en mí. Tenía muy claro cuándo y cómo acabaría esa historia. Acabaría la carrera y cerraría ese capítulo. Lo hice por mi paz y tranquilidad, por la de mi madre y por la de mi mejor amigo. No quería que esa ruptura en medio de la carrera me desequilibrara a mí y al resto. Y por eso aguanté. El día que me gradúe, cogí el teléfono, le llamé y le dije “A., lo nuestro se acabó, cierro una etapa en mi vida, y no quiero que estés en el siguiente capítulo. Acabo la universidad y el contrato del piso se acaba en 1 mes;

 

  •  el 31 de julio nos veremos por última vez.

 

A. llorando y gritando como un niño;

 

  • Eres un cabrón, lo tenías todo planeado. Es increíble la frialdad con la que haces algunas cosas.

 

Retomo lo del verano de 3 de carrera. Como comenté, A. estaba trabajando en Mallorca. Yo tenía Tinder, se supone que teníamos una relación cerrada y exclusiva. Pero los chicos que formaron parte del juego de A. durante nuestros 4 años me hicieron perder la ilusión y honestidad con él. Tuve un match con un señor mexicano de unos 60 años. En sus fotos aparecía de viaje y con un jet privado.
 

Empezamos a hablar y el daddy estaba muy interesado en conocernos. Le conté lo que estudiaba y le hablé de mí. Recuerdo que él me preguntó qué era lo que buscaba en Tinder, a lo que yo le respondí “Conocer gente y se irá viendo” Realmente yo tuve Tinder los pasados 3 años a escondidas puesto que sabía que A. también. La diferencia era que yo jamás quedé con nadie. Mi único objetivo era saber a qué tipo de chicos gustaba. El daddy me dijo que había venido a Madrid por el Pride. Me preguntó qué clase de cosas me gustaba hacer y yo le respondí que viajar, ir de compras y salir con amigos. Él me dijo que podríamos conocernos, que podía llevarme de tiendas o incluso de viaje en su avión. Continuamos la conversación por WhatsApp, por donde le pasé fotos de unas pulseras “Love” de Cartier con diamantes (unos 10.000€). El me respondió que me regalaría eso y cualquier cosa que yo quisiera.
 

Llegó el Pride y salí con mi mejor amigo y un ex ligue (I.) I. Compramos alcohol y fuimos al centro. El daddy continuaba escribiendo “¿Por dónde estás mi amor?” Realmente aquello no era más que un juego para mí, por lo que mostraba cierta indiferencia. Le conté la historia a mis dos amigos. Ellos no se sorprendían de nada, pero si les hacía mucha gracia. Recuerdo haberle pasado una foto al daddy de cómo iba vestido ese día. Una camisa de manga larga azul, unos bañadores bóxer azules, gafas negras y una riñonera de Gucci. Suficiente para distinguirme entre toda la multitud. Me agarró del brazo y me dijo:

 

  • Mi bebé, que lindo estás. Vente conmigo al hotel y tomamos algo”
     

Mis amigos me dijeron;

 

  • A. V. ve, te tomas algo, le sacas pasta y continuamos la fiesta. Te acompañamos a la puerta del hotel y si no respondes en 15 minutos vamos a por ti.

 

No me pareció mala idea y acepté. Recuerdo entrar al hotel Only You en la calle Barquillo. Ya había estado anteriormente en él. El típico hotel de 5 estrellas ideal y apetecible. Aquella vez lo vi tan descontextualizado que me impresionó aún más. La calle llena de gente bebiendo, con música alta y un calor abrasador. Yo entrando por el lobby de aquel hotel con un señor millonario que no conocía de nada.

 

  • Bebé, prefiero subir a mi cuarto para cambiarme de ropa y bajamos a tomar algo.
  • No te preocupes, podemos ir directamente, tomamos algo rápido y ya está.
  • No, no, bebé, quiero ducharme.

 

Confieso que aquellos “bebé” me removían el estómago hasta el punto de casi hacerme vomitar. Llegamos a su cuarto y cerró la puerta con pestillo. Me pidió dejar el móvil en su mesita de noche y accedí. Yo intentaba parecer seguro, cómodo y acostumbrado a aquella situación, pero el señor pudo notar mi incomodidad.

 

  • Relájate bebé, ponte cómodo, quítate la ropa…

 

 Le dije que estaba cómodo y no hacía falta. El daddy empezó a quitarse la ropa hasta quedarse desnudo. Sentí cierto rechazo ante aquella situación. Por aquel entonces solo había estado con A. y aunque hubiéramos estado 4 años, el único cuerpo desnudo y la única persona con la que me había visto en una situación similar era él. Se tumbó boca abajo en la cama y me pidió que le masajeara. Sin yo tener absolutamente ni idea de dar un masaje, y con cierto rechazo de tocar a aquel anciano accedí. Mientras tocaba su espalda, él decía “Que bien lo haces bebé” incluso yo sabiendo que lo estaba haciendo realmente mal. Por un momento analicé la situación y sentí repugnancia. Me vino a la cabeza la conversación con mamá en su cama tres años atrás. ¿Qué necesidad tenía yo de estar tocando a un viejo que me daba asco por una pulsera de Cartier o 400 o por tomar una copa? Realmente ninguna. Notó mi incomodidad, se levantó de la cama y se puso frente a mí. Me dijo si me podía besar a lo que le respondí que no. Seguido empezó a abrirme la camisa “Tienes un cuerpo muy lindo bebé, eres un muñequito”. Yo estaba sentado en la cama y él se arrodilló.

 

Empezó a bajarme el bañador cuando llamaron a la puerta. Se oían varias voces tras ella. El daddy se levantó y me dijo;

 

  • Eres mayor de edad ¿verdad bebé?
  •  

 Yo le dije que sí, que tenía 22. Me respondió.

 

  • Ve al baño y ciérrate bebé.

 

Le dije que no, giré el pestillo y abrí la puerta de la habitación. Me encontré con 7 policías y dos empleados del hotel. Sin decir nada, entraron a la habitación, me sacaron de ella y acorralaron al daddy. Se me acercó una mujer, policía, y me empezó interrogar.

 

  • ¿Me puedes dejar tu DNI? ¿Conocías a este señor? ¿Te dedicas a esto o te estaba forzando? ¿Quieres poner una denuncia? Tus amigos nos han llamado diciendo que estabas en peligro y por eso hemos venido”.

 

Honestamente yo no estaba asustado, de hecho, obviando la situación repulsiva de tener que ver y tocar a aquel señor, todo lo que estaba pasando me hacía hasta gracia. Le dije que no pasaba nada, que quería irme con mis amigos y ya está. Mi único miedo era que mamá se enterara de aquello. Mamá y yo no tenemos ni un solo secreto, pero este sería el primero. Me dejaron marchar y tras mi pude ver al daddy desnudo extremadamente nervioso hablando con 5 policías. Bajé el ascensor y llegué al lobby donde un par de empleados me miraban como si supieran lo que estaba sucediendo. A la salida I. y mi mejor amigo estaban esperándome. I. no parecía muy preocupado, sin embargo, mi mejor amigo estaba casi llorando. Me abrazó y me dijo;

 

  • Hemos llamado a la policía porque no respondías.

 

 I. solo me preguntó;

 

  • Bueno ¿tienes el dinero o qué?

Yo le dije que no y que por favor no tocáramos el tema.

 

No es que no quisiera hablar de ello porque me hubiera afectado más de la cuenta o me hubiera generado un trauma de por vida, sencillamente no quería que la gente supiera esta historia de mí por la imagen que podría dar. Sólo me atormentaba pensar que la gente especulara sobre si A. V. conseguía sus cosas gracias a los sugar daddies, pero sobre todo, que mamá pudiera enterarse de aquello.

 

A la mañana siguiente el daddy me escribió “Bebé lo que hicieron tus amigos estuvo muy feo. Me marcho a México, pero cuando vuelva me gustaría volver a verte”.

 

Bloqueé su perfil y no supe más de él.

 

Hoy, dos años después de aquella noche, mantengo firmemente mi opinión respecto a los sugar daddies. Creo que cada persona cuenta con unas herramientas y que si sabes utilizarlas de forma correcta puedes aprovechar cada oportunidad que te brinde la vida. Evidentemente mi motor de vida no es cazar un daddy. Tengo mi trabajo, que es mi sueño, mis amigos, mi familia y todo lo que necesito para ser feliz. Aun así, soy consciente de mi inconformismo, de mi obsesión por gustar o de mi ansia por disfrutar. Hoy en día hablo con varios hombres por una conocida red social especializada en conectar perfiles como yo con daddies.

 

Hay cosas que no cambian, sigo siendo el A. V. que habla con muchos, pero no queda con nadie. Sigo siendo el A. V. que lo tiene todo y siente que no tiene nada, el que siente que no pertenece a nada ni a nadie, pero a la vez pertenece a todos.

 

  1. V. Nos planteaba un interesante modo de ver las cosas.

 

¿Y tú qué opinas de aprovechar tus herramientas y convertirlas en oportunidades?

 

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