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ENTRE TÚ Y YO

Reflexiones de una propietaria de gatos, por Carmen Bayón

Pepa Fernández Jueves, 29 de Julio de 2021 Tiempo de lectura:

 

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Hace dos años, mi vida cambió. Una persona maravillosa quiso hacerme descubrir la figura del gato como animal de compañía. Sin duda, hoy en día puedo asegurar que la entrada por primera vez de un gato en un hogar es como abrir una caja de sorpresas: no sabes todo lo que está por venir.

 

Es muy frecuente pensar que son los perros los animales que más compañía pueden hacer al ser humano. Sin embargo, para asombro de muchos, diré que el gato es también un fiel compañero (Karens, ¿cuántas veces conseguís ir al baño sin la compañía de vuestros felinos?), capaz de dar cariño, llenar el silencio de una casa y de conquistarte con sus ronroneos.

 

Es cierto que son más independientes que los perros, que buscan sus momentos de soledad, que no es necesario sacarlos a pasear y que se “auto-asean”, pero ello los convierte en una buena opción para aquellos hogares en los que, por circunstancias laborales y/o personales, no se dispone del tiempo que un perro precisaría. Además, salen baratos: si quieres hacerle un buen regalo a tu gato, pon una caja de cartón en su vida, la diversión está asegurada.

 

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Son animales especiales, muy expresivos, majestuosos, pero, sobre todo, cotillas: no se les escapa detalle alguno de todo lo que ocurre en casa y, si te descuidas, tampoco de lo que se cuece en el vecindario. Amantes de las alturas y de pasar las horas muertas mirando por la ventana, cazadores profesionales de insectos, sigilosos y rápidos, especialmente habilidosos a la hora de orientar sus orejas hacia tu voz mientras te ignoran con una elegancia pasmosa.

 

Como ocurre con las personas, no hay dos gatos iguales: cada uno tiene sus peculiaridades, sus manías, su sillón preferido e incluso sus gustos gastronómicos. Por no hablar de esos ojos, esos ojos que a todas las “madres” y “padres” de gatos nos tienen locos: amarillos, azules, verdes, naranjas… Como me dice siempre alguien muy cercano a mí: no hay felino feo, y ¡qué gran razón!

 

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Donna y Noa son quienes me permiten compartir con vosotros estas palabras. Llegaron a casa por casualidad y hoy en día se han convertido en un pilar fundamental de nuestra familia. La adopción de estas dos gatas ha sido y será siempre una de las mejores decisiones de mi vida. La satisfacción de verlas crecer sanas, de descubrirte rincones de la casa que ni tú mismo conocías y convertirse en tan poco tiempo en las dueñas del que, ahora también, es su hogar no tiene precio.

 

Y ya que tengo la oportunidad, os diré que les estoy inmensamente agradecida por hacerme sentir que nunca estoy sola, aunque no haya nadie en casa, por ser mis compañeras del día a día, por escuchar atentas, como si me entendieran, todas mis alegrías y mis penas, y por hacerme sentir afortunada de poder disfrutar de sus ingeniosas e infinitas, aunque a veces maquiavélicas, ideas.

 

De todo ello, creo que se puede extraer la conclusión por excelencia: los gatos son fuente de salud mental para las personas.

 

Por ello, si hay algo que todo propietario de gato querría en esta vida es que fueran eternos.

 

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