Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

¿Cómo nos afecta escuchar quejas?

Juanma Quelle Martes, 03 de Agosto de 2021 Tiempo de lectura:

 

Si te quejas mucho y de todo, confínate. La amargura es contagiosa.

 

Seguro que conoces a alguna persona que ha hecho de quejarse un modo de vida. Quejarnos es una manera de liberar tensión y desahogarnos ante una situación incómoda o desagradable. El problema es que vivimos en una sociedad en la que la que esta expresión ha cobrado un excesivo protagonismo. A veces, se trata de quejas notables, bien argumentadas; en otras ocasiones, por asuntos poco relevantes, quejas basadas en argumentos débiles o infundados. En cualquier caso, lo que no podemos olvidar es que, escuchar quejas constantemente afecta también a quien las escucha.

 

Son varios los aspectos psicológicos que se ven alterados cuando los discursos y la información que nos rodea se caracteriza por el pesimismo, la negatividad o el enfado. Esta es la conclusión general que se extrae de diferentes investigaciones las cuales han concluido que, las quejas modifican el estado de ánimo, la capacidad de atención e incluso la funcionalidad del cerebro.

 

En las próximas líneas nos sumergiremos en esta particular y evitable fuente de malestar y te propondré una serie de consejos para evitarlas.

 

Quejarse como modo de vida

 

Manifestar el desacuerdo o desagrado es una respuesta natural y saludable. Sin embargo, hay personas que hacen de ello un modo de vida. Se quejan con independencia del transcurrir de los acontecimientos. Desde que comienzan el día, encuentran algo de lo que lamentarse: hace calor, hace frío, han tardado en servirle el café, no estaba a la temperatura adecuada, no se han puesto esforzado en preparar su plato favorito o no estaba a su gusto… La cuestión es quejarse. Y, lo que es peor, ni proponen una solución, ni hacen nada para cambiar su situación.

 

Además, en el ámbito de las relaciones, la queja puede llegar a ser una forma consciente o inconsciente de manipulación. Con ella, algunas personas intentan generar culpa, compasión o conflicto. Así, se ahorra asumir su responsabilidad y poner al otro/a en situación de tener que resolver su problema o intervenir para satisfacerle.

 

Hay personas que incluso se permiten manifestar un venenoso descontento ante un problema que no les afecta. También es frecuente que, cuando alguien les propone una solución, una alternativa o les dan una noticia positiva, estas personas encuentren rápidamente un punto débil o negativo con el que empañarla.

 

Las consecuencias de escuchar quejas frecuentes

 

Tener a personas que se quejan constantemente, como las mencionadas, sin duda es una fuente de estrés. Escuchar quejas nos lleva a tener pensamientos y emociones negativas. Nos genera una preocupación y, con ello, el miedo y la tristeza crecen, así como la sensación de que algo, o todo, va mal y debemos estar alerta constantemente.

 

Por si esto fuera poco, escuchar quejas provoca que nuestro bienestar y capacidad de concentración disminuya, ya que los recursos atencionales se tienen que repartir entre más estímulos. Esto, afecta a la propia capacidad de tomar decisiones y resolver problemas, pues la capacidad para fijarse en elementos importantes y descartar opciones se altera.

 

Esto ocurre porque nuestro cerebro interpreta la queja automáticamente como una amenaza. Así, el cuerpo responde desencadenando una serie de procesos fisiológicos que serían esenciales en una situación de emergencia. Es decir, segrega una rápida y gran cantidad de cortisol. En una situación de amenaza real esto serviría para que saliéramos corriendo y escapando de la amenaza o bien defendiéndonos.

 

En el caso de las quejas, no ponemos esa respuesta de escape o defensa en marcha, por lo que el cerebro está interpretando un peligro respecto al cual no hacemos nada. Sólo escuchar pasivamente. Es entonces, cuando los efectos pueden ser realmente nocivos. Al parecer, nuestras neuronas del hipocampo comienzan a morir.

 

Esto ha sido comprobado por un grupo de investigación de la Universidad de Yale. Observaron cómo escuchar quejas durante 30 minutos hace que las neuronas del hipocampo se despeguen y mueran. Esto puede llegar a ser un problema ya que el hipocampo es una región fundamental para la memoria y el aprendizaje, y con ello de la salud cerebral general.

 

Los tres tipos de quejas más frecuentes

 

Existen mil y un motivos por los que quejarse no conduce a nada, es un hábito tan inútil como una danza india para llamar la lluvia. Entonces, ¿por qué algunas personas se aferran a su manía de quejarse como si en ello les fuera la vida?

 

La primera razón es muy evidente: se sienten profundamente insatisfechas. En realidad, esas personas no se están quejando de la lluvia o del calor sofocante, de la soledad o del mal trato que les dio la empleada de turno, se están quejando de su vida, del gran vacío que sienten y de la falta de sentido en las que están sumidas. Una persona que se queja por todo es una persona insatisfecha, alguien que no ha encontrado esas razones que le dan sabor a la vida.

 

La segunda razón es el hábito. De hecho, a menudo la queja es un comportamiento heredado de los padres. Estas personas asumen los lamentos como parte de su comunicación y no conciben una conversación sin ella. En algunos casos la manía de quejarse es tan extrema que, si no lo hacen, simplemente no sabrían como romper el hielo o de qué hablar.

 

La tercera razón es un profundo egocentrismo sustentando en la falta de empatía. Estas personas dan por descontado que merecen más que las otras y, cuando no lo obtienen, se quejan. No son capaces de ponerse en el lugar de los demás y sentirse agradecidas porque su egocentrismo se los impide. Para estas personas, llueve porque el universo está en su contra y la crisis económica existe solo para contrariar sus planes.

 

¿Qué hacer ante las quejas?

 

Tal y como te contamos aquí, escuchar quejas no es saludable para nuestras emociones, para nuestros pensamientos y para el propio cerebro. Sin embargo, es algo bastante fácil de evitar. Con estos pequeños consejos podemos minimizar su efecto.

 

Poner distancia. Dependiendo de la relación que tengas con esa persona, lo mejor es tomar algo de distancia y alejarte. Si no puedes o no quieres perder el contacto, intenta limitar el tiempo que pasas con esa persona.

 

Pide soluciones. Otra cosa que puedes hacer es solicitar soluciones a la persona que se queja. Tomar una actitud proactiva cambiará su perspectiva y sentará mejor a los que rodean.

 

Recuerda que el problema es suyo. Detrás de quien se queja en exceso hay una incapacidad para ver el lado positivo y disfrutar de otros detalles. Así, recuerda que el problema es suyo, y no tuyo, y sonríe y haz un comentario positivo tras la queja.

 

Sé fiel a tus ideas. Aunque escuches comentarios negativos, recuerda cuáles son tus ideas o principios y aférrate a ellos. Esto evitará que tanta queja te haga cambiar de opinión y te nuble el estado de ánimo.

Desconecta. No tienes la obligación de escuchar esas quejas todo el tiempo, puedes permitirte desconectar y dirigir tu atención a esas cosas que te gustan y te aportan cosas positivas.

 

En definitiva, no sucumbas al pesimismo y al lamento de otros, ya que puede influirte y llevarte a un estado de desesperanza y tristeza. Es importante rodearte de personas que piensen de forma positiva y entusiasta, son los únicos en los que encontrarás mas ganas de cambiar las cosas que de lamentarse.

 

Cuando seas tú el que siente la tentación de quejarse y reclamar, recuerda que no haces bien a quien te escucha y que, con la mitad de la energía que necesitas para expresar una queja puedes empezar a construir una solución. Ahorra energía.

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.