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ENTRE TÚ Y YO

Aprender a vivir con el virus

Francisco Luis Velasco Jueves, 05 de Agosto de 2021 Tiempo de lectura:

 

A pesar de las reticencias de ciertos gobernantes a implementar estrategias de salida, cada vez son más los gobiernos en Asia, Europa y América que animan a la gente a volver a su ritmo cotidiano habitual y a instalarse en una nueva normalidad. La pandemia no ha terminado, pero una voz potente y racional se escucha cada vez con más fuerza: debemos aprender a vivir con el virus. Médicos expertos en salud pública e inmunólogos del Instituto de Salud Global de Barcelona consideran que «no está claro» el porcentaje de población vacunada necesario para lograr la inmunidad de rebaño. Destacados epidemiólogos de la Universidad de Hong Kong dejan claro que es mejor «olvidar la inmunidad colectiva», esa quimera ya no es un objetivo realista y hay que prepararse a convivir con la enfermedad.

 

Estas advertencias se han producido justo después de que varios países en todo el mundo estén a punto de alcanzar el objetivo de vacunar al 70% de la población a finales de septiembre, pero las variantes del coronavirus y sobre todo las denominadas «vacunas», se hayan mostrado mucho menos efectivas de lo esperado. Los conceptos, los datos, las esperanzas y las percepciones poco o nada tienen que ver con las de hace un año.

 

Hay gobiernos que han empezado prudentemente a decirles a sus habitantes que se relajen, que se olviden del virus. Que sigue ahí y mata. Un cambio fundamental que ya se percibe en toda Europa alentado por el importante avance de inmunizados, el descenso de la presión hospitalaria y las ganas de terminar con un año funesto. Vivir sabiendo que el virus está ahí, pero vivir, al fin y al cabo. La gente está cansada de la batalla. ¿Cuándo y cómo terminará la pandemia?

 

Por mucho que nos empeñemos en que la realidad sea distinta, este virus ha venido para quedarse. No hay manera de saber cuánto tiempo tendremos que esperar. Sin embargo, hay quienes deambulan por la calle o por la playa enmascarillados lanzando miradas feroces a los que se cruzan en su camino, convirtiendo su existencia en una verdadera pesadilla, esperando recuperar el vínculo con la comunidad, el contacto social, el ritmo normal de la vida diaria que existía antes del coronavirus tras el ansiado anuncio del fin de la pandemia. La cosa no funciona así. No obtendrán ningún resultado. Ningún dato es prometedor. La pretendida normalidad no se interpondrá en su camino a menos que dejemos la puerta entreabierta en vez de empeñarse en defender lo contrario. Todavía existe mucho miedo a perder el miedo.

 

Seguirá habiendo muchos casos: tenemos que asumirlo. La clave según los expertos no está en el número de contagios. La clave está en mantener bajas las hospitalizaciones y las muertes. La mayoría de los países de nuestro entorno están alentando a sus ciudadanos a mantener la seguridad a través de la «responsabilidad individual», a aprender a vivir con el virus. Con ello se le da a la gente una sensación de progreso, en lugar de esperar a que llegue ese glorioso día en que se dé el banderazo de salida, (que puede que nunca se produzca) o finalmente perdamos la cabeza.

 

A pesar de que los científicos advierten que las estrategias de salida de la pandemia podrían ser prematuras, el surgimiento de variantes del virus significa que incluso los países donde hay vacunas de sobra, entre ellos España, seguirán siendo vulnerables. Es imposible ganarle la batalla a este virus, y como todo en la vida, llega un momento en el que hay que darse cuenta de que no puedes alejarte de la realidad, de las personas que te rodean, de la sociedad. Esto no acabará. El temor te paraliza, pero con cada día que pasa habrás perdido años de tu vida. El riesgo de que vuelva a aparecer una nueva variante irá en aumento. Entonces volverás al punto de partida. Todos aquellos países que se jactaban de tener ambiciones de Covid-cero están dándose de bruces con una cruda realidad y reformulando sus políticas epidemiológicas.

 

No se trata de abandonar la hoja de ruta, se trata de cambiarla. Tampoco ayuda poner el acento en la noticia y el titular sensacionalista, en obsesionarse con los detalles morbosos de cada nuevo caso de Covid, sobre todo aquellos que afectan a menores de 40 años, (normalmente afectados por graves patologías previas que redactan en letra pequeña). Nos estremeceríamos infinitamente agradecidos si algún noticiario nos dijera que, a fecha 3 de agosto de 2021, el 98.2% de las personas contagiadas en España de Covid-19 se han curado. No se trata de aumentar la sensación patente de temor, ni la de derrota, se trata de infundir confianza y, sobre todo, esperanza.

 

A partir de ahora, las autoridades españolas, en vez de deambular tratando de deducir cuál será la siguiente prohibición, deberían dedicarse a tiempo completo a implementar planes que preparen psicológicamente a la población, que tracen un camino claro para superar el efecto ensombrecido de la pandemia: la ausencia de seguridad, la sensación de estar en un pozo sin fondo helados hasta la médula. La estrategia pasa por monitorear la cantidad de ingresos de personas que enferman gravemente o cuántas requieren cuidados intensivos, en lugar de airear con sorna y doblez los nuevos contagios que no precisan de hospitalización ni cuarentena. Una táctica que otros países denominan «supresión suave».

 

Los científicos aún no comprenden por completo la enfermedad, ni los síntomas a largo plazo. Tampoco tienen mucha certeza sobre la duración de la inmunidad que brindan las vacunas ni de cuánto protegen contra las variantes. Gran parte del mundo desarrollado sigue enfrentando un aumento de infecciones, lo que le da al virus una mayor oportunidad de replicarse, aumentando los riesgos de más mutaciones y propagación. No podemos vivir a expensas de un virus cambiante que limita nuestra existencia, nuestros derechos, nuestra libertad, no podemos estar toda la vida ensimismados y obsesionados.

 

Nos encontramos ante una encrucijada en la que debemos decidir entre una hilera de oscuras restricciones y aprender a vivir con esta lacra. ¿Riesgo cero? Imposible, por así decirlo. Las cosas claras. Hemos hecho lo mismo con otras enfermedades contagiosas que causan más muertes como las infecciones respiratorias, el sida, las enfermedades diarreicas, la tuberculosis, la meningitis o la hepatitis B aguda. Ha llegado el momento de ser consecuentes, ha llegado el momento de empezar a plantearnos si queremos volver a ser las personas que éramos antes de la pandemia. Tú decides…

 

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