
Cuando era joven leer el título de las películas determinaba si podría gustarme o no, y todavía hoy me rijo en gran medida por esa especie de talismán que me incita a descubrir por mi cuenta lo que todavía no conozco. Entonces era muy poco selectiva, me encantaba el cine sencillamente, me impresionaba, y cualquier título que me entrara por los ojos, si encima los actores estaban dentro de mis favoritos el resultado estaba asegurado. Como tantas otras “Cuando llegue septiembre”, con Rock Hudson y Gina Lollobrigida fue un buen gancho, una edad en que todo entusiasma; el cine es magia y la fantasía vuela por encima de la realidad. Esa sensación me produjo esta comedia de enredo, sin drama, con mucha belleza y humor. Una trama que se va tejiendo mientras ocurren cosas que no están en el programa. Lo mejor y más amable para cuando todavía se saborean días de ocio que proporcionan momentos agradables por su falta de contenido.
El final del verano se manifiesta como el principio de algo que está por llegar y no como un desenlace feliz que se esfuma de repente. Los ciclos terminan para dar paso a otros que nos esperan con una nueva expectación. Tal vez no hay que detenerse solo en las situaciones que se nos presentan como buenas; lo importante es seguir construyendo nuestras propias razones que son las que hemos ido trabajado, nos convienen y forman nuestra hegemonía de vida, siempre con una finalidad concreta.
Después de muchos devaneos con mis elucubraciones creo con más convencimiento en un mundo mejor. Ya está bien de hacer balances protectores como si tuviera que defenderme de un enemigo, quiero asegurar mi pensamiento, dispuesta a seguir en pie de guerra para ganar alguna batalla.
Es verdad que mis lecturas veraniegas han sido más bien historias de personajes dominados por contradicciones personales y sociales, y no he podido evitar tomar apuntes de escritores que puedo considerar optimistas, pero aun así a la hora de exponer sus opiniones me han sorprendido, como David Foenkinos, casi siempre un mago de lo positivo y desenfadado, aunque también sabe manejar desenlaces fatídicos. He leído una entrevista en la que sus declaraciones apuntan hacia el pesimismo aportando hechos muy contundentes, diciendo cosas como que la gente necesita, para sentirse mejor alimentarse con las adversidades de los otros.
Quizá tenga algo de razón porque si nos fijamos los programas donde se cuentan las peores controversias y ruinas humanas de todo tipo, suelen acaparar audiencias masivas y millonarias.
Personalmente apuesto por buscar algo mejor en la vida, como ahora, en que el verano va languideciendo poco a poco; no ha sido tan difícil, con buenos momentos a pesar de la temperatura, sin muchos cambios de humor, dejando que cada cual se exprese como es, y veo que de esta forma la familia funciona, cumple su cometido… sin ser perfecta, está claro, y yo vuelvo a mi verdadera esencia de cuando era niña y pensaba que todo el mundo era bueno. Y para eso están programadas las vacaciones, esa es la finalidad, no esperar más de lo que se va recibiendo. De esta manera el día a día puede transformarse en una comedia entretenida; unas veces desenfada y otras con su porción dramática, pero siempre aprendiendo; que nos vaya sumando, como dicen ahora.
Salir, ir hacia otra parte, es encontrar una aventura, te sitúa en lo desconocido, porque el constante fluir nos interna también, sea por el mundo físico o por el laberinto interno, exclusivo, en un aprendizaje, escuchando a los demás y también a nuestra propia voz, sabia y prudente.
Los islandeses hacen verdaderos esfuerzos por ser felices, y se lo creen; utilizan una expresión resumida en una frase: “betta redast”, de las más repetidas en el país ya que los turistas lo atesoran, y que se traduce como “todo acabará bien”. Un buen consejo que no dejan de utilizar cuando una persona se siente frustrada, que no significa resignación sino optimismo. Los islandeses han hecho de este ejercicio una lucha constante contra las fuerzas de la naturaleza, una carga menor, pero con sonrisa diligente. Nosotros diríamos cosas como “qué se le va a hacer” o “así es la vida”. En fin, cada cual se las arregla como puede.
Y empezar de nuevo, con un orden que está por llegar todavía, causa fascinación, porque es en realidad lo que tenemos que desear para todos, más allá de la mera contemplación del descanso. Pues “pensar en actividad no solo pertenece al mundo de las ideas sino que el pensamiento puede transformar el mundo”. Lo dice Heidegger y yo quiero aplicármelo.
¡¡Me alegro mucho de estar de estar aquí otra vez con vosotros!!

