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Opinión |
Martes, 28 de Septiembre de 2021

España en llamas

 

España, uno de los países de la Unión Europea más afectados por los incendios forestales, un problema que amenaza con acentuarse debido a los efectos del cambio climático.

 

La colaboración público-privada, la sensibilización ciudadana y la apuesta por el entorno rural, tres medidas imprescindibles para reducir los incendios forestales.

 

          Cada año, cuando se acerca la época más calurosa del año, la Tierra, nuestro entorno más preciado, sufre las consecuencias de todos los seres humanos, y mientras su vida depende de un hilo, la Tierra llora lágrimas de fuego. La proliferación de construcciones en entornos naturales, el abandono de zonas rurales, el cambio climático, el calentamiento global, la presencia de especies pirófitas en los bosques, o incluso las negligencias o fuegos intencionados por el ser humano, son algunas de las causas que provocan los incendios forestales que están arrasando y destruyendo la superficie forestal.

 

          España ha sufrido en lo que llevamos de año, el doble de incendios forestales que en el mismo periodo de 2020. Desde el inicio de año y hasta el 5 de septiembre, un total de 75.547,54 hectáreas de superficie forestal han sido incendiadas. Una cifra que se sitúa frente a las 46.925,23 hectáreas de 2020 y las 96.368,16 totales del año 2019, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica.

 

          Además, se sitúa como uno de los países de la Unión Europea más afectados por los incendios forestales, lo que supone un grave conflicto y que amenaza con acentuarse debido a los efectos del cambio climático. En agosto de este mismo año, un incendió arrasó 22.000 hectáreas en Ávila, situándose como el cuarto peor incendio de nuestra historia por volumen de hectáreas quemadas. Pero no ha sido el único que hemos sufrido en España y que nos ha dejado bosques calcinados. Incendios como el de Minas de Riotinto en Huelva en 2004, donde el fuego quemó casi 35.000 hectáreas de monte de Sevilla y Huelva, y se cobró la vida de dos personas; el acaecido en Galicia en 2017, en el que se quemaron 47.000 hectáreas en 352 siniestros, o como el incendio de Gran Canaria en 2019, que arrasó más de 9.000 hectáreas y obligó a evacuar a 10.000 personas.

 

          Las pérdidas ambientales y patrimoniales que provoca el fuego son incuantificables, por el elevado coste económico que supone la restauración de las zonas afectadas. Por no hablar de las catástrofes mortales, de los daños medioambientales, las consecuencias directas que tienen los incendios sobre las personas, los animales y los medios naturales, el resultado de procesos erosivos, las amenazas en cascos urbanos y zonas rurales, o incluso el abastecimiento de agua en poblaciones próximas a ellos. Y todo ello, suerte de los bosques que se encuentren en situación de restauración, ya que la mayoría de los espacios forestales calcinados, resulta inalcanzable su restauración y regeneración.

 

         Y si fuera poco todo esto, además de los incendios existentes por las mencionadas causas, una de nuestras islas peninsulares más querida sufre una de sus peores catástrofes: la erupción del volcán en La Palma, situándose actualmente en fase explosiva. La lava continúa abriéndose paso hacia el mar y deja ya 153 hectáreas de terreno sepultadas por el fuego y las cenizas, según cálculos del Instituto Volcanológico de Canarias, con un frente que alcanza alturas en algunos puntos de 12 metros e incluso más, y que se sitúa a 2,5 kilómetros en línea recta hacia la costa. Según el último recuento, la superficie cubierta por el manto de lava fluida ha crecido un 50% en las últimas 12 horas. En total, 154 hectáreas han quedado arrasadas, devorando 183 viviendas y unas 200 infraestructuras y forzando el desalojo de unas 6.000 personas.

 

          Un volcán que ruge en Las Palmas y se lleva consigo no solo la vida de nuestro ecosistema, sino también ilusiones, esfuerzos, compromisos y esperanzas de más de 84 mil personas.

 

         Sin embargo, y pese al gran volumen de incendios registrados en el último año en España, a nivel mundial, las estadísticas demuestran que cada año hay menor índice de incendios. Lo que es preocupante, es que cada vez, son más devastadores, y por su capacidad destructiva, es casi imposible de extinguir y recuperar las zonas afectadas. Incendios devastadores que destruyen ecosistemas. Lo que supone una gran amenaza para el Planeta.

 

         Una amenaza que no reduce, que no frena y que cada vez más, nos deja mayores secuelas. Por ello, es fundamental que la población tome conciencia del riesgo y que se tomen las precauciones y alternativas necesarias al uso del fuego, ya que la mayoría de los incendios son a causa de negligencias o fuegos provocados.

 

        Campañas y acciones de concienciación, sensibilización o aprendizaje se vuelven de vital importancia en la actualidad para prevenir y/o minimizar riesgos en caso de incendios forestales.

 

          Desde una simple acción como no fumar en bosques o carreteras cercanas a los mismos, no tirar basura o vidrios ya que pueden iniciar el fuego creando efecto lupa con los rayos del sol o incluso evitar estacionar nuestro automóvil en la orilla de la carretera donde hay presencia de hierbas y plantas secas. Son gestos que olvidamos, pero que pueden salvar vidas y a nuestros bosques.

 

          La sociedad necesita recibir formación e información de cómo prevenir, qué precauciones tomar, o qué puede hacer en caso de incendio. Por ello, la Administración General del Estado, en coordinación con las comunidades autónomas, lleva a cabo programas específicos de prevención de incendios forestales.

 

          Pero necesitamos una mayor implicación por parte de las instituciones para seguir avanzando en esta materia. Desde las administraciones públicas, resulta de vital importancia llevar a cabo campañas de concienciación y sensibilización ciudadana, para evitar y reducir los incendios forestales, pero también, tomar medidas como invertir en selvicultura preventiva, aplicar la normativa medioambiental o aumentar los controles.

 

         Sin embargo, no solo es importante tomar conciencia de aquellas medidas preventivas a los incendios forestales, sino que debemos ir más allá. Concienciando sobre nuestros hábitos y rutinas más perjudiciales para el medio ambiente y nuestro entorno, y reemplazando dichos hábitos por otros que sean sostenibles y responsables con nuestro ecosistema.

 

        Se hace necesario incidir en proyectos de sensibilización relacionados con el cuidado y respeto del medio ambiente y de nuestro entorno más cercano, desde el control y medición de huella de carbono, sensibilización rural, educación ambiental o la promoción de hábitos y rutinas sostenibles.

 

        En definitiva, se trata de promover campañas de sensibilización, concienciación, información y formación para aprender y reforzar costumbres, actitudes y hábitos que sean responsables y sostenibles con nuestro entorno global, para reducir nuestro impacto, evitar el calentamiento global y contribuir a la preservación del medio ambiente. Ya que todo lo que hacemos, se refleja en un mismo escenario, nuestro ecosistema. TODO LO QUE HACEMOS DEJA HUELLA.

 

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