
Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que puede que sea la primera vez que vamos a dejar a nuestros hijos un mundo peor del que nos encontramos. Calentamiento global, deforestación, crisis humanitaria, guerras incomprensibles, falta de valores, ausencia de liderazgo, despersonalización del ser humano, corrupción, y así, un largo etcétera.
Lo mejor de todo es que solo nos dedicamos a quejarnos de nuestros jóvenes, de su falta de compromiso, su pasividad, su rebeldía, su imprudencia, ...
Nosotros, para salvarnos de la quema, nos convertimos en la bruja de Blancanieves y le preguntamos al espejito mágico “¿Quién es el mejor?, ¿quién es el más trabajador?, ¿quién es mejor persona?, ¿quién tiene unos valores inquebrantables? ...” y nuestro espejito siempre responde “Tú y, solo tú”. ¡Qué fuente de egoísmo más placentera!
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Al hilo de esto, he tenido la suerte de leer un escrito de una joven adolescente que quiero compartir:
“Mi sueño siempre ha sido estudiar en el extranjero, pues me encantan los idiomas y aprender sobre diferentes culturas. Además, creo que me ayudaría a crecer como persona, y descubrir cosas nuevas que me gusten o simplemente desconocía. Poder tener el privilegio de vivir este tipo de experiencias me motiva a seguir esforzándome. La posibilidad de convivir con gente de distintos lugares, me ilusiona. Las personas tenemos distintas opiniones en diferentes cuestiones y saber compartirlas y debatirlas, nos hacen crecer.
Una de las cosas que me encanta de la gente es su forma de ver el mundo, como lo perciben y que piensan al respecto, ya que hay personas tan parecidas y distintas a nosotros. Escuchando a los demás es como realmente se aprende, y yo quiero aprender, tanto del mundo, de culturas, e incluso de mí misma.
Me gusta superarme día tras día, ponerme un objetivo y no parar hasta conseguirlo, y si no sale como yo quería desde un principio, buscar otros medios o formas, pero, por lo menos, tener la sensación de que lo he intentado y no me he quedado con la duda o con las ganas.
Hay que aprender a superar el fracaso, esa palabra que parece que tiene una connotación negativa. Nos equivocamos pensando que, si no has conseguido eso que tanto querías, ya no vas a poder hacer nada más, aunque no sea así. Hay que saber que habrá cosas que no van a salir como teníamos planeado, o directamente no van a salir, y eso, no significa que seas un fracasado o que ya no vales para nada. Una forma de avanzar como sociedad es saber aceptar nuestros fracasos, y que estos no nos impidan seguir hacia delante, porque de los errores y derrotas también se aprende.
Todo el mundo desde nuestras posibilidades podemos contribuir a un cambio. Todo progreso de la humanidad debe comenzar desde el interior de las propias personas. Entender que, si nosotros no avanzamos, no podemos esperar que el cambio se haga solo.
Yo quiero ser una de las tantas personas que dejen huella.”
A mí me ha hecho reflexionar sobre cómo son nuestros jóvenes y qué es lo que llevan dentro. Seguramente, ellos no saben que existe un espejo que, hagas lo que hagas, siempre te dirá lo que quieres oír. Espero que no lo descubran nunca.
Solo tengo que decir que estaba equivocado y he decidido romper mi espejo y ver a nuestros hijos como lo que son, nuestro futuro y los que tendrán que arreglar este desastre de mundo que le estamos dejando.

