
Mucho se habla de la personalidad del artista. Sin embargo, no hay unificación de criterio para definir la personalidad artística. Existen test para cuantificar la creatividad. Pero desentramar la personalidad artística es mucho más complejo que medir la creatividad. Consciente de esa complejidad solo me aproximaré de puntillas a la personalidad del artista diciendo que son personas que poseen cualidades que abarcan la aptitud imaginativa, la intuición sensible, la capacidad profética (en el sentido de anticiparse a la época), la tenacidad o perseverancia hacia un fin, la irreverencia a las convenciones sociales y la capacidad de establecer conexiones entre elementos dispares, y sobre todo, la habilidad de resolver problemas de tipo visual o expresivo. Los artistas creadores son, la mayoría de las veces, quienes nos revelan otra realidad frente al mundo convencional.
¿Ser artista es ser una persona que ha recibido un talento? No sabemos si ser artista es un regalo, lo que sí me parece relevante es que se pueda ofrecer al mundo. Un artista es un mediador entre su arte y el universo. En opinión de Jung “Si eres una persona con talento no significa que hayas recibido algo, quiere decir que puedes dar algo”.
Carl Gustav Jung (1875-1971) fue un médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis muy interesado en el estudio del inconsciente y en el arte como mediador entre el inconsciente y la conciencia.
Para Jung el arte proviene del alma del hombre, y esa alma que contempla lo universal construye obras de arte en todas las culturas y en todos los tiempos. Hay algo común y algo único en cada expresión artística. Algo común que llevamos en el inconsciente colectivo y algo propio, único de cada ser humano. El arte muestra lo universal y lo individual.
La obra de arte es un producto que surge del inconsciente colectivo, realizado por un individuo, artista, cuyo destinatario es la humanidad.
“Así como el cuerpo humano muestra una anatomía general por encima y más allá de todas las diferencias raciales, también la psique posee un sustrato general que trasciende todas las diferencias de cultura y conciencia, al que he designado como inconsciente colectivo”. (Jung, 1929).
Jung viajó a África donde se unió a un grupo de percusionistas y bailarines tribales, quedando abrumado por los poderosos sentimientos que la música tribal evocaba. Música repetitiva que adormecía la mente racional y traspasaba el mundo consciente. Jung también viajó a la India donde constató las diferencias con su cultura occidental. Philip Glass, uno de los músicos más sobresalientes del S. XX y de la actualidad, también viajó a la india y quedó hipnotizado por su música. Ese aspecto repetitivo basado en frases sencillas y cortas fue parte de lo que en occidente vendría a denominarse minimalismo.
La música minimalista es un género experimental que surgió en Estados Unidos en la década de los sesenta. Está basada en una armonía y pulso constantes, además de en las lentas transformaciones y reiteración de las frases musicales en pequeñas unidades denominadas figura, motivo y célula. Los compositores minimalistas exploraban las posibilidades de trabajar con unos medios drásticamente reducidos, limitándose a los elementos musicales más básicos.
Philip Glass (1931) empezó a escuchar música clásica sentado en la escalera de su casa, en Baltimore, Maryland. Su padre, dueño de una tienda de discos en la zona judía de la ciudad, llevaba a casa los que menos se vendían para descubrir qué fallaba y no volver a equivocarse a la hora de comprarlos. Los escuchaba por la noche, cuando supuestamente sus tres hijos ya se habían ido a la cama, pero Philip, escondido, comenzaba a llenar su repertorio de inspiración musical. De ahí en adelante todo fue música: aprendió a tocar el violín a los seis años, la flauta y el piano a los ocho y a componer a los quince.
La música de Glass se caracteriza por un material melódico limitado, la pulsación rítmica justa y la repetición constante. Su método consiste en llevar los sonidos a su mínima, pero esencial expresión.
En su repertorio hay 20 óperas; once sinfonías, tres conciertos para piano, y conciertos para violín, piano, timbales, saxofón y orquesta. Pero por lo que es más conocido es por las piezas que ha compuesto para musicalizar largometrajes y documentales; hizo la música de cintas como A Brief History of Time (1991), The Truman Show (1998), The Hours (2002), Notes on a Scandal (2006) y No reservations (2007), entre otras producciones. Además, ha sido nominado al Oscar por Mejor Banda Sonora en tres ocasiones.
El artista minimalista ofrece al individuo un espejo donde mirarse y un vacío donde asomarse.

