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Opinión | Consejero Editorial de MurciaEconomía
Martes, 02 de Noviembre de 2021
Francisco Martínez Ruiz

Sorpresa en tarde de festivo

 

Las tardes de los días festivos suelen introducirnos en un laberinto televisivo. Tras descartar las películas de lo que podríamos denominar el paquete escandinavo, donde los actores, viviendas, parajes y vehículos parecen ser siempre los mismos,  sigues zapeando. Los documentales sobre la II Guerra Mundial los has visto ya un montón de veces, en color y en blanco y negro, remasterizados, hasta terminar ya visionándolos subtitulados para introducir vanamente cierta novedad en la trama.

 

Accidentalmente pulsas el programador del mando y te aparece un programa de contenido inmobiliario. En ocasiones has visto de pasada algunos que te proponen el dilema de vender o comprar, siempre protagonizados por una pareja a la que vuelven loca o dos hermanos que , indefectiblemente, lo primero que hacen es hacer mistos la casa en la que vives – con muy oportunos hallazgos de polillas , carcoma, y restos de instalaciones eléctricas de la Guerra de Secesión -  para , a continuación, exponer lo que se ha convertido en el paradigma de la innovación en reformas: el concepto abierto.

 

Esto del concepto abierto lo mismo te lo aplican a una cocina, que a un salón con vistas a una penitenciaría, que a un baño en el que resulta muy comprometido por razones de espacio siquiera evacuar, salvo que lo hagas de pie. Puede darse el caso de que tengas que cepillarte los dientes con media pierna fuera del excusado lo que la pareja que se encuentra en el dilema interpreta como eso, como concepto abierto, sin atreverse a preguntar para esclarecer el alcance del término, por miedo a quedar como catetos, condición en la cual comenzaron las negociaciones.

 

Adoptadas las primeras medidas de seducción comercial y demolición, entra el equipo de gestión de obras, lo que vienen siendo los de los oficios. Nada que ver con el perfil del sector de aquí, mejorando lo presente. El equipo parece sacado de un spot cantando y bailando Y.M.C.A. En fin, que ves aquello y es el paraíso de la mediación inmobiliaria. Entre los hermanicos, la pareja y el equipo musical de oficios eso es otro mundo.

 

Paras un momento y vas al baño, al tuyo, que interpretas como de concepto entre abierto. Continúas con las operaciones. Te llama la atención la saña forense con la que los del equipo Y.M.C.A, y los dos hermanos, destripan, destrozan las paredes ( que parecen de cartón piedra, o lo son ), desencajan la cocina, pulverizan los inodoros y arrancan los cables. La pareja adquirente, poseída, se suma a la demolición. Según los hermanos, esto hace que se impliquen emocionalmente con la compra. Ellos, la pareja, se mira y sonríe. Ya han olvidado un suplemento de coste sobrevenido al haberse encontrado empotrado, en un muro pegado a la cocina, un cadáver de fecha indeterminada. Los hermanos , y los del equipo, le quitan importancia. Suele ocurrir en estas casas de finales del XIX. Le da un poco como de caché, al inmueble, dicen.

 

Por fin, llega el día de la entrega. El marido de la pareja no ha podido pegar ojo en dos semanas por cuestiones presupuestarias. El asunto se ha ido un poco de las manos: que si el concepto abierto, que si el patio de 15 m2 que será la delicia para los niños, que si el cadáver empotrado...

 

Los hermanos abren las puertas. Oh ¡¡¡¡. La pareja se queda estupefacta. Lo que parecía la casa de Psicosis, con cadáver incluido, se ha quedado realmente bien. Tanto que me he quejado de los payos estos del equipo de obras, qué gente tan rara; tanto follón de los hermanicos; el clujío final de exceso de presupuesto, etc., ha merecido la pena, pensaba él.

 

Cae la tarde en la recién reformada casa. El marido se sienta en el salón, en concepto abierto con la cocina, y enciende la tele.

 

Como si de magia se tratara, sin seleccionar nada, aparece el programa inmobiliario de los hermanos. La curiosidad le impide cambiar. Algo le deja sorprendido.

 

Son los del equipo de gestión de obras dedicándole Wy em see ay.

 

Menuda sorpresa, se dice…

 

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