
Hablar de liderazgo y emociones en algunas organizaciones, supone mezclar churras con meninas o algo así decía ese dicho popular. Mi verdad es que tengo la suerte de poder rodearme de personas con un liderazgo natural y para cerrar el circulo lo hagan con la consciencia de las emociones.
Para hacerte llegar algo, no solo generan el ambiente ideal para la situación, son personas que empiezan una presentación diciendo…PERDÓN, GRACIAS, luego el trato es como un traje a medida dónde los trozos de tela son las emociones propias, ajenas y compartidas, con ese hilo que maneja la persona con liderazgo confeccionando un traje para que te “siente bien”.
El liderazgo desde la perspectiva de la inteligencia emocional genera condiciones positivas en el trabajo, hacer frente a las demandas laborales y facilitar la adaptación de las personas, previniendo y gestionando el Burnout. Por lo tanto, la persona con funciones de liderazgo será la persona que guíe y encamine dicho cambio, son pieza fundamental en el clima laboral, en la cohesión y relación saludable, gestionando la percepción y regulación emocional (Mayer y Salovey, 1997). Necesitan inspirar y motivar a los demás; y las emociones son poderosas fuerzas motivacionales. Los líderes necesitan usar y regular inteligentemente las emociones para comunicar eficientemente e influir en los demás. (Ashkanasy y Tse, 2000; Caruso et al., 2002; Georgie, 2000).
Dado que el trabajo implica todavía interactuar con personas y teniendo en cuenta que el éxito de la carrera profesional está determinado por la opinión ajena, las relaciones interpersonales son clave. Así, se ha relacionado una mayor inteligencia emocional con el bienestar en el trabajo y un aumento del compromiso.
A nivel grupal, se demostró que cuando se tiene una buena IE, se produce una mejor adaptación, mayor variedad de habilidades de regulación emocional, mayor variedad de estilos de realización de tareas y, todo ello conlleva a un mayor desempeño en el trabajo. A nivel individual, Edú, Moriano y Molero (2014), y Knies y Leisink (2014), demuestran que al trabajar la IE de la persona que desempeña la función de líder, aumenta su eficacia y motivación, y eso mejora el rendimiento propio y el del resto de los compañeros.
Asimismo, O'Boyle y cols. (2011), afirman que cada corriente o dimensión de la IE por separado hace una contribución a la mejora del rendimiento. En relación con el rendimiento, Jordan, Ashkanasy, Hartesl y Hooper (2002) han hallado una relación positiva entre la IE y el rendimiento, y Law, Wong y Song (2004) afirman que la IE predice el rendimiento en el ámbito laboral. Numerosos investigadores incluyen el liderazgo como la variable que se relaciona y que puede ser potenciada con la inteligencia emocional. Los líderes con más IE consiguen tener grupos más unidos, implicados y satisfechos con ellos mismos y con su trabajo (López Zafra, Pulido Martos y Augusto Landa, 2013), y es más probable que un individuo sea líder si, además de ser transformacional en su estilo, puntúa alto en IE (Brown y Keeping, 2005, y Berrios, 2009). Por su parte, Goleman y cols. (2002) afirman que la IE mejora las competencias del liderazgo, tales como: autoconciencia emocional; conciencia social, organizativa y empatía; autogestión, autocontrol emocional, adaptabilidad, capacidad de triunfo y actitud positiva; y, por último, gestión de las relaciones, liderazgo inspirador, influencia, gestión de conflictos, y trabajo en equipo y colaboración. En cuanto al estrés y al Burnout en el trabajo, Zeidner (2009) afirma que la IE ayuda a controlar y manejar las emociones negativas que se producen ante la percepción de una situación de estrés, debido a que un nivel elevado de IE asegura mayores niveles de engagement (Petrides, Pérez-González y Furnham, 2007).
Los líderes necesitan usar y regular inteligentemente las emociones para comunicar eficientemente e influir en los demás. (Ashkanasy y Tse, 2000; Caruso et al., 2002; Georgie, 2000). Además, el hecho de motivar al líder hará que sus metas y objetivos resulten más alcanzables. Goleman (1998) profundizó acerca de dicha idea directamente, alegando lo siguiente: “No es que las habilidades intelectuales y técnicas sean irrelevantes”.
Las habilidades personales pueden ayudar a las personas a lograr sus metas en la vida (Salovey, Mayer y Carusso, 2002), mantener relaciones de forma saludable con otras personas y conseguir logros en la carrera profesional- los empleados con una vida emocional saludable suman en las organizaciones de muchas maneras, fomentando la cohesión, clima laboral y productividad además de la moral del equipo.
Si tienes funciones de liderazgo en tu organización, tienes una oportunidad en tus manos para ser parte del cambio.
Gracias, nos sentimos en la próxima.

