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ENTRE TÚ Y YO

Amando a lo argelino

Pablo Piñeiro Viernes, 05 de Noviembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

Conocí a Mohamed chateando por internet.

 

        Por aquel entonces yo tenía un novio con el que llevaba unos tres años y las cosas no nos iban muy bien. Yo pasaba el rato por las noches chateando y un día me encontré con Mohamed, un chico argelino que era profesor de español allí, él nunca había estado en España, pero nos escribíamos en español, él lo hablaba perfectamente.

 

        Yo no tenía ninguna intención en mis excursiones por la red, pero la verdad es que mis problemas relacionales hacían que encontrase en Mohamed, alguien con quien desconectar.

 

         Con el paso del tiempo, empecé a tener más y más confianza con él y llegó el día en el que me atreví a hablarle de mis problemas e incluso a verlo como la persona perfecta para desahogarme. Él también lo hacía del mismo modo conmigo. Yo en ese momento tenía 49 años y el 27, pero no notábamos en ningún momento la diferencia de edad.

 

        Cada día que pasaba estaba más claro que en mi cabeza ocupaba más espacio él, que mi propia pareja. Pero lo que hizo que las cosas cambiasen fue una llamada, una llamada para felicitarme las navidades. Me encantó que decidiese llamarme, un gesto tan sencillo que para mí significó todo.

 

         Decidí dejar a mi pareja y ni corta ni perezosa, me puse en contacto con la embajada para saber qué pasos tenía que seguir para poder visitarle. Allí me dijeron que la forma más sencilla para que pudiese entrar en el país sin problemas, era que obtuviese por parte de alguien de allí una carta de invitación al país, en la que se deje claro los motivos de la visita y que se harán responsables de mí.

 

         Mohamed hizo todo el papeleo necesario para poder ir y en febrero me planté en Argel. No tenía ni idea de árabe y el otro idioma en el que me hablaban era francés, que de este aún me podía enterar un poco porque lo había dado en el bachiller, pero tampoco te creas que mucho. Lo que hice fue tener el teléfono conectado con él todo el tiempo y cada vez que no entendía lo que me querían decir, les pasaba el teléfono y lo arreglaba él.

 

        Cuando crucé las puertas del aeropuerto, empecé a buscarlo con la mirada y a lo lejos, descubrí a un chico tremendamente guapo, mucho más guapo de lo que me había mostrado por internet, llevaba una especie de maletín de piel en una mano y con la otra me hacía gestos para que me acercase a él. No podía pasar y no recuerdo bien el motivo, pero lo que sí había era mucho trajín porque volvía la gente de la Meca o algo así y había miles de personas.

 

         Ese día nos fuimos a un hotel a pasar la noche y al día siguiente viajaríamos a su ciudad, para coger una habitación en la que poder estar los dos. Allí se necesita presentar el libro de familia y como no lo teníamos, nos tuvimos que coger dos habitaciones y luego... pues luego cambiarnos, evidentemente.

 

        Recuerdo también, que uno de los motivos por los que nos tuvimos que quedar en el hotel, era porque su ciudad quedaba a cinco horas de Argel y de noche no era aconsejable viajar, ya que teníamos que cruzar las montañas y en ellas decían que todavía quedaban restos de alguna célula terrorista. Salimos de aquel hotel a las 7 de la mañana.

 

        Su familia me dio un recibimiento que no me esperaría ni en mis mejores sueños, me trataron realmente bien, como si me conocieran de toda la vida. Creo que no miento si te digo que no me trataron así en mi vida. Tanto fue así que pasé unos días y me fui, pero no tardé en volver, no había pasado ni un mes y fui a celebrar allí mi cumpleaños, me hicieron dos fiestas en casas distintas y hasta me invitaron a una boda. Cada día que pasaba allí entendía un poco más su cultura, por ejemplo, en la boda, los hombres y las mujeres estaban separados y esto me llamó mucho la atención. A lo largo del día, no podía ir sola a ningún sitio, siempre me acompañaba alguien, o su madre, sus sobrinos o él mismo.

 

       Yo pensaba que tal vez nuestra diferencia de edad chocase a los más cercanos a él, pero eran cosas mías, su familia y amigos no le dieron ni la menor importancia a eso. En aquel momento, él había solicitado hacer el doctorado en España y tenía todo aprobado, lo único que no tenía era el visado.

 

       Habló con un abogado que no era capaz de agilizarlo y me pidió ayuda, yo desde aquí hablé con una abogada y en tres días consiguió el visado de estudiante.

 

       Una vez en España, para mí fue muy especial, porque yo vivía con mis hijas y no sabía cómo reaccionarían a mi nueva pareja. Fue fantástico, porque lo entendieron perfectamente y lo trataron muy bien, como si fuese su amigo. En este trámite, él también entendió que no venía a sustituir a mi exmarido, que ellas tenían un padre y que tenían muy claro la figura que este representaba en sus vidas.

 

       Empezó en la universidad y aquello resultó ser bastante duro, ya que el dinero no alcanzaba para costearse lo que costaba y los viajes a otra localidad ida y vuelta, así que le propuse que tendría que trabajar. No tardó nada en encontrar trabajo, lo contrataron en Leroy Merlín. Como sabía varios idiomas y ya había tenido negocios, era un perfil muy atractivo para cualquier empresa.

 

      Como tenía un visado de estudiante, para que estuviese bien aquí, le propuse que nos casásemos. Lo hicimos y pasamos cuatro años muy buenos, pero fueron dos cosas principalmente las que hicieron que nuestra relación no funcionase.

 

      La primera fue que yo en ese periodo tuve unas circunstancias personales que me afectaron muchísimo, la muerte de mi madre por un cáncer fue el desencadenante de una infinidad de problemas y la segunda, fue mi gran error. Yo quería que fuera un marido europeo con la forma de comportarse de un marido de aquí, que me tratase como cualquier español.

 

      Él era musulmán, y mira que eso daba igual, ya que, a la hora de comer, por ejemplo, nos entendíamos a la perfección. Cuando él hacía el ramadán, comía a su modo y nosotras al nuestro y no pasaba nada, pero quizás su manera de vivir o de actuar tenía ciertas diferencias con la gente de aquí y yo de verdad le exigía que lo cambiase y él no era capaz.

 

      No tuve ninguna empatía con sus circunstancias, no era capaz de ver que él nunca había estado en España y que realmente necesitaba un proceso de adaptación, por otra parte, él tampoco entendía por el proceso que yo estaba pasando en relación a lo de mi madre y no nos entendimos. Él necesitaba cariño y comprensión, ya que su nueva vida y su nuevo trabajo lo estaban sometiendo a bastante estrés y yo en ese momento no podía dárselo.

 

        Una vez que mis problemas familiares fueron disminuyendo, yo quise pedirle perdón porque lo eché de mi casa y quería transmitirle que sentía todo el egoísmo que derramé sobre él, pero ya no había ninguna posibilidad de reconducir nuestra relación y me dijo que se quería divorciar. Me dolió muchísimo y me costó horrores asimilarlo.

 

       Con lo que, nuestra relación se acabó. Fueron cuatro años muy buenos y creo que fue realmente el amor de mi vida. Él siempre me quiso de corazón y puedo decir que los motivos por los que no funcionó nuestra relación fueron la falta de empatía principalmente y que no tuvo nada que ver la diferencia de edad, como todos, incluida yo, pensábamos que sería el gran obstáculo.

 

      Pasados unos años le volví a escribir un mail para volver a pedirle perdón, ya que con el tiempo aún se ve todo más claro si cabe y me contestó que él tampoco había estado a la altura y que también cometió errores, pero que ya era agua pasada.

 

      En la vida hay cosas que no tienen arreglo, pero siempre se puede aprender algo y mi enseñanza en esta historia fue que las pequeñas cosas son las más importantes y que siempre hay que dar las gracias.

 

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