
“El gran talento de Mao consistió en transformar al pueblo chino en esclavos al tiempo que hacía que se sintieran los amos del país” (académico chino represaliado).
Tras invertir mucho tiempo y dinero, en una noche de verano de 1936, un joven periodista de Kansas, Edgar Snow, consiguió algo pionero: ser el primer periodista extranjero en realizar un viaje al centro del “Estado Rojo” y, en una cueva excavada en un promontorio de granito al noroeste de China, entrevistar a Mao Zedong (entonces de 43 años). Al año siguiente, tras una estancia prolongada y múltiples entrevistas, Edgar Snow público, sus impresiones sobre el Estado comunista construido por Mao y sus camaradas (“un grupo de patriotas idealistas y demócratas igualitarios”), en el libro titulado “La estrella roja sobre China”; que llegaría a ser un superventas mundial y convertir a su autor en “un cronista de la Revolución comunista china”.
Dicho libro significó “el inicio del maoísmo global” a decir de Julia Lovell (Reino Unido, 1975), profesora de Historia y literatura china contemporánea en el Birkbeck College de la Universidad de Londres; y, autora del libro que hoy les recomiendo, titulado “Maoísmo: Una historia global” (Debate, Penguin Random House Grupo Editorial, 2021).
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La autora desarrolla su ensayo con el objetivo de “entender el maoísmo global”; lo cual es vital -a su juicio- para comprender “no sólo la historia china, sino también las políticas extremas en muchas partes del mundo”.
Por ello, Julia Lovell selecciona episodios que evocan la trayectoria, la variedad y las consecuencias más significativas del maoísmo global.
Un recorrido que inicia en el Shanghái de los años treinta del siglo pasado (“un mundo interconectado de gánsteres, revolucionarios, intelectuales y anfitriones sociales”), donde Song Qingling, la bella viuda del primer presidente de la republica, presentó a Edgar Snow a una red clandestina que lo escoltaría hasta los cuarteles de Mao en el noroeste polvoriento de China.
Describe los horrores de la campaña emprendida contra los comunistas y la irrupción dentro del Partido de hombres como Mao, ajenos a la primera generación de líderes intelectuales provenientes de la élite, para reafirmar la primacía de lo militar y la violencia: “solo con armas se puede transformar el mundo entero”; y la guerra desgarradora que lo llevó al poder absoluto.
Se adentra en la Selva de Perak (Malasia a finales de 1940) en los campamentos abandonados por el Partido Comunista Malayo, repletos de ejemplares del libro “La estrella roja sobre China” en plena insurrección armada contra el ejercito colonial británico.
Pasa por Washington, en noviembre de 1950, en donde prolifera el temor a “una insurrección maoísta de carácter global”, nace la “teoría del dominó” (sin la intervención de EE. UU., los países del Sudeste Asiático caerían uno tras otro en manos del comunismo chino) y la preocupación por las técnicas de “lavado de cerebro” aplicadas por los chinos a los prisioneros americanos de la Guerra de Corea.
Describe la Academia militar de Nankín (en 1965) por donde pasan izquierdistas de todo el mundo (convertidos en auténticos genocidas) para recibir adiestramiento militar e insurgente; tales como, el peruano Abimael Guzmán (Sendero Luminoso), el camboyano Pol Pot (Jemeres Rojos), o el africano Josiah Tongogara (ZANLA de Rodesia).
Todo ello permite a la autora adentrarse en la “revolución mundial maoísta”, con paradas en Indonesia, África, Perú, India, Nepal y, especialmente en las expresiones revolucionarias en EE. UU. y Europa Occidental. Y, en todas ellas, saca a relucir las “tragedias personales y las víctimas políticas” del maoísmo.
En definitiva: ocho escenarios que desde los años treinta del siglo pasado hasta nuestros días, recorren Asia, África, Europa y América y nos muestra la verdadera cara del maoísmo. De modo que el libro consigue el objetivo de Julia Lovell, cual es: “extraer de la penumbra a Mao y sus ideas y resituar el maoísmo como una de las historias fundamentales de los siglos XX y XXI”; y con ello, “nos ofrece un sobrecogedor relato del horror, de la violencia y persecución, fruto del culto a Mao, su personalidad y la xenofobia irracional”.
Y debido a que “hoy la República Popular China ha comenzado a reafirmar por primera vez desde la época de Mao sus ambiciones globales, el imperativo de entender el legado político que unifica al país se vuelve cada vez más urgente”.
Sin duda un relato fluido, del que destaco, algunas ideas apuntadas por la autora:
1º) La primera lección, que en la sangrienta primavera de 1927, aprendió el Partido Comunista de China, fue la necesidad de la violencia más extrema como arma política; en especial, para el “culto al líder supremo”. De ahí la mítica frase de Mao: “el poder político nace de la boca de un fusil”
2º) Para muchas personas que, en las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado, crecieron en los países en vías de desarrollo y para las minorías oprimidas racialmente en EE. UU. o Europa (como los afroamericanos), la China de la era de Mao no representaba un caso perdido, sino más bien una alternativa admirable e independiente a los modelos políticos de Estados Unidos y la Unión Soviética”.
3º) Mao es percibido como “el primer pensador comunistas importante en abogar por el potencial revolucionario de una mayoría rural empobrecida”.
4º) Creo un lenguaje que podían entender los intelectuales y los campesinos, hombres y mujeres; un sistema de propaganda y control del pensamiento (uno de los intentos más ambiciosos de manipulación humana en toda la historia), un ejercito disciplinado y se rodeó de unos camaradas talentosos y despiadados.
5º) “Las mujeres sostienen la mitad del firmamento”; dijo Mao en 1968. Y añadió: “hombres y mujeres son iguales. Lo que los hombres pueden hacer también lo pueden hacer las mujeres”. De este modo la segunda ley aprobada por la República Popular China en 1950 fue la ley de matrimonio, que permitía a las mujeres divorciarse y poseer tierras. Lo cual fue un verdadero adelanto en una sociedad tan patriarcal como la china.
En mi opinión: son muchos los libros que podemos considerar imprescindibles para entender el siglo XX y sus tremendos ecos en el actual; pero, seguramente, el que hoy les recomiendo de Julia Lovell, lo es, por cuanto -como la propia autora cita y demuestra- “con un estilo auténticamente guerrillero, las ideas y propuestas de Mao sedujeron al mundo desarrollado”; y las estrategias de Mao sobre “la guerra asimétrica contra un Estado consolidado” fueron desplegadas por casi todos los movimientos armados revolucionarios; e, incluso en nuestros días según algunos analistas, por el grupo terrorista autodenominado “Estado Islámico”.
Del mismo modo, las aportaciones de Mao sobre la “absoluta disciplina de partido”, “el puritanismo político”, “la guerra popular”, “la revolución permanente”, “la democracia de masas” (citada, pero nunca alcanzada) y el legítimo derecho del pueblo, liderado por el Partido Comunista, a desatar la “violencia más despiadada”, se encuentran en muchos espacios y debates en los más dispersos y distintos rincones del mundo, en los cuales la “vida humana” no vale nada, pues cualquier persona (niño, adulto o anciano) no ha de ser protagonista de su propia vida, sino mera mercancía.
Incluso se teoriza sobre la conveniencia de diezmar poblaciones, para extirpar cualquier género de discrepancia o elemento disidente, ante la urgente necesidad de “construir un futuro colectivo e igualitario de las masas”; pero, siempre, dejando a salvo al líder supremo y su élite de camaradas, complacientemente considerados superiores; y, por tanto, justifican sin rubor ni grieta alguna, la hipocresía entre sus actos y forma de vida y el discurso político e imposición al resto de prohibiciones en todos los aspectos de nuestras vidas. Al mismo tiempo, construyen sin desmayo alguno la legalidad formal para gobernarnos autoritariamente en una estructura política y social de partido único. Eso sí, con las mejores herramientas tecnológicas, para “adoctrinar al pueblo” hasta convencerle de que son los dueños del mundo, aunque realmente sea esclavos en pleno siglo XXI.
No olvidemos que cuando el actual régimen chino de partido único llegue al año 2024, se convertirá en el estado comunista más longevo de la historia del mundo; y que el objetivo actual del líder supremo de China es hacer llegar su régimen al centenario de la fundación de la República Popular (2049), como el país hegemónico del mundo. Como dice Julia Lovell: “en el empeño de realizar estos objetivos, la memoria de Mao -como fundador de una China comunista y reunificada en 1949- pesará siempre una enormidad”
Queridos lectores: desde la intuición de que no ha concluido la contradicción que toda vida colectiva supone; y, por tanto, siguen en la humana historia: bien y mal; inclusión y exclusión; democracia y dictadura; libertad y esclavitud; desigualdad e igualdad; justicia e injusticia, etcétera… (completen como quieran); sigo adhiriéndome a lo dicho por Scott J. Shapiro (“Legality”, Harvard Universtity Press, 2011, página 67): “la civilización sólo es posible cuando existe un alto grado de cooperación social e interdependencia, la cual, a su vez, sólo es posible cuándo la comunidad tiene la capacidad de regular las relaciones sociales de manera eficiente y efectiva. El derecho fue un invento revolucionario porque permitió esta regulación”.
Y mientras pasan los días, aunque sea a la luz de una vela, intentaré darles noticia, con racionalidad y sentimiento, de los anhelos y voluntades de otras vidas que nos muestran los libros, con tinta y papel desde hace siglos.

