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ENTRE TÚ Y YO

Deberes cumplidos

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 11 de Noviembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

            Una frase que suena de un modo relajante, tranquilizador que presupone algo muy importante que se ha realizado. El deber cumplido es una de las satisfacciones más generosas del ser humano. Produce una descarga emocional muy necesaria para quien la disfruta. Una consecuencia que da respuesta positiva al trabajo, a toda obligación como persona, y por supuesto, a otra serie de compromisos que se completan dentro de la sociedad y la familia.

 

            Como el descanso del guerrero sobrepasa a la tarea que se ha terminado de hacer, la que estaba programada. De una forma u otra pertenece a la individualidad, donde laten sentimientos y sinsabores, y quizá por esta razón, y a pesar de no ser siempre gratificante, ayuda a poner las cosas en su sitio. Es el deber ya finalizado, el estado del alma, quienes imponen esa satisfacción, independiente del resultado que se haya conseguido. Y es que, a veces a la vida no se le puede pedir más de lo que nos puede dar.

 

            Nos implicamos en tantas cosas que no deseamos, en tantas inutilidades, a las que solo por el deseo de no quedar mal somos incapaces de rehusar…, cuando por otra parte, se siente calma total al haber dado opción a otras que sobrepasan las razones, ya que está en juego nuestra integridad ética… Las etapas de la vida se van cumpliendo inexorablemente, un aprendizaje alentador o no, porque son lecciones duras, constantes. No hay escapatoria a la rutina del tiempo, a su paso lento o rápido, sin cambios, en ningún caso.  

 

            Existen personajes que causan fascinación porque tienen intensidad, plenitud y pasión para vivir la vida. Mantienen un compromiso, con un legado de juicios y valores; trayectorias de vidas vibrantes, llenas de luz. Nada hay mejor que la serenidad del espíritu para acceder a la sabiduría, he leído con atención en alguna parte. Y también que no hay que dejarse llevar por emociones ni sentimientos que rompan la paz interior que tan pocas veces llena nuestro íntimo descanso. Asentar estas vivencias, interiorizarlas, creo que necesitan un alto grado de compromiso.

 

            Pienso estas cosas mientras observo mi paisaje preferido, el que siempre tengo presente, salvaje y despreocupado, porque busco algo primitivo que me relaje de tanta responsabilidad. Es por eso que me detengo en la naturaleza que tanto me gusta. Y creo que, a pesar de todo, noviembre es un mes ideal. El sol traspasa los grandes ventanales irradiando templanza a estas primeras horas del día. Los cinco grados de temperatura se superan por la grandeza de este precioso astro. En nuestra cultura solar, mediterránea, es seguramente lo más asombroso y necesario para nuestra supervivencia; aunque lo pagamos caro en verano, nos compensa el resto del año. Y es en este momento cuando, junto con el silencio, el aislamiento y la ausencia de lo cotidiano, se convierte en pura necesidad para acceder a estas impresiones, que revolotean pidiendo paso.

 

            Creo que todos disponemos de esta realidad en nuestro día a día, indiferentes, mientras nos dejamos mimar con su calor. El universo se mantiene grandioso en estas percepciones que ayudan a conservar la mente saneada. Sin embargo no a todos nos habla de la misma manera. Ni cada día yo misma lo descubro con esta intensidad que ahora me presiona a coger el lápiz, escribir en mi cuaderno.

 

            Así es sencillo reconciliarse con la vida, si es que es necesario hacerlo. Lo que hacemos por nosotros mismos, sin consejos ni indicaciones que vengan de fuera. Toda la tensión desaparece ante esa experiencia reconfortante. No se necesita gran cosa, ni preparación alguna, solo escuchar la voz interior, la propia conciencia, saber lo que nos dice, un hecho asombroso que pocas veces se exterioriza, un bienestar difícil de superar.

 

            Todo ha sido de repente y, no hay nada nuevo, simplemente se manifiesta como siempre, una y otra vez, muchísimos días. Pero es hoy, cuando mirando el plano inclinado del sol, en esta mañana de otoño, mientras inunda de una manera casi mágica toda la casa, me viene a la idea darle vueltas al sentido más trascendental que puedo permitirme. Así que, con toda la gratitud que llevo dentro, con esa intención de correspondencia, me envuelve un profundo bienestar.  

 

                                    ¡¡Volvemos a estar juntos la semana que viene!!

 

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