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ENTRE TÚ Y YO

El meteorito

Paco López Mengual Viernes, 12 de Noviembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

          Hasta bien entrado en los cuarenta, yo no escribía. Desde siempre he sido lector, me ha gustado mucho escuchar historias, y recuerdo el haber tenido cierta facilidad para las redacciones que nos mandaban en el colegio; pero sentarme con el objetivo de narrar nunca lo había hecho. Es más, cuando acabé de escribir mi primera novela yo fui el primer sorprendido. ¿Esto lo he hecho yo?, me pregunte asombrado de mi hazaña. Nunca había pensado que fuese capaz de escribir un libro; ni siquiera creía tener capacidad para hacerlo… Y mira, década y pico después de aquel descubrimiento, son 16 los libros ya publicados.

 

         ¿Pero que me ocurrió aquel día que, tras bajar la persiana de mi mercería, me senté delante de un ordenador y comencé a teclear una historia? Esa misma pregunta se la han formulado decenas de personas en mi pueblo, Molina de Segura. No he sido el único. Porque al día de hoy, Molina es la ciudad de España con mayor número escritores, en relación a la población que la habita. Un porcentaje mayor que el que puede poseen Madrid y Barcelona. En la actualidad, somos dieciséis los vecinos del pueblo que hemos publicado nuestros textos en editoriales de rango nacional, siendo algunos traducidos a otras lenguas; a la vez que hay cientos de personas escribiendo, que son varios los clubes de lectura y los talleres de escritura creativa. Y de nuevo volvemos a preguntarnos: ¿y por qué ocurre esto en un pueblo de Murcia, lleno de urbanizaciones, polígonos industriales y campos de golf?

 

          Tras mucho estudiar el caso, la única respuesta convincente que pueda dar explicación este fenómeno fue algo ocurrido en Molina hace 163 años. Escuchen: en la Nochebuena de 1858 cayó un meteorito en Molina de Segura. El meteorito caído en mi pueblo ha sido el más grande de los caídos en la península Ibérica hasta la fecha. Cuentan las crónicas que esa noche una gran piedra envuelta en una bola de fuego atravesó el cielo de Molina a una velocidad de vértigo; volaba tan bajo que pasó rozando la torre de la iglesia de la Asunción y a punto estuvo de derribarla. Impactó contra la Tierra a las afueras de la ciudad, en el paraje de Campotejar. Al chocar provocó un temblor de tierra y un cráter. Los molinenses tardaron varios días en descubrir que un trozo de otro planeta les había caído prácticamente sobre sus cabezas. Tengo que admitir que los de mi pueblo somos algo brutos, porque mis ancestros acudieron al lugar del impacto con picos. Por suerte, el meteorito es de un material más duro que el hierro, que no existe en la Tierra, y no consiguieron destruirlo con los golpes. Tan sólo lograron arrancarle cuatro pequeños fragmentos que, hoy, todo hay que decirlo, se encuentran expuestos en importantes museos de Chicago, Roma y Londres. Al conocerse la noticia de la caída, un grupo de científicos acudió desde Madrid para estudiarlo y, por la importancia del hallazgo, decidieron transportarlo hasta la capital en un carro tirado por mulas. Desde hace décadas, preside la sala destinada a meteoritos del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Es la estrella del pabellón.

 

          El paso del tiempo hizo que en Molina nos fuésemos olvidando de la caída del meteorito hasta borrarlo por completo de nuestra memoria colectiva. Pero hace unos años, intentando dilucidar el porqué de tantos escritores en la ciudad, Marta Zafrilla, residente en Molina y ganadora del Premio Gran Angular de Literatura, descubrió que del cráter que hace 163 años creara el meteorito al impactar está emanando una sustancia invisible, una especie de gas, que se extiende por las calles del pueblo dotando a quien lo inhala con el don de la literatura, convirtiéndolo en escritor. Sólo este extraño fenómeno explica el porqué del boom literario que vive Molina. Y tal vez esto fue lo que me ocurrió aquel día en el que, tras bajar las persianas de mi mercería, me senté ante un ordenador a contar historias y aún no he parado. No hay otra explicación.     

 

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