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ENTRE TÚ Y YO

¿Hacemos el agosto?

MurciaEconomía Lunes, 15 de Noviembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

Muchos de los mayores hits musicales son que los aparecen como 'canciones del verano', algunos sólo son one-hit wonder, es decir, nacen, crecen y no se reproducen (como nos enseñaban en clase de biología con los seres vivos), éstos son como `flores de un día`, artistas que saltan a la fama  con una sola canción. Otros, en cambio, son autores consagrados que dan su pelotazo en agosto y venden su particular hit por todos los rincones…me atrevería a decir del planeta (si no fíjense en la famosa Macarena). Pero unos y otros terminan convirtiéndose en esa musiquilla machacona que martilletea sin cesar en la terraza del bar de enfrente a toda pastilla durante las largas y calurosas noches veraniegas, en el dentista mientras esperas nervioso, es el soniquete con coreografía incluida que hay que bailar en la BBC (bodas, bautizos y comuniones), y si no lo haces es que eres un soso, lo interpretan los músicos callejeros en diversas versiones, lo aprenden los nietecitos del vecino que lo canturrean en el ascensor, y hasta lo ensaya el del 1ºB en la ducha por el patio de luces a pleno pulmón. ¡Dios! Y ¿Tiene que ser en el mes de agosto con las ventanas abiertas?

 

Pues ya podía haberse quedado quietecito el nieto de Julio César,  Cayo Octavio, que fue quien le dio el nombre al mes en cuestión. A la muerte de su tío el dictador, Octavio derrotó a la pareja que formaban Marco Antonio y la superwoman Cleopatra  en la batalla de Accio, confiscó todos los bienes de Egipto y se los llevó a Roma.

 

Como Octavio era extremadamente habilidoso se nombró a sí mismo Imperator (lejos de ser ´dictador´) en un acto solemnísimo, casi teatral y cuidadosamente estudiado, en el que devolvió al Senado sus poderes, respetando las normas republicanas. El Senado, claro está, como mandan las leyes de la cortesía, tenía que tener un gesto con él ¿y qué dijeron los senadores? “Pues nada, nada, si Octaviano ya es un poco más republicano, nosotros lo nombramos Augusto con todas las de la ley, Emperador César Augusto, y a sus dominios militares el Imperio  es decir, un título que le otorgaba un halo de superioridad incardinando su existencia por encima de la condición humana.

 

¿He dicho que Augusto era habilidoso? Sí, lo leo más arriba, es que se me va el hilo, pues haciendo componendas como en el tetris, con paciencia, sin prisa, pero sin pausa, comenzó a conseguir más y más autoridad y a acumular poderes en su persona de tal manera que más bien parecía un monarca que gobierna en solitario desde Roma como cabeza de un gran Estado Imperial, que un Emperador republicano sujeto a las leyes impuestas por la asamblea. Pero ello no fue obstáculo para que  Roma gozara de un periodo de una  prosperidad y estabilidad inusitadas, conocido como la Pax Augusta.

 

Y como estaba todo en calma, Octavio aprovechó el tiempo para hacer inversiones con el tesoro de Egipto y los dividendos de los botines de guerra, así que hizo participaciones, repartos de trigo gratuitos, donaciones (tuvo suerte de que no existiese aún Hacienda), en fin, que se ganó al personal y además acometió grandes obras arquitectónicas (aún no había llegado la crisis del ladrillo, creo) como el Teatro de Claudio Marcelo, el Mausoleo de Augusto o el Templo de Marte en los Foros Imperiales.

 

Una de las obras que utilizó con gran valor propagandístico e iconográfico fue el Ara Pacis Augustae, altar dedicado a la diosa romana de la paz, aunque lo que decora el friso, claro está, es su augusta majestad y su familia rodeada de las máximas autoridades. Claro Octavio tenía que difundir su carácter mágico y carismático por el Imperio. Y tantas obras hizo que llegó a afirmar: “Encontré Roma como una ciudad de ladrillo y la dejé de mármol”, que es lo mismo que decía el Arcipreste de Hita con aquello de “Lo que puede el dinero”.

 

Seguramente Cervantes no estaba pensando en el poema del Arcipreste de Hita cuando hablaba  en La Gitanilla de “hacer el agosto y su vendimia”,  pero quizás la picaresca de la tradición popular lo derivó como sinónimo de la posibilidad de hacer negocio, de lucrarse aprovechando la ocasión oportuna para ello.

 

Por cierto, ya que Julio César había nombrado con su nombre el 5º mes romano, Augusto, que no quería ser menos, se adjudicó el 6º -que además fue el mes en el que venció a Cleopatra- y como sólo tenía 29 días dicen que fue quitando de aquí y poniendo de allá hasta conseguir completar los 31 días para igualar en grandeza a su antecesor. Pues ¡Hala! más días para la dichosa cancioncita del verano.

 

No tengo ni qué decir que Roma es patrimonio y arte al aire libre y que cualquiera que la visite podrá contemplar las 3 columnas con capiteles corintios que sobreviven del Templo de Marte en los Foros Imperiales o el magnífico Ara Pacis Augusta.  

 

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