
Muchos de nosotros hemos visto al sobrino, nieto, alumno, que se comporta de una manera con nosotros hasta que, aparecen los padres. Entonces, ¡se transforma! empieza a hablar como un bebé, se comporta más inmaduro, o empieza a hacer pataletas o contestar como si lo hubiera poseído Damien, de la película de terror ¡Ahí está el personaje en acción!
¡Qué miedito nos da que nos rechacen, sentirnos solos o juzgados!
Luchamos contra esas situaciones intentando dar la imagen que pensamos que los demás quieren o desde dónde nos sentimos atendidos. De manera inconsciente nos mostramos a los demás fuertes o débiles, amables o estúpidos, ingenuos o prepotentes para evitar el malestar del abandono o de no ser vistos.
Necesitamos el reconocimiento de los demás para sentirnos valorados y en ese intento dejamos de valorarnos a nosotros mismos. ¿Cuántas veces te cuesta decir que no a algo para no defraudar o tal vez decir que sí y ser amable? ¿Vas de fuerte y te cuesta reconocer errores o vas de débil y dejas que te avasallen?
Sólo cuando pierdas el miedo podrás actuar de otra manera. Y actuar de otra manera es poner a tu personaje en crisis, sin alimentarlo, para que pierda fuerza y entonces poder satisfacer tus propias necesidades.
Poner en crisis a tu personaje es descubrir esa máscara de complaciente, egoísta, controlador, víctima y dejar de hacerlo, todavía creyendo que te van a hacer daño. Y cuando compruebas que esos límites nuevos que te pones, auténticos para ti, superan al miedo inicial y te dan satisfacción personal, habrás vencido al personaje. Entonces, SERÁS TÚ, con tus auténticas fortalezas y debilidades, tolerando el sufrimiento y la satisfacción inherente de vivir.
Ser nosotros mismos, ser auténticos es la clave de la felicidad pero en nuestra niñez entendimos que para ser queridos teníamos que mostrarnos de otra manera. Ese momento de elección fue una buena protección; no teníamos los recursos e información para hacer otra cosa. Pero en la adultez ya no me protege porque alimenta mis debilidades y me aleja de mí, de lo que un día entendí que debía ocultar.
Nuestros hijos, muchos ahora en su niñez y adolescencia, están haciendo esas elecciones para protegerse. Tu hijo, sin saberlo, está construyendo sus máscaras para ser aceptado, evitando a toda costa ser él mismo para tu aprobación y tu atención. Piensa en tu hijo, obsérvalo y pregúntate que está haciendo para sentirse querido. ¿Necesita ser el bueno de la casa, el dramas, el rebelde, el perfecto? Tu hijo se frustra si no se siente querido o aceptado como es y en un intento de poner a salvo a su verdadero “yo” en peligro aprende a manipular a través del enfado, indiferencia, culpabilidad, ansiedad o exigencia.
Los padres como buenos exploradores podemos descubrir los valores e intereses del hijo, sus emociones y su forma de pensar. Sean cómo sean, todas están bien, todas forman parte de tu hijo Aceptándolo cómo es, es cuando podrá dejar de fingir algo que no es. Déjalo que se diferencie de ti, que exprese lo que siente y lo que piensa. Deja que tu hijo no sea tu proyecto ni tu proyección. Sólo así será auténtico. Un abrazo. Esther.

