
Cuando este verano me decidí a leer Los enemigos del comercio, no imaginaba que unos pocos meses después fallecería su autor, Antonio Escohotado. No me lo imaginaba porque, a pesar de su larga edad y de un estilo de vida alejado de las recomendaciones que cualquier médico de cabecera indicaría a un señor de 80 años, Escohotado seguía transmitiendo esa tranquilidad y esas ganas de vivir y seguir aprendiendo que siempre lo caracterizaron. Hoy me gustaría reflexionar sobre la que, creo, es la mayor enseñanza que el filósofo madrileño nos ha brindado: el conocimiento no lleva a la arrogancia, sino a la humildad. En sus propias palabras:
“La ciencia es la humildad en la búsqueda de lo verdadero y en cuanto pierda esa humildad ya no es más que una forma de embaucamiento”.
La historia de Escohotado es la historia de un hombre que encontró la humildad en el conocimiento. Es la historia de un hombre con un deseo incesante por descubrir, por conocer, como él mismo afirmaba:
“No admito estancamientos porque a mí lo que me gusta es conocer y eso nunca tiene fin”.
Fue precisamente en un momento de estancamiento, cuando Escohotado, en un alarde de valentía, decidió remover las raíces de las ideas que habían guiado tanto su obra como su vida, para terminar descubriendo la fatal arrogancia en la que estas se cimentaban. Y fue capaz de concluir tal hallazgo gracias a su humildad y a su valentía. Debió ser complicado enfrentarse al casi seguro ostracismo al que el “intelectualismo” lo condenaría, pero todavía debió ser más duro enfrentarse a sí mismo y replantearse todo aquello que había preconizado hasta entonces.
Frente a la altanería a la que nos acostumbran los autodenominados “intelectuales”, Antonio Escohotado comprendió que ni la persona más sabia, ni la máquina más compleja, pueden llegar a comprender, anticipar y dirigir los fenómenos sociales. Es por ello, que abandonó las ideas del marxismo. Abandonó el dirigismo para abrazar el orden espontáneo. Y es que, Los enemigos del comercio, no es sino una recopilación de los fracasos de todas aquellas sociedades en las que ha reinado el rechazo al orden espontáneo del mercado. Aquellas sociedades en las que la arrogancia se ha impuesto a la humildad. Así, Escohotado concluyó que:
“En contraste con nuestros antecesores, ahora sabemos que lo descartado por caótico puede ser fuente de un orden más profundo y fértil que cualquier organización basada sobre voces de mando y dogma”.
En definitiva, la historia de Escohotado, es la historia del triunfo de la humildad sobre la arrogancia. Creo que la mayor enseñanza que podemos extraer de su obra es que para conocer, debemos ser humildes, una humildad que empieza por comprender que nunca conoceremos lo suficiente, pues en el momento en que creamos conocer bastante, será porque apenas conocemos nada.

