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Bullying o acoso escolar. Grito de auxilio para evitar los suicidios

Francisco Luis Velasco Miércoles, 24 de Noviembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

Los colegios tendrán un coordinador contra el acoso escolar. Los expertos en la materia coinciden en señalar que se trata de un problema muy frecuente y estiman que entre un 15% y un 50% de los niños y los adolescentes pueden haber sido víctimas de acoso escolar en algún momento. Los padres se manifiestan y reclaman medidas efectivas contra esta lacra ante el aumento de suicidios en los menores de 15 años que se duplicaron en 2020.

 

El próximo curso, todos los centros educativos, ya sean públicos, privados o concertados, deberán contar con una figura responsable del bienestar y protección que actúe ante casos sospechosos, y se encargue de coordinar los que requieran intervención por parte de los servicios sociales, así como de las fuerzas de seguridad, y a la que los menores podrán acudir en caso de que sean víctimas de violencia, desde el bullying al abuso o maltrato. Así lo ha acordado la Conferencia Sectorial de Infancia, que reúne a las Comunidades Autónomas y al Ministerio de Derechos Sociales, y la hoja de ruta fijada exigirá un despliegue normativo hasta poder aplicarse por completo.

 

Es un tema tabú en muchas escuelas, existe poca conciencia sobre la gravedad y el alcance de la problemática, incluso para los docentes y el alumnado. Un problema generalizado que en muchos casos no sale a la luz porque no se denuncia.

 

El acoso escolar o bullying es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico que sufre un menor a lo largo de un tiempo por parte de otro, o de un grupo de ellos, cuando acude al colegio. El acosador aprovecha el desequilibrio de poder entre él y su víctima, y la incapacidad de defenderse para conseguir su propósito, mientras que el acosado puede sufrir graves trastornos psicológicos que afectan directamente a su salud o incluso, en situaciones extremas, conductas autodestructivas y el suicidio. El bullying escolar se produce normalmente durante el recreo, pero también puede ocurrir en la fila para entrar a clase o al comedor, en el patio, los pasillos o los baños, en los cambios de clase, al entrar y salir del centro o en el transporte escolar. O en el aula, cuando el profesor se gira para escribir en la pizarra o está atendiendo a otros alumnos.

 

Hay colectivos más vulnerables, que tienen mayor riesgo de ser víctimas de acoso escolar. Son aquellos alumnos que son vistos como diferentes por el resto de los compañeros, con alguna discapacidad, o simplemente por utilizar gafas, aparatos dentales o ropa diferente, ser nuevos en la escuela, o por su orientación sexual; homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales pueden padecer bullying homofóbico. Menores que sufren trastornos del espectro autista (TEA), obesidad, delgadez o dificultades de integración social.

 

Las causas dependen de cada caso concreto, aunque por lo general, el acosador no tiene empatía y, por tanto, es incapaz de ponerse en el lugar del acosado y ser sensible a su sufrimiento. El origen de esta violencia y actitud agresiva puede venir causado por problemas sociales, una situación socioeconómica desfavorable en la familia, poca organización en el hogar o tensiones entre los padres. En ciertas ocasiones, los acosadores también han sido acosados. Además, influyen factores relacionados con el propio colegio, el clima escolar y los profesionales que allí trabajan. Actuaciones como campañas de sensibilización sobre el maltrato infantil, talleres formativos, una comunicación fluida entre las familias y el profesorado del centro ayudan a disminuir la incidencia.

 

Reducir los casos y evitar el sufrimiento. Prevenir antes que curar. Pero, ¿cómo?

 

La prevención del acoso es fundamental para minimizar y reducir sus efectos cuanto antes. Para ello, hay que identificar los síntomas a través de una serie de indicadores que los niños acosados pueden presentar y alertar a los padres y profesores en caso de que estén sufriendo bullying escolar. Problemas de memoria, dificultad en la concentración y atención o descenso del rendimiento escolar. Depresión, ansiedad, irritabilidad, falta de apetito, sensación de ahogo.  Dificultades para conciliar el sueño, pesadillas o insomnio.  Aislamiento social, e introversión. No querer ir al colegio, apartarse del resto. Sentimiento de culpa dejando entrever la confusión que le domina. Negación. Llanto descontrolado, temblores, palpitaciones, inquietud, nerviosismo, pesimismo. Ideas e intentos de suicidio.

 

Cómo actuar.

 

Si los niños muestran cambios de humor o de comportamiento los padres deben tratar de hablar con ellos y determinar cuál es el motivo. Deben escuchar con calma todo lo que tengan que decir, siempre confiando que dicen la verdad. En caso de que el menor confiese sentirse acosado, hay que reforzar su autoestima, haciéndole saber que no es culpa suya, ponerse en contacto con el colegio inmediatamente o bien, denunciar el acoso en cualquier comisaría de policía o un inspector de Educación.

 

Algunos profesores atesoran formación y aplican protocolos cuando hay indicios de acoso, pero normalmente se aplican tarde; el problema es querer involucrarse. Muchos docentes tienen miedo de destapar los casos de acoso escolar porque en ocasiones se quedan solos, se topan con muros y burocracia y acaban tirando la toalla, o bien sufren las represalias de la familia del acosador. Una vez que tengan conocimiento de la situación, los profesores deben aumentar la vigilancia a la entrada y a la salida del colegio, así como en los lugares donde es frecuente que se produzca el acoso. Deben vigilar a los niños implicados en todas las situaciones para controlar que el problema no empeore. Estar atentos a las reacciones de la clase. Recoger toda la información posible sobre los hechos, no limitándose únicamente al acosador y a la víctima, aunque los menores espectadores suelen callar por miedo a que se ensañen con ellos o porque de una forma u otra están disfrutando, e informar a la dirección del centro y en los casos más graves, denunciar el problema ante las autoridades.

 

La importancia de la formación conjunta.

 

Acoso físico, verbal, social, sexual, acoso por internet o cyberbullying. Para atajar este grave problema es necesario actuar en todos los niveles. Y uno de los más importantes es la formación teórica, una formación dirigida a profesores, padres y alumnos que conciencie y sensibilice. La idea es operar de forma coordinada: proporcionarles el conocimiento adecuado, inculcarles a los menores valores tan importantes como la integridad moral, honestidad, humanidad o el compromiso, y promover desde el principio el respeto a la diversidad.

 

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