
La repercusión en los alimentos del encarecimiento de la electricidad y los ‘cuellos de botella’ en las cadenas de abastecimiento han provocado una nueva subida de precios y el IPC de noviembre se sitúa en el 5,6%, dos décimas más que en octubre y el mayor incremento desde 1992.
Además de los alimentos, también han influido en esta subida los combustibles, lo que está generando una ‘tormenta’ perfecta que ralentizará aún más la recuperación económica tras el peor año de la pandemia.
A pesar de las subidas continuadas en los últimos once meses, el Gobierno prevé aún que la inflación en el conjunto del año no supere el 2,5%, aún así muy lejos de un IPC previsto este año del 0,9%.
Esta inflación también determinará el gasto del Estado en pensiones, pues la desviación al alza obligará a abonar la 'paguica' que con carácter retroactivo corregirá el poder adquisitivo de los pensionistas. Asimismo incrementará las pensiones el próximo año, lo que supondrá un nuevo palo a las meguadas arcas de la Seguridad Social.



