¡Gordi, ven a mí!
Cuando era joven y me iba de veraneo a la playa, mis amigas y servidora teníamos una contraseña: ¡bombonas de oxígeno!. Eso significaba que se avecinaba un tío bueno y había que inspirar y mantener la respiración mientras estuviera pasando, o sea, lo que viene siendo meter barriga, que produce un efecto bastante favorecedor, pues el abdomen se hunde y salen las tetas.
Si el guapo, además de apolíneo, era de sangre gorda, corrías el riesgo de morir asfixiada, pues si se demoraba mucho en llegar a tu altura y rebasarte, el aire te faltaba. Si se acercaba a ti, embaucado por el recurso, no iba mejor la cosa, porque entre que te ponías nerviosa y él te hablaba y tú le hablabas, llegaba un punto en el que tenías que soltar el aire y lo mismo lo volabas a Marruecos de la misma violencia huracanada que escapaba por tu boca, que lo tumbabas sobre la arena de un tripazo de resultas de su reconquistada expansión.
Pues bien, uno de los aspectos positivos de la crisis es que las bombonas de oxígeno se han acabado. Sí, como lo oyen. El Departamento de Psicología de la Universidad de Westminster, (Reino Unido), -que por lo visto no tiene conocimientos de Historia del Arte ni de Venus prehistóricas-, ha invertido en demostrar lo demostrado, a saber, que el estrés hace que los hombres las prefieran gordas, porque un hombre estresado busca seguridades y "la grasa corporal (de una mujer gorda) sería percibida como un indicador clave de la disponibilidad de comida". No queda claro si el hombre le dice a la mujer: ¡gordi, ven a mi!, con la intención de que ésta comparta su comida con él o para comérsela mismamente a ella, pero eso no importa mucho.
Lo realmente interesante es que, como la crisis produce mucho estrés, todas las mujeres que estén jamonas reventonas como esta moza de Botero, se van a hinchar a ligar este verano y este otoño y este invierno y así por muchos años.
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