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ENTRE TÚ Y YO

¡Extra, Extra!

Consuelo Aguayo Lunes, 27 de Diciembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

¡Huy! Con este titular parece que hoy pregono alguna tirada especial de nuestro periódico preferido (éste, por supuesto). Pero no es así. Voy a hablar de aquello que escribió el Arcipreste más famoso de la literatura española, el de Hita, cuando en versión de Paco Ibáñez en el Olympia de París cantaba aquello de que: Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar/Al torpe hace discreto, hombre de respetar/hace correr al cojo al mudo le hace hablar/el que no tiene manos bien lo quiere tomar.  Sí, es verdad que recurro mucho al famoso Arcipreste, pero es que me da para muchas páginas. Han acertado, voy a hablar del dinero (o como dicen algunas personas que conozco, de  “los dineros” que también me lo permiten los académicos en plural).

 

Aunque les parezca una pardilla he de confesarles que yo nunca antes había oído hablar de las tarjetas black (aún no sé por qué se llaman “negras” si te hacen ver la vida de color de rosa, bueno, ya indagaré) hasta que la prensa hablaba de ellas en relación a determinados escándalos de personas que mueven muchos dineros. Y así tuve que recurrir a titulares como “Las claves de las black, las tarjetas que usaron a su antojo los consejeros…” para enterarme que en algunos trabajos daban unas tarjetas cargadas con dineros con números con bastantes ceros para gastarlas en regalitos, comidas, caprichos y no sé cuántas cosas más. ¡Válgame Dios! A raíz de ahí concluí que yo no había sido muy lista cuando elegí una profesión en la que la única “negra”, “muy negra” era yo para llegar a fin de mes (bueno eso también dicen algunos políticos y famosos de la farándula, será que están como yo) y mucho más negra en estas fiestas navideñas. Pasa tarjeta, pasa tarjeta, pasa tarjeta,  y ninguna de ellas es de las black sino que está ya en red (en números rojos, vamos) y  además ya entra en la ranura del cajero y sale rápidamente como alma que lleva al diablo sin darme ni una alegría.

 

Yo creo que ya he gastado hasta el pin que me asignaron en mi entidad bancaria, y ahora voy al gym todos los días a ver si soy capaz de subir esa cuesta de enero de la que todos hablan y que yo me imagino como la subida al Everest. Hace ya  tiempo que el banco me comunicó (amablemente eso sí) que mi saldo era negativo y rápidamente esperé la tan ansiada Paga Extra de Navidad como agua de mayo.

 

¿A quién se le ocurriría dar una Paga Extra por estas fechas que tanta falta hace? Pues buscando buscando hay muchos personajes que quieren adjudicarse esa magnánima obra para honra y gloria suya.

 

Algunos se remontan a la tradición romana de la sportula en la que el patrón regalaba por la mañana a su servidumbre, también llamados “clientes” (como ven lo del consumismo no es nada nuevo) cestas con diversos alimentos de calidad como higos o laurel.

 

Otros hablan de la costumbre anglosajona de los Christmas Boxes en la que los trabajadores presentaban a sus jefes cajas vacías insinuadoras de que allí  podían depositar sus donaciones, o sólo Christmas escritos que invitaban a una donación.

 

También hay quien subraya el carácter institucional que adquirió la paga durante la época franquista al aparecer en el BOE en 1944 una Orden Ministerial por la que se disponía a pagar “al personal de industrias no reglamentadas una gratificación equivalente a la retribución de una semana para solemnizar las fiestas de Navidad”.

 

Pero si les soy sincera creo que lo más argumentado que yo he leído en torno a la Paga Extra es lo que recoge el Archivo de Indias de Sevilla como “Documento de diciembre de 2019”  en el que se destaca como “Documento del mes” uno de la Compañía de la Habana que describe las “Relaciones de regalos hechos en Navidad en azúcar, chocolates y dinero” por lo que se entiende que la oficialización del aguinaldo se remonta a los años 40 del siglo pasado y hace referencia a las “arrobas de azúcar cubano regalado a oficiales reales y funcionarios en el momento del año de mayor provecho”.

 

Visto lo visto no sabría decirles, pero parece que el origen de la tradición de hacer regalos con ocasión del solsticio de invierno o del año nuevo, además de incierta, podría ser mucho más antigua incluso que la Navidad pues ni está del todo claro el origen de la Paga Extra, ni tampoco el de la tradición. Probablemente se trata, como algunos sostienen, del resultado de la superposición de varias tradiciones.

 

Yo les he relatado varias explicaciones, pero que cada cual elija la que más le convenza. Ahora bien si alguno de ustedes quisiera renunciar a su Extra por no tener claro su origen, por favor no se repriman, contacten conmigo a través del periódico, será recibida con aplausos en mi cuenta corriente.

 

Para finalizar me gustaría recomendar la visita al  Archivo General de Indias en Sevilla, imprescindible para conocer la historia de ultramar, allí se pone de relieve piezas, series y fondos documentales de especial interés para los ciudadanos por su representatividad, valor etnográfico o especial relevancia histórica. Disfruten de la visita, además de interesante es gratuita.

 

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