
¿Vamos por la vida o la vida nos lleva? Dicho de otro modo ¿vivimos o sobrevivimos?
Me importa y mucho la forma de vivir de los padres porque determina la vida de sus hijos. Padres con carencias que arrastran, en su devenir como tutores legales y emocionales de sus hijos, las mismas carencias inconscientes de sus progenitores.
Los padres en el intento de ser fieles al sistema familiar podemos repetir apegos parecidos con nuestros hijos. Sin saberlo podemos mantener con ellos relaciones insanas parecidas a las recibidas por nuestros principales cuidadores.
Aprendemos todo y, por supuesto, también aprendemos a querer. Si lo que tu hijo recibe por tu parte es rechazo, distanciamiento o angustia, aprenderá a no ser querido y a buscar ese amor vacío en las relaciones con los demás.
Entonces los hijos se encuentran con un amor al descubierto como una cuenta bancaria con saldo negativo por una mala gestión parental. Situación que si no se resuelve le convierte en un moroso vital y le obligará a pagar con intereses la deuda emocional contraída, bien con relaciones tóxicas, promiscuidad o dependencia afectiva.
Me encuentro con jóvenes con dificultad para poner límites a los amigos o parejas. Como la chica que acepta o bloquea por dispositivos según tenga lleno o vacío el corazón en su intento de volver a llenarlo, sólo por la necesidad de sentirse querida; o la que me habla de su “rebaño de chicos “que tiene detrás para sentirse vista; o el que se expone por redes sociales de manera inapropiada dando lo que no tiene que dar; o la que se conforma con el primero que le dice “ojos verdes tienes”.
Les falta en su intento de colmar su cariño, ponerle pensamiento a las sensaciones que sienten. Porque si pensaran lo que hacen, harian otra cosa. Está claro que esto nos debe preocupar como padres y en ese sentido debemos responsabilizarnos de la cuota de cariño y atención que les prestamos nosotros.
Centrarte en el presente, en ti mismo, en reconocer que eres un adulto con capacidades para defenderte y autocuidarte por dentro, sin esperar que sean otros lo que lo hagan es un buen aval para garantizar la seguridad emocional y relacional de tu hijo.
Si tú estás bien y te cuidas podrás ocuparte de tus hijos y recibirán todo el amor verdadero que sientes por ellos. Y ellos, con su taza emocional llena no buscarán cualquier alimento. Buscarán el que de verdad les sacie y nutra en las relaciones.
Luchemos con nuestros demonios afectivos como un adulto activo para que nuestros hijos encuentren el amor a primera vista y no la carencia a primera vista.
Un abrazo y feliz 2022.

