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ENTRE TÚ Y YO

No pudieron

Carlos Castillo Martes, 04 de Enero de 2022 Tiempo de lectura:

 

Es el primer martes de 2022 y, repasando los acontecimientos políticos de 2021, que no han sido pocos, me gustaría resaltar uno por encima del resto: la dimisión de Pablo Iglesias y, con ello, lo que, creo, es el fin de Podemos.

 

La historia de Podemos ha sido la historia de la Revolución Rusa, pero a lo cutre. La formación morada, de forma similar al bolchevismo, nació de capitalizar el descontento y la agitación política del 15M. Ese ambiente de efervescencia política, de movilización ciudadana, de política asamblearia y democracia directa existió también en Rusia entre 1905 y 1917. Los bolcheviques también fueron súper progres y súper asamblearios. “Cada voz cuenta”. “Este proyecto político nace de todos y es para todos”. Falso. Y los líderes originales de podemos, que en su gran mayoría son politólogos, lo sabían. Lo sabían porque ya en 1911, Robert Michels enunció un axioma que se estudia en toda facultad de Ciencias Políticas y que se ha cumplido, se cumple y se cumplirá de forma inexorable en política: la ley de hierro de las oligarquías, que viene a decir que cualquier organización, por asamblearia que quiera mostrarse, acaba siendo dirigida por una pequeña oligarquía. No creo que sea necesario repasar cómo en Podemos el poder acabó siendo regentado con mano de hierro por unos pocos oligarcas, algunos de ellos con coletas y otros con rastas. El partido morado no es ni más ni menos que una demostración más de que la ley enunciada por Michels se cumple, por mucha apariencia asamblearia, aplausos sordos y esnobismos varios que nos hayan querido vender.

 

También en Podemos se cumple otro axioma ineludible: “la revolución devora a sus hijos”. Y aquí es donde quiero resaltar la cutrez de Podemos. No han esperado ni siquiera a ocupar el poder para devorarse unos a otros. Algunos revolucionarios de más renombre y éxito como Hitler, cuando se cepilló a la plana mayor de sus camisas pardas, o el bueno de Stalin cuando le dio la patada a Trotski (para los despistados: el Errejón de su época), al menos esperaron a tomar el poder para poner en práctica este axioma. Y es que, en Podemos estos axiomas han actuado con una prisa y una voracidad inaudita, pues fíjense que la revolución no solo ha devorado a sus hijos, sino también a su padre: El Coletas. Y no es casualidad que prefiera llamarlo El Coletas, lo hago en honor a la revolución. Nadie conoce a Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, todos conocemos a Stalin. ¿Quién es Vladímir Ilich Uliánov? Será Lenin. Pablo Iglesias merece pasar a la historia por su sobrenombre de revolucionario: El Coletas. El protagonista de la revolución cutre no podía tener sino un apodo cutre, un apodo que bien podría ser el del protagonista de una peli de cine quinqui.

 

Chascarrillos aparte, creo que la dimisión de Iglesias representa el fin de Podemos, que, después de tanta escenografía y tanto bombo, ha acabado ocupando el mismo espacio que Izquierda Unida y siendo prácticamente lo mismo. La revolución ha fracasado… No pudieron.

 

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