
Yo no acabo de entender bien los objetivos del certificado Covid, una medida que se ha mostrado ineficaz contra las infecciones, que no ha evitado que la sexta ola continúe al alza y se estén batiendo todos los récords de contagios, a pesar de que el porcentaje de población vacunada en España supera el 90%. Eso sí, según parece los ingresos en UCI y las muertes están siendo sustancialmente inferiores, y si se producen son en su mayoría de personas no vacunadas. Eso nos cuentan, sobre todo porque cuando fallecen personas vacunadas con pauta completa hay quienes se vuelven sordos, mudos y ciegos.
La implantación del pasaporte Covid se aprobó el pasado 14 de junio por la Comisión Europea y se planteó como una medida para obligar a los ciudadanos que no se habían vacunado a que lo hicieran, o bien, a los que no habían completado su pauta, pero resulta que no sirve para controlar las infecciones, según ha reconocido el propio presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), Marcos López Hoyos. Hoy los científicos se han dado cuenta que las personas vacunadas también pueden transmitir la enfermedad, y vaya si lo hacen. Las vacunas no inmunizan, esa es la cruda realidad. El que diga lo contrario miente. Sin embargo, en la gestión de esta pandemia no existe un camino claro y todo vale, por increíble, raro, absurdo, ilegal o detestable que parezca.
Y es que el certificado Covid nos afecta a todos. No solo a los no vacunados. Porque el hecho de que le hayan puesto fecha de caducidad, sí, sí, un periodo de validez, significa que si quieres seguir tomándote el café en el bar de siempre tendrás que tener puestas todas las dosis que a nuestros dirigentes les parezca oportuno, sea la cuarta, la novena o la décimo octava. No exagero en absoluto, el Gobierno ha presupuestado 175 millones de euros para vacunar a la población española durante al menos 15 años más. Quizá te canses mucho antes de tanto pinchazo. Solo piénsalo. Y piensa también que de nada te servirá un certificado caducado, pues para renovarlo y no ser defenestrado, señalado con el dedo y vetado, tendrás que contar con la última dosis exigida, por muchas que te hayas puesto.
También resulta preocupante que ciertos presidentes autonómicos insaciables se hayan vuelto demasiado osados en el fértil clima de desconcierto existente y se atrevan a limitar a golpe de decretazo, derechos fundamentales de las personas y con ello, llegar incluso a vulnerar ni más ni menos que la mismísima Constitución española, como ya ocurrió con los dos estados de alarma ilegales. Si la razón de ser y existir del pasaporte Covid radica en que cada vez más personas se vayan inmunizando y con ello reducir el número de contagios, no está funcionando, no reduce, no frena el contagio del virus ni la nueva variante ómicron, no inmuniza, por tanto, sería necesario un análisis más profundo y otras medidas más acertadas. Desde luego, no ha sido la solución para evitar la sexta ola.
No se alarmen, es «provisional» y no puede durar eternamente. En parte, porque conculca una serie de derechos constitucionales especialmente protegidos y recogidos en nuestra Carta Magna según falló el Tribunal Supremo, como el derecho a la libertad, a la igualdad, a la intimidad, a la libre movilidad y no discriminación. Ahora, visto el efecto y que nos empujan a estar otra vez más enmascarillados en la calle, existen serias dudas sobre su obligatoriedad, ya que no ha sido una herramienta eficaz. Es más, me huele que es posible que la falsa sensación de seguridad que produce tenerlo haya sido una de las claves para que se produzcan contagios a mansalva en recintos cerrados.
Que un portero de discoteca o un camarero estén pidiendo una certificación que viola la privacidad de nuestros datos por una disposición autonómica es demencial, improcedente y enteramente ilegal. El certificado Covid es una medida limitativa de derechos fundamentales y por ello ha de aplicarse con cautela y siguiendo la más estricta legalidad. Lo que no es de recibo es que se haya convertido en una forma de enfrentar a vacunados y no vacunados o de coaccionar indirectamente a la población para que se vacune, un truco de trileros usado para esquivar el mandato del Tribunal Constitucional que falló a favor de la vacunación voluntaria. Si algo es voluntario es voluntario. Y no te pueden obligar, ni directa ni indirectamente. Lo demás son historias. El sacrificio de los derechos fundamentales no está siempre justificado, sobre todo cuando el beneficio sanitario, la reducción de contagios y la inmunización frente al virus aportada por este controvertido invento es inexistente o cuanto menos, discutible. Es más, según se está demostrando, los contagios se han incrementado sustancialmente desde que existe.
Vacunado o no vacunado se corre un riesgo, sería insensato decir lo contrario. Pero el hecho de presentar un certificado en la puerta de un restaurante no significa que no tengas el virus en tu organismo, tampoco que no puedas contagiarte y menos aún contagiar a los demás. Es más, si las vacunas reducen los síntomas, es posible que un porcentaje muy amplio de ese 90% de ciudadanos que ya se han vacunado camine por ahí con el virus circulando por su cuerpo, sin darse cuenta. ¡Qué paradoja! ¿Verdad?
No me entiendan mal, yo no estoy en contra de las vacunas, al contrario, creo en la ciencia y también creo que cada cual es libre de hacer con su cuerpo lo que le plazca. Lo que me parece indecente es que en un país que se permite la eutanasia se señale con el dedo a millones de españoles por no querer inocularse, o les obliguen a pagar una carísima prueba PCR cada tres días o un test de antígenos cada dos para comer en un restaurante, viajar, visitar un museo o ir al cine. Es un trato injusto y discriminatorio que no merecen. Aquellos que todavía resisten sin vacunarse no son los culpables de los contagios, ni los creadores del virus, al contrario, son seres humanos que se han mantenido inmunes a esta toxina durante 23 meses sin necesidad de inocularse Dios sabe qué, eso sí, siguiendo las medidas de seguridad y todas las restricciones impuestas y... ¡vaya sorpresa! No se han contagiado ni tampoco han contagiado a nadie. ¿Quiénes son los verdaderos héroes y villanos? Por favor, de nuevo te pido, que pienses en ello un momento...

