
“No hay nada más incomprensible que el hombre entre todos los seres que respiran en la tierra y caminan sobre ella” (Homero en la “Iliada”, Editorial Edaf, 1985)
En efecto, a pesar de los reiterados e intensos esfuerzos, en el pasado y el presente, de filósofos, sociólogos, teólogos y científicos por esclarecer la dualidad: bondad – maldad, presente en el ser humano; sigue siendo un enigma la persistencia del mal y las explosiones de crueldad de la humanidad.
Hace poco más de un año (en concreto el día 30 de diciembre de 2020), dediqué mi tribuna a un magnífico libro: “Las razones del mal” (Editorial Planeta, 2018); de Peter Hayes; en el cual intentó comprender las causas que provocaron el Holocausto; y, a pesar que, como nos advertía el autor: “al adentrarnos … nos arriesgamos a sufrir una desilusión colosal con el ser humano y angustiarnos con la idea de que, en este mundo, las cosas pueden torcerse hasta un extremo terrorífico”; he seguido intentando encontrar ayuda parar identificar las razones del mal; por cuanto, como Peter Hayes también pronosticaba: “afirmar que el tema es impenetrable es perder la esperanza”. Y, créanme, a pesar de lo acontecido, conservo la esperanza en el ser humano y la humanidad en su conjunto; y, por ello, quiero darles noticia de tres libros muy diferentes, que recientemente han afrontado la presencia del mal en el mundo. Estos son:
1º.- Desde la Filosofía: “Decir el mal” (Editorial Galaxia Gutenberg, 2021), de Ana Carrasco-Conde (1979) profesora de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, es una investigadora experta en el “lado oscuro” de la realidad. Con profundidad y originalidad, en su citado libro, que la propia autora define como “un libro no amable”, parte de un compromiso irrenunciable: “pensar el mal sin caer en el tópico de lo indecible, de lo ilimitado y de lo inimaginable”; y desde una premisa incontestable para la autora: “en realidad, no es el mal el que se repite, porque cada vida y cada hecho concreto son únicos y singulares, irrepetibles, sino la forma en la que lo afrontamos como algo inevitable y consustancial, es decir, que el problema es nuestra actitud ante él, nuestra mirada y nuestras justificaciones edificantes”; intenta responder a la pregunta esencial. ¿Por qué quiere el ser humano hacer el mal?
![[Img #87811]](https://murciaeconomia.com/upload/images/01_2022/889_j3-002.jpg)
Ana Carrasco-Conde aporta una primera hipótesis: “el hombre es propenso al mal, no por el mal mismo, sino porque busca lo bueno a nivel particular… Así existe un mal radical intrínsecamente relacionado con velar por los propios intereses”. Y tras repasar, en sus 230 páginas, el mal no como mero hacer, ni un hecho aislado, sino como una forma de relacionarnos, concluye con el análisis de “lo cruel”, en particular con las formas que conducen a lo “inhumano”; esto es, a la “inhumanización del perpetuador y la deshumanización de la víctima”. En particular, Ana Carrasco-Conde, identifica nueve figuras del reconocimiento perverso, entre las que, me permito destacar, la que deshumaniza al otro: “aquella que no ve en el otro un rostro humano, sino que le reconoce como cosa o animal y no merece respeto alguno”.
Y quizás lo más grave es, como dice la autora: “cuando el mal es el resultado de un orden estructural que no sólo lo produce, sino que lo normaliza”.
2º.- Desde la teología: “La inhumanidad: Reflexiones sobre el mal moral” (Editorial Sal Terrae, 2021) de José Ignacio González Faus, (Valencia, 1933) uno de los principales teólogos españoles, sacerdote de la Compañía de Jesús y autor de numerosos libros, entre ellos, el monumental “Proyecto de hermano: Visión creyente del hombre” (Editorial Sal Terrae, 2000). Hoy quiero remitirme a un magnifico texto teológico que nos habla del “pecado” como sinónimo de “inhumanidad”; por cuanto que aquél no es más que el daño al ser humano (a uno mismo o a los demás). A lo largo de sus 361 páginas, parte de la complejidad humana marcada por la dialéctica de la persona como “criatura sujeta a finitud o limitación” y como ser “a imagen divina”; recorre la historia y realidad de la maldad humana en cuatro capítulos: personal, estructural, original y teologal; y reconoce que: “… la historia muestra que, demasiadas veces, el hombre ha descendido, incomprensiblemente, hasta más debajo de cero, hasta llegar a la negatividad misma en sus niveles de humanidad”.
![[Img #87810]](https://murciaeconomia.com/upload/images/01_2022/5652_j1-002.jpg)
3º.- Desde la historia: “ Biografía de la inhumanidad: Historia de la crueldad, la sinrazón y la insensibilidad humanas” (Editorial Ariel, 2021) de José Antonio Marina, (Toledo, 1939), catedrático excedente de filosofía en Educación Secundaria, pedagogo y ensayista; ha dedicado gran parte de su investigación a la teoría de la inteligencia y precursor de la llamada “ciencia de evolución de las culturas” (Panóptica) en cuyo centro está la Historia global, completada con la aportación de otras ciencias auxiliares, con la psicología, la sociología, antropología, etcétera. Con un objetivo claro: “necesitamos conocer para comprender, y… conocer para tomar buenas decisiones y actuar”. En el caso del libro citado: “entender el constante retorno del horror para intentar evitarlo”.
En sus 265 páginas, José Antonio Marina, parte de tres, de las muchas, experiencias atroces: la guerra sin límites, las hambrunas políticamente dirigidas y de la violencia sexual contra las mujeres y niñas; para recorrer, en una primera parte, el progreso de la humanidad (“espiral ascendente”), con hitos tan importantes, entre otros, como la compasión, el descubrimiento de la humanidad compartida y la sensibilidad hacia los otros, que lleva al reconocimiento político y, por tanto, jurídico, de los derechos de los ciudadanos (todos somos iguales); y en la segunda parte, describir la “inhumanidad” (“espiral descendente”) asomándose al abismo de la perversión de los sentimientos, la estigmatización absoluta, el colapso moral que nos precipita a la crueldad y la utilización del terror y, con ello a la destrucción de las instituciones y el totalitarismo. Y un epílogo que pretende indicarnos como recuperar la espiral ascendente.
![[Img #87812]](https://murciaeconomia.com/upload/images/01_2022/9717_j2-002.jpg)
En mi opinión: los autores citados, desde ámbitos muy distintos y por encima de lo que, aparentemente, podría parecer un percepción pesimista de la humanidad; convergen en una mirada realista de la acumulada experiencia del “mal” que retumba desde el pasado, perturba el presente y contamina nuestra proyección futura, que califican como “inhumanidad”, lo cual abre de inmediato la esperanza de: “decir el mal para comprenderlo pero no justificarlo” (Ana Carrasco-Conde); “desenmascarar la inhumanidad (verdadera dimensión del pecado), la certeza de que lo que entristece o sacude a Jesús es el corazón necrosado (impermeable a las razones de la misericordia y de la humanidad) o la hipocresía (doble vida) y que en cada ser humano late siempre la posibilidad de redención y liberación” (José Ignacio González Faus); y la existencia de “tres grandes protecciones contra el horror, los sentimientos, los hábitos éticos y las instituciones, que nos permiten el diseño de proyectos educativos, sociales y políticos beneficiosos” (José Antonio Marina).
Queridos lectores: son tres libros cuya lectura no es fácil (más allá del lenguaje técnico, filosófico o teológico de los dos primeros), pues nos obligan a transitar por la geografía inacabada del lado oscuro de la realidad del ser humano; camino que entiendo es inevitable si queremos converger en una sociedad más “humana” o, como mínimo, menos “inhumana”. Y para ello la herramienta es conocer la historia y comprender las causas de la maldad humana (sin justificarla), no limitar nuestra respuesta, individual y colectiva, a “lo indecible que resulta la crueldad”.
Todos recordamos como “el silencio encubridor y la equidistancia cómplice” de personas y colectivos ante los que estalla la violencia o la crueldad han gangrenado sociedades de un modo casi duradero; y, como ante la primera muestra de maldad, la condescendencia por lejanía aparente a nosotros y “los nuestros” ha permitido la “definitiva crueldad colectiva; para la cual, como dice Ana Carrasco-Conde: “necesita tiempo y recorrido previo que oriente y condicione las miradas de un pueblo ante un enemigo que se genera artificialmente. Son precisas, por ello, la teoría y la práctica de un adoctrinamiento político, social y moral”.

