
Ya hemos empezado el año. Mejor que peor ya estamos en el 2022. Unos más inmunizados al covid y otros menos, pero todos con la experiencia de habernos sentido licenciados en química durante estas semanas de interminables tests de antígenos en casa. Investigando si en esta marca son 3, 4 o 5 gotas. Si se deja reposar el reactivo 1 minuto o no. Si las gotas se van espaciando o como caigan. Y ahí estábamos todos haciendo los experimentos, como si llevásemos en ello toda una vida. Y es que cuando nos ponemos un rato con la I+D+i somos imparables.
Pues resulta que justo este año 2022, verá la luz la nueva ley de StartUps. Llamada así para los amigos, porque en realidad, como estamos en España, pues nos dejamos de anglicismos, aunque suenen mucho mejor. Eso lo sabemos por las canciones, que son preciosas cuando se cantan en inglés, porque cuando las cantamos en español, parece que pierden un poquito. A lo que iba, que este nuevo documento normativo se llamará Ley de empresas emergentes. Las StartUps de toda la vida.
Bueno, a ver cómo queda finalmente, pero hay un aspecto que invita rápidamente a hacer una sencilla cuenta. Emprender es como opositar. Hay que dedicar un tiempo muy intenso, un esfuerzo tremendo y apostar como si no hubiera otra meta. A partir de ahí sólo pueden suceder dos cosas. La primera es que se apruebe la oposición y, en ese caso, tanto esfuerzo y capacidad se reconoce y se condecora con una plaza de funcionario, de notario o de militar, por poner unos ejemplos. Y la segunda opción es que hayan pasado unos años sin conseguir ese éxito y se abandone la vía oposición y a iniciar otro camino. Pero, ¿cuál es ese plazo para decidir dejar de opositar? Obviamente, depende de muchos factores y es difícil sacar una cifra.
El caso es que, volviendo a la analógica entre el opositor y el emprendedor, me voy a atrever a sacar una sencilla cuenta del tiempo en el que es factible emprender con éxito o abandonar. A mí me salen 8 años, uno más que el tiempo que estuvo Brad Pitt en el Tíbet. Esto no está demostrado científicamente, ya lo sé. Pero teniendo en cuenta que esta ley de empresas emergentes concede hasta 3 aventuras de emprendedor con los beneficios fiscales y las ayudas adecuadas, y que el tiempo medio en España para que una empresa StartUp se consolide y empiece a obtener beneficios son 2,7 años, haciendo una sencilla multiplicación, me sale un máximo de 8 años para tener éxito o renunciar a este camino. Me parece un tiempo adecuado para apostar y para arriesgar y, como he repetido tantas veces, creo que merece la pena intentarlo. Y si podemos bajar la media, pues mejor. Que para eso estamos en España.

