
Durante mis años de estudiante solía promover con insistencia alguna excursión o visita extraescolar, a ver, siempre era más divertido que soportar el patio del colegio. Para persuadir a mis profesores yo arremetía con una oratoria barata recordándoles lo que ellos me habían enseñado acerca de la virtud del modelo peripatético del viejo Aristóteles, que debía ser genial aprender paseando, y que si lo decía un sabio pues ni mil palabras más, que para eso era sabio, y que si blablá. A veces lo conseguía y otras no. El caso es que en demasiadas ocasiones aquellas salidas parecían enredarse de tal manera que siempre había algo que no era tan ´guay´. A ver ¿para qué demonios teníamos que ir a visitar un museo donde sólo hay colecciones de objetos viejos y la mayoría ruinosos? Pues esa era siempre visita obligatoria. Que si la industria lítica, que si los punzones, que si el fuego, que si… y pasaban las horas sin ver nada interesante. A vueltas con el origen de la civilización descubrí un hallazgo sorprendente que no había considerado hasta el momento. Mi profesor de Historia siempre repetía “las piedras hablan, las piedras hablan” claro yo siempre había pensado que muy bien no podía estar mi profesor cuando hablaba con las piedras hasta que descubrí el sentido de sus palabras viendo el busto de mármol de Cleopatra en los Museos Vaticanos de Roma.
Aquello sí era de verdad interesante. Las piedras dicen hasta los más íntimos detalles en pocos restos: la moda del vestir, los peinados o los adornos (es decir todo lo que resulta interesante a una adolescente) en cada época. Cleopatra lucía en su frente una diadema que seguramente ella puso de moda y más tarde la imitaron otras mujeres influyentes (vamos, mucho más que un Youtuber de alto standingd de los de ahora). Entonces es que aquella Cleopatra era un ejemplo de la moda real de aquel tiempo, Resulta que al fin y al cabo Coco Chanel no había sido tan revolucionaria con la moda de alta costura parisina como decía la revista Time colocándola en la lista de las personas más influyentes del siglo veinte. Bueno, quizás en el siglo pasado sí lo fue, pero desde luego no en la historia, hay que contar con Cleopatra.
La faraona griega Cleopatra (ésta sí era faraona de verdad, no como otras) fue reina durante varios periodos de tiempo en la antigüedad más remota y en una de las civilizaciones más antiguas. Fíjense que ya desde el 52 a.C. gobernaba Egipto y llenaba todas las páginas del papel cuché de aquellos tiempos, escritas claro está, en papiros (yo estoy segura de que no había revistas del corazón ni ´guasap´). Su reino era un aliado de la República de Roma, pero ella ansiaba alcanzar el dominio sobre todo el Mediterráneo. Subió y descendió del poder entre sus fronteras unas cuantas veces, pero no consiguió estabilidad hasta que recibió el apoyo de César, y cuentan que surgió entre ellos no sólo una alianza política sino otro tipo de alianza (a mí no me consta, pero cuentan que Cleopatra al estilo de Jennifer López le cantó a César aquello de ´ ¿el anillo pa´ cuándo? ´). La pena es que los rivales políticos acabaron derribando y asesinando a César, y los amantes tuvieron que poner fin a su idilio.
Pero la audacia de Cleopatra hizo que emprendiera una alianza con el Segundo Triunvirato ( el que formaban Octavio, Marco Antonio y Lépido) durante la tercera Guerra Civil de la República romana, y dedujo que quien estaba liderando la hegemonía de la región no era otro romano que Marco Antonio (así que cambió de canción y entonó el ´Follow the Leader´, ¡qué más da, al fin y al cabo estaba en el mismo acorde!) de forma que ni corta ni perezosa se presentó en Tarso delante de los romanos con tal lujo, boato y belleza que Marco Antonio quedó prendado, cayó rendido a sus pies y parece ser que en ese primer encuentro se prometieron (aquí creo que sí hubo anillo, ya ven, sin prisa, pero sin pausa).
Pues tampoco la unión de Cleopatra con Marco Antonio duró mucho. Entre otras cosas porque un joven Octavio los derrotó en la Batalla de Accio y las tropas romanas invadieron Egipto. Cleopatra tuvo que subyugarse al aliado y ceder parte de los recursos de Egipto al poder de Roma para obtener su apoyo. Supongo que Cleopatra intentó también seducirlo como a los otros dos emperadores anteriores (para ello aprendió aquella canción de Mecano que decía ´sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate´) pero Octavio Augusto estaba a otras cosas, le hizo una ´cobra´ y Cleopatra fracasó a la de tres.
Aunque es cierto que la reina de Egipto pasó a la historia como símbolo de seducción, refinamiento, sofisticación y belleza, también lo es que su legado se encuentra en numerosas obras de arte tanto antiguas como modernas y numerosas dramatizaciones de su vida en la literatura y otros medios. No pocos también la consideran un icono de la moda y la belleza tan importante que marcó un antes y un después en los tratamientos faciales y corporales (quizás ella misma inventara ungüentos, pócimas y soluciones), se dice que implantó el baño de leche con miel, la cataplasma de algas con sal y la inhalación de aceites perfumados. Pero no hagan mucho caso, esta bella dama tiene la atracción de una heroína legendaria envuelta en mitos y leyendas. Mejor déjense aconsejar por su esteticista titulada.
Además del citado busto de Cleopatra que atesoran los Museos Vaticanos, pueden admirar su rostro y de César en el Altes Museum de Berlín.

