
El próximo 27 de enero se subastará en Sotheby´s en Nueva York Varón de Dolores, un redescubierto e impresionante cuadro del Quatrocentto italiano y cuya autoría es de Sandro Botticelli. La garantía de esta obra es de 40 millones de dólares, ya que ha estado en manos privadas desde el siglo XIX.
A dos días de su subasta Varón de Dolores, muestra la imagen de un Cristo coronado de espinas conmovedor y también inquietante. Botticelli quiso ladear un poco la cabeza del redentor porque posiblemente es lo que le hace más humano y moderno que al resto de obras que se realizaron a finales del siglo XV.
Es evidente que Botticelli estaba muy influenciado por el simbolismo cristiano y la espiritualidad visionaria, un Cristo que, desde mi punto de vista lo encuentro más conmovedor con otros representados a lo largo de la historia.
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Ahora existe otro misterio que queda revelado según los expertos, y es que se trata de una composición inconclusa de una Virgen de la ternura, un prototipo que se asemeja a la clásica iconografía griega.
El reciente análisis técnico que la casa de subastas ha efectuado como preparación a su venta, ha revelado de manera inesperada a través de los infrarrojos, la evidencia de que Botticelli realizó ciertos ajustes en la composición antes de lograr terminar la obra, la imagen intrigante de la Virgen y el Niño que quedan cubiertos bajo esas capas de pintura que ahora vuelven a enternecerse.
Si el cuadro se gira al revés, encontramos una visible imagen infrarroja que desvela a la Virgen arropando estrechamente la cabeza del Niño Jesús contra la suya. En la expresión del niño se ve reflejada una locución de ternura y de sentir de protección por parte de la madre. Unos rasgos que lo hacen identificar claramente apreciándose esos factores distintivos y faciales típicos de la iconografía.
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Botticelli habría estado en la última década de su vida al momento de pintar la obra, porque el propio artista avecinaba lo fugaces que somos, un Cristo carente de rigidez, pues esa característica le hace tener aún más una profunda carga emocional. Una emoción intrínseca que refleja la historia de una época donde la belleza, la mística, la luminosidad y el espíritu formaron parte de sus constantes.
Pero, más allá del cualquier aspecto religioso, parece como sí a través de la compasiva mirada acuosa del Cristo, quisiera comunicarnos la necesidad de detonar desde sus adentros la emoción absolutamente carnal, lo que quedó enterrado bajo esa capa/piel de pintura, la ternura y la protección de una madre a un hijo frente al dolor del mundo.
A colación viene al recuerdo sobre aquel caso del 2011, donde un equipo de arqueólogos se topó con un sonajero dentro de una fosa de la Guerra Civil. Catalina Muñoz fue ejecutada en septiembre de 1936, quedando enterrada con el juguete de su hijo el cual logró salvar su vida.
Mi faceta como pintor me lleva a entender el concepto de hacer del cuadro un espejo de la realidad. Y ahora en medio de todo este “conflicto” busco la forma de no verme desprotegido frente al mundo. Me acojo pues al encuentro con esa naturaleza, sea cual sea, si es como la de una madre que protege al hijo de sus entrañas en una vida siempre amenazante.
La pittura ha sentito il richiamo e il "bisogno" di un sentimento, la tenerezza, che ha il potere di abbattere i muri.
La pintura ha sentido la llamada y la “necesidad” de un sentimiento, la ternura, que tiene el poder de derribar muros.
S. XV (Anónimo Renacentista)

