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ENTRE TÚ Y YO

Padres Vitaminas

Esther Egea Jueves, 27 de Enero de 2022 Tiempo de lectura:

 

Los padres estamos obligados a cubrir las necesidades de los hijos. Debemos acompañarlos en su exploración diaria con atención y presencia y también debemos llenar su taza emocional cuando acuden a nosotros para encontrar apoyo y reorganización de sus emociones.

 

Pero estar presentes no es sólo físicamente; es verlos y animarles en su desarrollo. Y apoyarles, no es asumir sus piedras del camino ni ahorrarles el sufrimiento de su frustración sino que aprendan a tolerar y manejar emociones desagradables para no convertir el chinarro en una roca dura.

 

Parafraseando a colegas que he tenido el placer de escuchar estos días me ha preocupado la realidad encontrada no sólo en consulta sino en la sociedad; los hijos son menos felices que los padres.

 

Y son menos felices  porque los tenemos hipnotizados y distraídos de la atención que necesitan para asumir responsabilidades y, lo más importante, tienen altos los niveles de cortisol, la hormona del estrés, generada por la sobrestimulación a la que se ven expuestos, principalmente por las pantallas.

 

Actualmente recibimos mucha información y poca formación y nuestro cerebro está teniendo dificultad para desarrollar la zona prefrontal, encargada de la atención, toma de decisiones, autocontrol, regulación emocional y pensamiento para actuar con voluntad.

 

Como bien dice mi amigo y colega Eladio Rosique “nosotros somos seres con voluntad y podemos decidir sobre nuestra vida”. El poder influir entre lo que pasa y lo que yo puedo hacer, con voluntad, me hace adaptarme mejor a las situaciones; enfrentándome de forma útil a la situación, sin amplificar el miedo, enfado, frustración, sino con la emoción justa para intervenir en lo que está pasando.

 

Si cuando nuestro hijo se encuentra con una dificultad o un problema yo se la aparto, no le estoy favoreciendo que se active el prefrontal, dejándolo sin voluntad pero con la impulsividad secuestrada por sus impulsos. Nuestro hijo no puede enfrentarse porque le cuesta pensar, ser reflexivo y por tanto ser razonable ante los problemas; y no quiere enfrentarse porque se ha acostumbrado a evitar el manejo del malestar de las emociones desagradables de una manera útil para su aprendizaje.

 

Ser padres vitaminas significa ser nutrientes afectivos para regular emociones de los hijos. Cuando estoy disponible para mi hijo porque le miro, le escucho, lo entiendo y además le permito que sienta la emoción desagradable, ya sea aburrimiento, estrés, tristeza, le estoy activando su adulto para que se regule y piense la mejor manera de resolver su situación.

 

Desactivemos nosotros esa urgencia en asumir los problemas del hijo como problemas nuestros y dejemos espacio para que ellos asuman con voluntad lo que quieren hacer con su piedra. Aprenderán que tropezar con obstáculos es parte del camino del aprendizaje.

 

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