
Existen las almas gemelas sin tener conexión en el tiempo ni en el espacio. Se reconocen cuando se ven reflejadas en una igualdad casual, como una luz que se enciende cuando menos se espera, porque se está ausente. Sí. Se siente una emocionante sensación de no saberse aislado, que junto a ti otras personas se ajustan a esas complicadas características que conjugan una forma de ser.
Qué hacer si caminar por la vida como seres oscuramente visibles, que se apartan de los roles, incomprendidos en parte por la mayoría y también por ellos mismos, es como un falso sueño de dar un paso más allá que los demás: desarmados, con trazos grises que vagan por el cosmos sin encontrar una identidad, en una extraña duda que inunda de incógnitas y de historias interminables.
“Estaba desayunando en la terraza de una cafetería. El viaje se prolongaba demasiado; harta de piedras, excursiones, carreras para visitar todo lo que se había programado en el paquete turístico. Se había aplacado su necesidad de cambio. Se había equivocado eligiendo ese recorrido. Un sin parar, cada día. Una meta contra reloj, casi una marcha militar controlando las maniobras. Así era imposible reponerse, descansar la mente; la información continua deshacía la parcela de entretenimiento que ella necesitaba, y se había convertido en un efecto boomerang. Estaba defraudada. Tendría que haber buscado otra cosa para recuperar el momento de bajón por el que pasaba, puesto que este viaje no cambiaba sus expectativas al contrario, las aumentaba.
Medio dormida, intentaba espabilarse con el café y las tostadas. El sol brillaba en la temprana mañana como queriendo ahuyentar esos dañinos pensamientos. “Si se quiere viajar lejos no hay mejor nave que un libro”. Claro: qué otra cosa iba a decir Emily Dickinson, poetisa apasionada, que amaba la vida y que la enfermedad acaparó su vida. Sí, de alguna manera, ella también se sentía igual, si no por la enfermedad, sí por un montón de circunstancias que no la dejaban en paz. Sintió un alivio repentino, como si nada la importunara. Se quedaría sola, tranquilamente, observando a la gente, y dejaría que los demás se volvieran locos en la obligación de mirar, mirar de un lado para otro, sin parar.
Volvió otra vez a Dickinson, confiada en lo que había decidido. Con la ayuda de Google recorrería sus momentos de juventud literaria. Nadie está fuera de la influencia de esta mujer en Estados Unidos y, como todo lo que viene de este país, su obra ha trascendido universalmente.
De familia tradicional, con un padre severo, tirano, intratable, no tuvo más opción que enfrentarse a él. En su época estaba extendida la idea de que si una mujer se enredaba entre libros y versos, un gran esfuerzo intelectual para ella, dañaría su salud. Irónica, ingeniosa, profunda, mística fue una enorme poeta del siglo XIX. “Cuando un escritor se encerraba para poder crear, nadie lo cuestionaba, cuando lo hacía una mujer se la tachaba de excéntrica” escribe Carmen Oliart, una de sus editoras. Mezcló los géneros literarios, antes de que estuvieran de moda. Autora de casi 1.800 poemas, su vida transcurrió en el aislamiento y la soledad, transgredió las normas sociales y literarias de su época, una manera de rebelarse contra las tareas que tendría que haber realizado.
La mujer que recreo hoy siente que ha de hacer algo diferente, se identifica con la otra mujer, se siente alma gemela, aunque humildemente, claro. Ella necesita ir más allá, quiere intentarlo, pues la vida es una búsqueda constante que la incita a avanzar, a indagar en el esfuerzo para sobrevivir. Debe encontrar el lugar anhelado donde realizar su proyecto. Y en su viaje se da cuenta que se siente demasiado cómoda en un espacio que debe abandonar.
Y es que la vida es incansable, no se detiene por nada, creemos que podemos frenarla porque nos parece que tira de nosotros y nos ahoga. Cuesta aceptar que vamos despacio, que no queda tiempo para todo lo que hay que hacer. Aunque la cultura del esfuerzo parece esfumarse, existe una gran potencia de energía dentro de la persona que lleva a la osadía
Y lo mismo que nuestra poeta estadounidense no se rindió a la adversidad que su sociedad le ofrecía, las mujeres hoy, demandan tantas cosas por hacer, por conseguir. Y son los hombres y mujeres juntos en una empresa tan seductora, que su mayor logro sería llamarla “Patrimonio de la Humanidad”.
¡Feliz semana llena de historias positivas!

