
Me llamo Dolores, me gusta Do como diminutivo, porque me caen simpáticas esas dos letras y porque me recuerdan la nota musical.
Os saludo a todos desde este espacio virtual que hoy inicio con vosotros. Un lugar de acercamiento a la poesía; un ámbito sencillo que espero y deseo os haga sentir como en casa, sentados alrededor de una acogedora mesa de camilla, quizá con una buena música de fondo, con un café, o lo que cada cual, guste. Construyamos un sendero de palabras que nos conduzcan al poema, a un fogonazo de aromas que impregnen el corazón.
Debería y toca hablar un poquito de mí, pero creo que lo mejor será que poco a poco me vayáis conociendo en nuestros encuentros quincenales; en mis reflexiones está mi “yo” más íntimo: el que se desnuda y se muestra tal y como es. De todas formas, os diré que desde que tengo memoria amo la poesía, aun no siendo consciente de ello. Componía versos antes de saber leer y escribir, lo que pasa es que durante largos años no me hice mucho caso. Pero desde hace otro tanto que retomé este hermoso y preciado sueño; cada día intento hacerlo lo mejor posible. Y sobre todo y ante todo desde la máxima humildad y sin animosidad de pomposas pretensiones.
En este, nuestro primer encuentro, vamos a tratar el tema de “La Belleza”.
***
Contrapposto
Entras a la Galería de la Academia y,
en una estancia privilegiada, está él, en su bóveda celeste:
altivo y bellísimo, en el momento previo al combate,
en una sincronía de perfectos equilibrios,
ungido de gracia por la mano de Dios.
Parece que lo vieras
batiéndose con el gigante filibustero de enorme espada y fuerza descomunal.
Sin armadura, ataviado con su traje de pastor y, como única defensa,
el saco con su honda, el joven David se enfrentó al gigante Goliat.
Carrara, Italia, año del Señor, 1464.
Se extrae un bloque de mármol para esculpir al futuro rey;
de 18 pies de altura y 5572 kilos de masa,
la pieza fue dañada y abandonada por otros,
hasta que llegó a las manos de Michelangelo Buonarroti, El Divino.
Y su enorme peso fue convertido en tonelaje humano.
Las fracturas de la piedra,
resultaron ser una suerte de milagro
que guiaron al artista a dotar de alma una piel fría.
Y por esas pupilas en forma de corazón,
impregnadas de desafío poderoso,
por esos músculos de excelsa anatomía,
tensionados en virtud a la acción,
comenzó a latir la expresividad inalterable de la vida eterna.
***
¡¿Puede haber algo más hermoso y manos más superdotadas para crear tanta belleza?!… La primera vez que lo tuve delante sufrí algo parecido al síndrome de Stendhal, claro que entones yo no sabía nada de eso. La última vez que lo acariciaron mis ojos, iba con una amiga muy querida. Recuerdo comentarle que no me importaría morirme a sus pies. Me estremecí como entonces, y en ese momento lo supe. Sentiré lo mismo una y otra vez, porque cuando la belleza te atrapa, lo hace para siempre. Y sé que eternamente seré una fiel enamorada.
Le hice fotos desde todos los ángulos, las suelo mirar cuando siento nostalgia de La Belleza.
Os doy las gracias de antemano, y espero que os guste.
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