
“Esto que percibes, lo que hace tu amor más fuerte,/ amar bien aquello que debes abandonar pronto” soneto de William Shakespeare.
Esta frase recogida de la magnífica novela de John Williams, Stoner demuestra la precariedad que existe en el ser humano. Impresiona el modo de contar una historia corriente, de gente que se pierde en los laberintos de la vida. La fuerza de los dramas pequeños que ocurren cada día, en todos los lugares de la Tierra. El encuentro personal de una persona sin experiencia de la vida que muestra sus decepciones, sus resignaciones en las relaciones con los demás.
Infeliz en su vida familiar y matrimonial, en lucha constante con la fidelidad a sí mismo.
Si comparamos con otras historias surgen paralelismos que me deciden hoy a recordar situaciones cercanas. Porque nadie se escapa al final, cuando repaso esas figuras que me cruzo, mientras camino, siento un gran interés, un poder de atracción similar a la nostalgia, al impacto que me impulsa a indagar, en la medida que puedo y sé hacerlo.
Tanto es así, que al escuchar la radio o al sentarme delante de la televisión me gusta tener papel y lápiz cerca. Mil historias para reflexionar sobre ellas, generaciones que acarrean acontecimientos heredados. No se puede olvidar que a todos nos acontecen estas mismas cosas, esas situaciones que están ahí, que sentimos con la misma cotidianidad, pero que al hacerlas individuales cobran una magnitud y profundidad muy diferentes.
Porque en el ser humano faltan los recursos necesarios para acertar siempre: puede que el origen de esta disposición para reaccionar esté relacionada con la capacidad de hacer frente a la vida. También la cultura juega un papel fundamental. Es posible que quién menos tenga, menos sufrirá por ciertas complejidades que desafían a la sociedad. Si no se tiene nada que perder es más fácil pasar de largo, ser indulgente ante los excesos que aparecen. En este momento estoy metida de lleno en la apatía, enfado, callejón sin salida. Mi ordenador se debate en abandonarme, se desintegra con todo lo que tiene dentro. Yo creía que estaba seguro, y no sé, no sé. Me siento vulnerable y rabiosa, porque no he tomado medidas, he dejado pasar mucho tiempo, y ahora me impaciento por la falta de previsión. Han pasado 4 días y me doy cuenta de que las cosas suceden. No sé si perderé mi trabajo de tanto tiempo y esfuerzo. Pero a punto de tirar la toalla me decido a aceptar las consecuencias, y escribo en mi cuaderno.


