
¿Para qué nos comparamos?
Toda acción que llevamos a cabo está motivada por un pensamiento en su origen por tanto la comparación forma parte también de ello. Es decir, cuando nos comparamos hay una serie de pensamientos que nos han impulsado a ello. Y la mayoría de las veces se sustentan en la escasez.
Tendemos a la comparación subjetiva ya que comparamos algo, aunque más bien es que nos comparamos con otros, sin tener en cuenta muchísimas variables. Y esa comparación nos baja la autoestima y nos deja peor que estábamos.
¿Entonces para que lo hacemos?
Nuestro cerebro, según indica la neurociencia se va a comparar ya que es un hábito natural en él. Al comparar-nos podemos ver las diferencias entre los sujetos que comparamos. Podemos saber de qué manera mejorar o porque hemos fallado en algo. Hasta aquí parece que todo bien y podríamos pensar que es beneficioso la comparación para nuestro crecimiento. Sin embargo, esto está muy lejos de ser algo real ya que en un 99,99% de los casos las comparaciones que hacemos son subjetivas y siempre buscando el perfeccionismo y a su vez, quedando nosotras como la peor parte. Lo cual no nos beneficia.
Os pongo un ejemplo:
Dos jóvenes de 30 años. Una se ha independizado, tiene coche propio y pareja. La segunda, nada de eso. Y esta última ha empezado a compararse con la primera y empieza a tener una actitud de escasez y perjudicial. Esa comparación le afecta notoriamente. ¿Por qué? Pues porque es subjetiva y se basa solo en lo que observa desde fuera. En la superficie. Y obvia muchos puntos y la realidad de que son dos personas diferentes con dos vidas distintas y la comparación no será justa, ni lógica.
¿Te ha pasado?
Empezamos a actuar como si fuéramos monedas y nuestro valor depende de a cuento esté el dólar. Que al final es la persona con la que nos comparamos.
Por tanto, la comparación que va más allá de evaluar resultados, aprender y/o motivarte desde un lugar objetivo y abundante, no ha de tener cabida puesto que entraría a entregar nuestro valor a lo externo y pensar que tenemos que hacer o tener algo para ser suficientes y merecedores.
Vale, sí. Te vas a seguir comparando de forma subjetiva. No obstante, te invito a que empieces a cambiar ese hábito nada empoderante por la inspiración. Y dejar en tu vida la comparación objetiva.


